La directora francesa Carine Tardieu presenta con «Los lazos que nos unen» un relato íntimo y humano que parte de la novela «L’intimité» de Alice Ferney, pero que se transforma en una historia coral donde la maternidad, el duelo, la soledad y la familia, más allá de los lazos de sangre,se entrelazan en un mismo espacio: un edificio convertido en metáfora de la convivencia y las ausencias.
El filme sitúa en el centro a Sandra, vecina que, a raíz de la muerte de la madre de Alex, se ve involucrada en la vida de este hombre y su hijo Elliot. A partir de este encuentro casual en el rellano, la película explora cómo las relaciones humanas surgen, se complican y se sostienen en momentos de fragilidad, abriendo puertas físicas y emocionales.
Con sensibilidad y un cuidado especial en la construcción de personajes, Tardieu ofrece un retrato coral en el que cada figura tiene peso propio y aporta nuevas capas de lectura, permitiendo que cada espectador se identifique desde un lugar distinto. Los lazos que nos unen se convierten así en un canto a la empatía, a la apertura hacia el otro y a la necesidad de acompañarnos en medio del dolor y la vida cotidiana.
¿»Los lazos que unen» donde viene la inspiración para hacer la película?
La primera inspiración es un libro que se llama L’intimité en francés, un libro de una novelista bastante conocida en Francia que se llama Alice Ferney, que cuenta en gran parte, en su primera parte, la historia que han visto en el filme, en este encuentro entre Alex y Sandra, los vecinos de Pallier, vecinos en el mismo rellano, que se conocían muy poco pero que de pronto empiezan a conocerse mejor la muerte de la madre.
Y luego el libro, en la segunda parte, va en una dirección totalmente diferente. Incluso perdíamos el personaje de Sandra, que no estaba en el centro, así que le pregunté a la autora si estaba de acuerdo para que me apropie de su proyecto, haciendo de Sandra mi personaje principal. Ese es uno de los puntos principales. La razón fundamental es que fui madre hace unos años, y quería hacer un filme sobre esa temática. Y la otra razón que me empujó a querer hacer esta película, es el hecho de haberme convertido en madre hace unos años, y creo que es probablemente la primera película que hago donde miro desde el punto de vista de los padres, de la madre, y no de los niños.
¿Cuál ha sido la parte más complicada que le ha surgido a la hora de adaptar la novela? ¿estuvo en contacto con Alice durante todo el rodaje?
Alice me dio la confianza, porque le dije de inmediato, no la conocía antes, pero le dije de inmediato que solo quería mantener la primera parte de la novela, y que quería hacer de Sandra mi personaje principal, así que ya era un acuerdo. Después, desde un punto de vista oficial, no ha intervenido durante toda la escritura, pero por placer, leyó el guión cuando estaba terminado, y le ha gustado mucho ver su historia reinventada, y ha adorado el filme, aunque está bastante lejos de su novela.
En todas mi películas no sé hacerlas con solo dos personajes, siempre hay dos personajes en el centro, y alrededor hay tres o cuatro que gravitan, y no me gusta la idea de que estos otros personajes estén solo para servir a los personajes principales. Por lo tanto, necesito nutrirlos también mucho, y aportar que su historia tenga un sentido, que sea eco a la historia de los personajes principales, pero que existan, incluso independientemente de los personajes principales.
La dificultad siempre es encontrar el equilibrio entre la trama principal y las otras tramas, para que una no pese más, no tenga más importancia que la otra. Y eso se trabaja sobre todo en el guion, que es la gran dificultad, pero también luego en el montaje, aunque mucho más en el guion, desde luego.
La variedad de personajes se refleja muy bien en la película, porque es curioso de que hablas de Sandra como el personaje principal, en cambio parece que Alex es por quien gira la trama de la película, pero luego es cierto que sin Elliot no se desarrolla esa relación de amistad, e incluso la trama principal ¿cómo encontraste el equilibrio?
Lo que es divertido es que según los espectadores, no hay nadie que sienta las cosas de la misma manera, pero me gusta. Para mí, el filme se centra en Sandra, pero para muchos, el filme se centra en… Hay gente que dice que el personaje principal es la niña recién nacioda. Lo que es guay es que hay muchas puertas, y yo no quiero imponer una, me gustan solo los espectadores. Es Elliot quien viene a buscar a Sandra, quien viene a golpear a su puerta, quien casi fuerza su puerta para hacerla venir a la vida de Alex.
Y quizá Elliot vaya a buscar a Sandra porque sabe que, a pesar de que su padrastro, que le adora, le quiere muchísimo, ahora mismo no tiene bastante, no hay sitio casi para él. Porque no solo está el dolor de Alex por haber perdido a Cecil, pero también porque hay un bebé del que tiene que ocuparse 24 horas al día. Por eso va a buscar a Sandra. También es una especie de, por él, o sea, instinto. Sandra es para mí. Primero es para él, para Elliot. Y luego, el padre, a su vez, Alex, se agarra a Sandra también por instinto para sobrevivir

Tedeschi es Sandra en «Los lazos que unen»
Los personajes no son lo único que es coral, digamos que la temática de la película también es amplia, porque se abordan diferentes temas (el duelo, la soledad, la familia no solo de la misma sangre) ¿cómo encontraste el equilibrio para esa coralidad temática?
Cuando leemos una historia, somos más o menos sensibles. Si hay un multitud de temas, según el estado en el que estamos como espectador o lector, somos más o menos sensibles. Lo maravilloso de un film o de un novela es que cada lector o espectador puede proyectarse a un lugar u otro. Lo seguro es que hay muchos filmes que son muy formados, con un solo tema, y tenemos a un personaje que es un pickpocket que se encuentra con un policía y queremos que tenga una historia de amor.
Y se centran en una definición muy reductora de lo que son, mientras que nosotros somos todos hechos de capas que se acumulan uno tras otro. Es como si cada uno de nosotros fuera una pila de crepes y en cada crepe hay una forma de sensibilidad, un atajo a ciertas cosas, el dolor a veces. Así que creo que trabajo mucho para intentar, si intento que sea un éxito, trabajo mucho para que haya esta complejidad en cada uno de los personajes. Trabajo mucho en mis fichas de personajes.
Me dicen de dónde vienen, cuál es su historia, cuáles son sus temores, cuáles son sus esperanzas, qué han vivido, qué no han vivido. Y desde el momento en que son muy encarnados, incluso independientemente de la historia que les vamos a hacer cruzar, yo podría poner a Sandra en cualquier historia y yo sabría qué hacer con ella. Ella existe fuera de esta historia.
Entonces, tenemos un punto de partida, la muerte de la mujer, el hecho de que sea un vecino de Palier. Y luego se mezcla… Bueno, es complicado, no digo que sea fácil trazar, pero en cualquier caso lo importante es que los personajes estén ricos de toda esta complejidad a la base. Si hay temas o no temas, ni en qué temas habrá.
En este caso, es una novela. Leo la novela, me conmueve la relación que hay entre Sandra y el niño. ¿Cómo nace esto? El hecho de que viven en el mismo rellano, cruzan el rellano y llaman su puerta.
También es llamativo la importancia de los espacios en la película, en este caso las casas, la de Alex, la de Sandra, la de abuela, en muchos casos sirven como refugio, para convivir con todos los temas que hemos hablado, del dolor, la pérdida, la soledad ¿en el libro también aparece así? o ¿quisiste darle tú el rol de personaje protagonista?
Sí, del todo. Estoy totalmente de acuerdo contigo, es más, yo diría que no solo son un piso o el otro, sino el edificio al completo, es un personaje. El edificio donde viven. Y además me gusta mucho esa metáfora de cómo el piso donde tú vives te separa.
De hecho, Sandra en un momento dado, cuando está con su amante, lo dice. El tabique que te separan los vecinos te permite oírles, saber lo que pasa, oír a la niña llorar. Y te hace más, cómo te diría, te hace la soledad aún más obvia. Porque oyes al vecino, pero no es, ¿sabes? Entonces, lo que me gusta también aquí en la película es que se abren las puertas. Hay un momento dado en que dejas de distinguir si estás en el piso de Elliot, de Alex o el de Sandra. Todo el mundo pasa de un lado a otro y ya estás.
Y lo mejor de todo es el rellano. Ese sitio que es una tierra de nadie. Un no man’s land, ¿sabes? Tierra de nadie. Ya sabes, no estoy en la tuya, estamos en el rellano. Entonces, en el rellano, si te fijas, es donde se entrega la primera vez Elliot a Sandra. No traspasan el umbral de la puerta. También es, ¿cómo se llama? Donde se cuentan cosas. Uno hace confidencias al otro. O sea, Alex le dice a Sandra que la quiere, que está enamorada de ella, en el rellano. Y ella le dice que no, en el rellano.
El rellano es para mí también, un personaje realmente en la película. Además, mira, como he dicho antes en otra entrevista, no hago cine político, no lo pienso, no tengo un concepto, no es mi idea. Pero en este mundo en el que vivimos ahora mismo, donde cada vez nos encerramos más detrás de nuestras puertas, más detrás de nuestras pantallas, de nuestros móviles, donde ni siquiera vemos al otro, como ahora, por lo menos, si nos vemos, ¿no? Me pareció importante hacer una película donde se abrían puertas, todas las puertas.




Quizás, está sea la mayor oportunidad perdida de la película, al menos desde el punto de vista de un adulto «resabiado». El vínculo entre Angelo y su abuela, introducido con una frase tan poderosa como “un mundo sin la abuela no es posible”, merecía un desarrollo más profundo. Más allá de los mensajes sobre el ecologismo y el poder de la amistad, el filme insinúa lo devastador que puede ser para un niño enfrentarse a la posibilidad de la pérdida, pero decide atajar por un camino feliz para su protagonista. Es comprensible para su público objetivo, pero nos deja la sensación de que una conclusión más arriesgada y realista habría dejado huella en el espectador, adulto y joven por igual.




