«Informe semanal» continúa su repaso al año 1973, con el foco en los acontecimientos políticos que lo marcaron. Analizará, además, la huella de la pandemia, cuando se cumplen tres años del confinamiento, y analizará la labor creativa de Jaume Plensa. Sábado 18 de marzo, a las 21:30 horas en La 1 y Canal 24 Horas.
1973, Tiempos de incertidumbre
Rememorando el asesinato del jefe del gobierno franquista, en diciembre de 1973, Mercedes Milá, que ya estaba trabajando en los Estudios de Miramar de TVE en Barcelona, recuerda que ella se encargaba de los teletipos y que, de repente, se encontró con uno titulado: Explosión de gas en Madrid. “Y sin más, lo tiré. Luego, tuve que estar buscándolo en las papeleras«. El atentado contra Carrero Blanco y el nombramiento de Arias Navarro fueron casi los únicos asuntos de política nacional que abordó abiertamente el programa.
En muchas ocasiones, el equipo del por aquel entonces ‘Semanal Informativo’ se las ingeniaba, mirando fuera, para hablar de lo que se cocía dentro de nuestro país. Destacó, por ejemplo, Carmen Sarmiento, que con la excusa de tratar El divorcio en el mundo, sacó el micrófono a la calle para preguntarle a las mujeres españolas que opinaban sobre el aborto. Fue así como Sarmiento allanó el camino, desde una perspectiva de género, a otras grandes reporteras como Rosa María Calaf, que nos cuenta que aquel año lo dedicó a «viajar en una furgoneta de repartir leche desde Barcelona hasta Ciudad del Cabo», que le daría la oportunidad para «luego poder contar esos mundos distintos y distantes que han sido el objetivo de mi trabajo».
Fuera de España, Informe Semanal recuerda con Diego Carcedo el golpe de Estado de Pinochet en Chile en un contexto diplomático internacional en el que el Secretario de Estado de EE.UU. Henry Kissinger -Premio Nobel de la Paz en 1973- dejó su impronta; la guerra de Vietnam empezaba a vislumbrar el fin del conflicto; se produjo la de Yom Kipur, e Irlanda del Norte sufría años de extrema violencia.
La huella de la pandemia
Tres años después del inicio del confinamiento a causa de la pandemia de la Covid-19, Informe Semanal se pregunta en qué hemos cambiado. Los expertos están de acuerdo en que la pandemia ha pasado factura a la salud mental de los ciudadanos. Una reciente encuesta del CIS refleja que hay más miedo a morir y el consumo de tranquilizantes y antidepresivos ha aumentado. Margarita del Val, viróloga e Inmunóloga del CSIC, asegura que «aún hay mucho camino por recorrer, pero lo tenemos más identificado. ¿Estamos más preparados? Claramente. ¿No lo podemos olvidar? No».
Paco Lorente, profesor de Esic Business School, comenta que la gente «prefiere disfrutar, vivir el momento antes que poseer, porque el futuro normalmente lo vemos como algo muy incierto». El teletrabajo llegó para quedarse y también ha cambiado modos de vida y costumbres. Se apuesta, según Carmen Muñoz, de Repsol, por un modelo de trabajo flexible: «Menos tiempo invertido en desplazamientos, mayor capacidad de conciliación, pero con los beneficios de la presencialidad que, no nos olvidemos, es algo para nosotros absolutamente irrenunciable».
Según los datos que se pueden manejar hasta el momento, hay menos bodas y menos separaciones. Y otro dato curioso: la pandemia incrementó hasta el 40% el número de mascotas. Hay más perros y gatos en los hogares que niños menores de 15 años.
Silencio, Plensa
Durante el confinamiento, precisamente, muchos artistas continuaron su labor creadora. Le ocurrió al creador catalán Jaume Plensa. Algunas de las obras que ideó entonces se pueden ver ya en retrospectivas como La poesía del silencio, que en breve recalará en Barcelona procedente de Valencia. Javier Molins, comisario de la exposición, cree que Plensa «está en un momento dulce, de reconocimiento a nivel mundial». Sus creaciones siempre apelan a las ideas, a lo inmaterial. Como el silencio. Frente al ruido que nos rodea. Por eso dice que «desde siempre le di mucha importancia al sueño. A esta ensoñación, a este mundo interior que muchas veces mantenemos oculto en nuestro interior».
Plensa recibe a Informe Semanal en su estudio, donde cuenta que desde siempre le interesó mucho el espacio público porque es un lugar donde no hay contexto: «Cuando yo expongo en un museo, en una galería, si tú vienes, estás esperando ver Arte. En el espacio público, no lo sabes. La pieza ha de sobrevivir por ella misma, ha de generar y crear el lugar donde las cosas ocurran».
Y es así cómo su trabajo está presente en muchos espacios públicos del mundo entero. Y, en los últimos 10 años, suelen coincidir, en lugar y tiempo, diversos formatos y propuestas artísticas en museos, teatros y espacios de una misma ciudad o país: «De pronto, en Barcelona, llegaron las puertas del Liceu, la ópera y esta exposición. Parece que esté todo aquí. No sé, hace unos años me pasó en Madrid, que de pronto en un mes y medio tenía la exposición en el Reina Sofia, la pieza de plaza Colón, y parecía que todo pasaba en Madrid». Jaume Plensa va camino de convertirse en un escultor universal.
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Debo reconocer, para empezar, que la directora española se las apaña francamente bien tras las cámaras. A pesar de encontrarnos ante una comedia que se mueve en parámetros y lugares comunes -en líneas generales, tiene excepciones que comentaré más adelante- si que se nota un claro sello en la forma en cómo está dirigida la cinta. Desde el uso de planos aéreos, al más puro estilo «Cluedo», viendo desde arriba a los personajes buscando pistas -en algunos momentos de la película se pasa del humor al suspense distendido, de forma muy acertada- a la forma en como pone en escena la presentación de los distintos personajes. Es más que evidente, a poco que queramos fijarnos un poco, que Lucía quiere dejar su sello en esta producción y que, en mi opinión, lo consigue claramente gracias a esa estética tan marcada que va consiguiendo dejar patente en multitud de escenas durante el largometraje.
En cualquier caso, y ya centrándonos en temas más de guion e historia de la película, estamos ante una historia que, si bien no intenta inventar la rueda -no deja de ser una comedia de enredos bastante típica en algunos puntos mezclada con la típica «buddy movie» tan presente en el cine norteamericano- sí que tiene la intención de actualizar los conflictos entre parejas -y entre los dos hombres protagonistas- a temáticas mucho más acorde al siglo XXI, hecho que yo agradezco enormemente y que le ayuda a salirse de la norma en multitud de escenas.
Hay una sucesión de temáticas que se van tratando durante la película que enriquecen el relato y que aportan ese extra que muchas veces buscamos en las comedias en nuestro país y no acabamos de encontrar de forma habitual.
Además, la cinta tiene la virtud de tratar esas temáticas de forma fresca y natural, sin entrar en subrayar todo en exceso o en machacarlo demasiado para que todo el mundo lo entienda. Es algo que, simplemente, está ahí y ya está. Tan natural y habitual como en la vida misma.
Por otra parte, y como toda buena comedia que se precie, tiene en los actores a sus principales valedores de todo este producto. Y es que, tanto Paco León como Ernesto Alterio funcionan francamente bien. Y no solo juntos, sino que también lo hacen por separado. La química entre los dos es evidente y el guion les ayuda a ello convirtiendo a uno en el contrapunto del otro. Como una especie de Ying-Yang de las relaciones y de formas de ver -y de avanzar- por la vida. Donde Toni -el personaje al que da vida Paco León- ve algo bueno, Emilio -al que da vida Ernesto Alterio- ve un problema. Y es en esas discrepancias donde se articulan un montón de gags que funcionan y arrancan las carcajadas del público.





