La rueda de prensa de «Los colores del tiempo» en el Festival de Cine Europeo de Sevilla reunió al director Cédric Klapisch y al productor y guionista Bruno Lévy, que detallaron el proceso de creación de una película que viaja entre el París de 1900 y la actualidad, combinando historia del arte, tecnología y emociones humanas.
Klapisch explicó que la idea inicial surgió al preguntarse “cómo la invención de la fotografía hizo evolucionar la pintura”. A partir de ahí, el proyecto fue creciendo hasta convertirse en una historia familiar que conecta distintas épocas. “Quería pasar de la época actual a esa época, y apareció una historia de familia. Ahora es más que eso, creo que es lo que nos llama la atención en este momento”, señaló.
El productor reconoció el vértigo que supuso enfrentarse a una producción de época: “Me dio miedo al comienzo. El cine de época sigue siendo muy complicado con nuestras costumbres. Sabía que tenía que ser sofisticado y, al mismo tiempo, que tenía que manejar financieramente todo eso”. Admitió que el rodaje implicó compromisos, renuncias y un esfuerzo de equilibrio entre ambición estética y recursos.
Uno de los temas más comentados fue el sentido del título. Klapisch explicó que el original francés tiene un doble significado que juega con el espectador: “Vemos un filme que habla mucho del pasado y decimos que es la venida del futuro. Es casi un viaje en el tiempo en los dos sentidos, porque el filme habla del futuro de los pasados”. En ese contexto, reflexionó también sobre la evolución tecnológica y la irrupción de la inteligencia artificial, que ve como una herramienta más en la historia del cine: “No creo que sean robots los que vayan a contar historias. La inteligencia artificial va a estar al servicio de la creación, y habrá nuevos creadores que sabrán usar esos instrumentos”.
Cédric Klapisch también destacó el enorme trabajo que supuso recrear el París de 1900, alternando decorados naturales y estudio: “Lo más difícil fue probablemente recrear en el estudio ese París real, verdadero, y darle la verdad al tiempo. Siempre había este juego entre la fabricación y la vida”. Lévy añadió que el objetivo era escapar del artificio habitual del cine histórico: “Odio que los estadounidenses filmen el París de 1900 en Barcelona o Bayona. La realidad no les interesa. Nosotros queríamos un París auténtico”.
El equipo recurrió a una amplia documentación histórica y artística. “Nos referíamos mucho a las pinturas de los impresionistas y a fotógrafos de la época, como Nadar o Gustave Le Gray. Queríamos dar realidad a cada detalle, desde los vestuarios hasta cómo vivía la gente”, explicó Klapisch. También quiso subrayar el contraste entre la creación artística de entonces y la fugacidad de la imagen actual: “Nuestra época empuja mucho a algo instantáneo, con lo que son las redes sociales. Cuando fabricamos imágenes, intentamos poner algo más que instantes: ponemos densidad, ponemos trabajo, ponemos el trabajo de una ciudad”.
Sobre el tono del filme, Klapisch confesó que su intención era combinar emoción y humor: “Desde el principio busco hacer reír y llorar. Hacer reír no es suficiente, y hacer llorar es demasiado duro. Quiero que el espectador sienta emoción y alivio al mismo tiempo”. Esa dualidad se refleja también en la estructura del relato, que mezcla drama, comedia y fantasía.
En relación con una de las escenas más comentadas —el viaje místico de los protagonistas mediante ayahuasca—, Klapisch explicó que fue una solución para introducir un giro fantástico sin recurrir a clichés: “No queríamos hacer una máquina del tiempo ni algo completamente increíble. Al principio fue una idea cómica, pero terminó siendo una escena muy emocionante”.
El cineasta también destacó el trabajo con los actores: “Queríamos que en las escenas de 1900 hubiera más gente joven. Por eso elegimos a Suzanne Lindon y Paul Kircher, junto a intérpretes más veteranos como Julia Piaton o Vincent Macaigne. Lo más complicado fue encontrar familias, no solo buenos actores individuales”.
Finalmente, Klapisch habló sobre la música, concebida como puente entre épocas: “Nos preguntamos si debíamos hacer una sola música para las dos épocas o dos músicas distintas. Rápidamente decidimos hacer dos, pero que se unieran poco a poco. La música instrumental se vuelve cada vez más electrónica”, explicó, destacando la colaboración con el compositor Rob y la cantante Rebecca Warrior.
La rueda de prensa concluyó con una idea que resume el espíritu de Los colores del tiempo: el equilibrio entre tradición y modernidad, entre lo real y lo imaginado. “El progreso no siempre es un progreso —admitió Klapisch—, pero el cine, como la pintura, nos permite mirar el mundo con otros ojos.”
Los colores del tiempo, tras su participación en la Sección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla, llegará a los cines el próximo 14 de noviembre









