«Black Panther» fue una película que se centraba, básicamente, en la figura del padre y el legado al hijo. Pero no desde una perspectiva nostálgica, donde esa figura del padre fuese un ideal irreal y prácticamente inalcanzable, sino que giraba en torno a los pecados del padre y como estos afectan a un hijo que los hereda y tiene que decidir y afrontar cómo lidiar con ellos cuando el pasado vuelve a llamar a la puerta. La película estaba envuelta en torno a la decisión entre asumir los errores pasados y enmendarlos para mirar al futuro o, por el contrario, seguir con un régimen cerrado que protegiese Wakanda pero siguiese «sacrificando» al resto de población negra que sufría en el resto del mundo las consecuencias del racismo imperante y la pobreza.
Seguramente, Black Panther: Wakanda Forever, que llegará a nuestros cines el 11 de noviembre, iba a ser una película que siguiese con todo esto y tratase el aperturismo de Wakanda frente a las nuevas amenazas en el punto que lo dejó la primera entrega. Pero, por desgracia, en 2020 todos asistimos a la tragedia de la muerte de Chadwick Boseman y esto, dada la decisión -para mi acertada- de Marvel de respetar su legado y no hacer un recast con otro actor que diese vida a T’Challa en el UCM, trastocó todos los posibles planes de un guion que ya estaba escrito, dejando lo anterior en un segundo plano, y convirtió, después de una reescritura a gran escala, su secuela en una gran reivindicación de la figura del actor y de la persona tras los focos. Un homenaje póstumo al actor norteamericano y a su brillante trabajo tanto dentro del Universo cinematográfico de Marvel como fuera del mismo.
La cinta, como os podréis imaginar, tiene una parte donde se centra mucho en Chadwick, solo hay que ver los títulos de crédito iniciales para darse cuenta de hacía donde estamos yendo. Hay que decir que lo enmascaran con la figura del rey caído T’Challa -al final esto es una película de Black Panther y no un documental- pero todos sabemos que, realmente, están hablando del actor. Y creo que es lícito y entendible que lo hagan. Al final, hay un tratamiento del duelo dentro de la pantalla por parte de los personajes y, al mismo tiempo, este guion no deja de ser la forma creativa en que todo el equipo de la película afronta la ausencia del actor que era amigo y compañero de muchos de los que han realizado este enorme producto y acaba por ir dedicada a él de forma póstuma.
Sinceramente, creo que hacer ese doble juego con el espectador entre realidad y ficción podría haberles quedado mal. Pero, reconozco, que no solo no les ha quedado mal o forzado, sino que han sabido construir en torno a todo ello una enorme película -y muy buena, me atrevería a decir-.
Una película que, obviamente, habla del duelo y la pérdida de un ser querido. De perder a un hermano, a un hijo, a un rey. Y del vacío que todo eso deja en nuestro interior. Pero, al mismo tiempo, tenemos un largometraje que es capaz de construir sobre el peso de ese dolor sucio y cruel una muy inteligente trama que le permite hablar, sutilmente, de esas fases por las que pasamos todos cuando sufrimos una pérdida semejante. Hay espacio para algunas de las fases del duelo (aunque no todas) y las aprovecha con creces introduciéndolas en la trama con el antagonista en cuestión, en este caso Namor -al que da vida un imponente Tenoch Huerta- y cuya trama de orígenes tiene mucho que ver con los elementos con los que Black Panther uno jugaba, trasladando esos temas a Latinoamérica.
El resto del reparto también está absolutamente entregado a la causa y destaca por encima de todos ellos la magistral actuación de Angela Bassett que asume el papel de madre por un lado y de reina por el otro con solvencia y muy buen saber hacer. Tiene un par de momentos absolutamente brillantes que creo que emocionaran en su butaca a más de uno.
Huelga decir, eso sí, que si alguien está esperando el mismo tono distendido que suele caracterizar al UCM quizá esta no es esa película. Aunque hay algún momento cómico -especialmente relacionados con Ironheart y su encanto juvenil que recuerda a los primeros momentos de Spiderman-, el tono de la cinta es sereno y bastante serio. Es uno de esos casos donde Marvel si ha sabido separar su tono habitual más familiar y divertido del que necesitaba la película y el guion -cosa que, en algunos momentos de Thor: Love and Thunder no ocurría con un Waititi excesivamente desatado- y todo está en completa armonía.
En resumen
Quizá, no sea la película que estamos acostumbrados a ver por parte de Marvel Studios. Es evidente que tienen un sello muy marcado que no está aquí en prácticamente ninguna parte. Pero, al mismo tiempo, creo que es bueno que se atrevan a pisar en terrenos muy complejos y a afrontar el dolor y la pérdida de un ser querido de la forma que lo han hecho aquí. Evidentemente, hay acción en la película. Y secuencias de combates muy buen rodadas y dirigidas por Coogler. Pero tengo la sensación que eso puede quedar, en esta ocasión, en un segundo plano para dejar en el primer puesto de todo a los personajes (y a los actores) y al legado de Chadwick Boseman tanto dentro como fuera de las pantallas.
PD: Aviso a navegantes, tiene una escena post-créditos después de los créditos con imágenes acompañados de la canción de Rihanna.










Antes que nada, vaya por delante que yo no soy nada fan de la primera entrega de Terrifier. A mí me pareció un slasher bastante mediocre con serios problemas de ritmo a pesar de durar tan solo ochenta minutos. Es cierto que sus muertes son muy bestias, pero eso no compensaba su ritmo cansino, el lastre de un guion casi inexistente y varios defectos más, como un nivel actoral tremendamente bajo incluso para los cánones de un slasher. A pesar de esto, la película logró hacerse con una buena legión de fans gracias a lo explicito de sus asesinatos y al innegable carisma del payaso Art, el asesino de la función.
Pues tras esta larga exposición, seguro que os estáis temiendo lo peor. Pues no. Voy a ir directo al grano: si sois fans del terror, fans del slasher y/o fans del gore, ya estáis tardando en ver Terrifier 2. Es de esas películas que han nacido para ser de culto. El salto cualitativo que realiza respecto a su predecesora es tremendo. Más allá de si es una buena película o no, es una secuela ejemplar. Pero eso no quita que tampoco estamos hablando de un peliculón. No nos emocionemos. Es un poco más que correcta y ya.
He de decir que, aunque en ningún momento llega hacerse pesada, el metraje me parece desmedido. Damien Leone hace gala otra vez de su poco dote para narrar historias. Lo que cuenta Terrifier 2 se puede explicar perfectamente en noventa minutos. Eso conlleva, por ejemplo, asistir a diálogos que parecen no terminar nunca y a un clímax final que busca realizar varias veces el más difícil todavía para acabar siendo de lo más patillero. Pero repito, increíblemente el filme no se hace pesado en ningún momento. Y es que, argumentalmente hablando, la cosa mejora mucho respecto a la primera entrega. Tarea no muy difícil de conseguir, por otra parte.
En cuanto al gore, pues bueno, hacía tiempo que no asistía a un espectáculo tan cafre como este. Es todo tan bestia como gratuito. Se junta la creatividad con el encarnizamiento. Es loco y casi enfermizo. Sobre todo, un par de muertes dejan bastante huella. La crueldad y la brutalidad de este par de escenas en concreto pueden llegar a incomodar a más de uno. Porque sí, estamos ante un show de gore divertido, pero hay momentos que pueden ser tachados, y con razón, de gratuitos y desmesurados. Ahora bien, no busquéis tensión en ninguna escena de asesinato porque no la hay. Leone se demuestra incapaz de crear hasta el más mínimo susto. Ni siquiera utiliza la tramposa carta del jumpscare. Dar miedo no es lo suyo y él lo sabe.
Pero si alguien, además de Damien Leone, se consagra con esta secuela, este es David Howard Thornton, que vuelve a interpretar brillantemente a Art. Un Art que, con tan solo tres películas, las dos entregas de Terrifier más All Hallow’s Eve, ya se ha convertido en un icono del cine de terror. Thornton consigue que Art pueda resultar terrorífico y gracioso. A veces, incluso logra causar los dos efectos a la vez. El actor ofrece todo un repertorio de muecas, gestos y miradas realmente soberbio. En cuanto al resto del reparto, hay que destacar a Lauren LaVera como una protagonista más que competente. ¿El resto? Pues entre infame y deleznable, para que engañarnos.
No me gustaría terminar sin antes hacer hincapié en la aparición de Chris Jericho en la película. El wrestler se ha preocupado mucho de crear expectación diciendo que la escena en la que aparece casi le hace vomitar. Una exageración cuando no una mentira. Seguro que Jericho se ha visto en situaciones mucho más vomitivas. Como cuando recientemente se vio en la obligación de defender su título de Ring of Honor frente a Colt Cabana, por ejemplo.
