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«Erupcja»: cuando regresar al pasado no significa poder recuperarlo

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Tras su estreno en salas el pasado verano, llega este viernes a Filmin una película sobre reencuentros, vidas pasadas y falsa libertad. Los experimentos formales tienen estas cosas: dependiendo de cómo tengas el día, pueden fascinarte o sacarte de quicio. «Erupcja», de Pete Ohs, se mueve entre la comedia romántica y un relato sobre esa peligrosa tentación de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Pete Ohs construye una historia aparentemente sencilla sobre antiguos amores, decisiones aplazadas y personas que vuelven encontrarse en un momento equivocado, pero lo hace desde un realismo que evita convertir sus personajes en arquetipos románticos. Aquí no hay grandes discursos ni emociones subrayadas. Hay personas intentando averiguar si aquello que una vez sintieron sigue existiendo o si, simplemente, están persiguiendo el recuerdo idealizado de quienes fueron.

Rodada en Varsovia prácticamente sin guion, con un equipo reducido y apoyándose en la improvisación, Erupcja hace de esa aparente precariedad una de sus mayores virtudes. Las conversaciones, los silencios y hasta cierta incomodidad entre los personajes tienen la textura de algo que está ocurriendo delante de la cámara. En su concepción y en su estilo tiene una textura más cercana al documental que de lo que habitualmente entendemos como ficción.

Pete Ohs no parece interesado en construir una película romántica convencional. Tampoco busca necesariamente la complicidad del espectador. Su intención parece estar más cerca de observar a sus protagonistas desde cierta distancia, permitiendo que sean sus contradicciones las que definan el relato.

Sin embargo, esa libertad formal también deja algunas costuras a la vista. La duración no es un inconveniente, más bien al contrario: Erupcja retrata precisamente uno de esos momentos en los que todo sucede tan deprisa que apenas advertimos que el tiempo está pasando porque nuestra atención está en otra parte. El problema está en que su experimentación resulta a ratos algo artificial y, cuando la película se aleja de sus dos protagonistas, pierde parte de la fuerza que encuentra en ellas.

Gran parte de la atención que acompañó a Erupcja en su momento se debió, inevitablemente, a la presencia de Charli XCX, convertida aquí en Bethany. Y lo sorprendente es comprobar hasta qué punto funciona su interpretación.

La cantante se aleja aquí bastante de la imagen pública asociada a su música y construye un personaje vulnerable, inseguro y contenido. Charli XCX demuestra una naturalidad inesperada delante de la cámara, especialmente en esos momentos aparentemente insignificantes en los que Bethany parece estar intentando convencerse a sí misma de que aquello que está haciendo tiene algún sentido.

Pero aunque Charli XCX sea su principal reclamo, el centro emocional de Erupcja acaba desplazándose hacia Lena Góra. Su Nel termina siendo el personaje que mejor expresa el verdadero conflicto de la película: reconciliar lo que fuimos con la persona en la que nos hemos convertido.

Góra construye a Nel desde la contención, dejando ver continuamente a alguien dividido entre la vida que tiene y aquella que cree que todavía podría recuperar.

Bethany llega a Varsovia acompañada por Rob para lo que debía ser una escapada romántica. Una erupción volcánica les obliga a permanecer más tiempo del previsto en la ciudad y facilita el reencuentro con Nel, un antiguo amor. Entre ambas existe además una especie de mitología privada: cada vez que se encuentran, un volcán entra en erupción en algún lugar del mundo. Ohs juega con esa idea del destino, pero también con algo bastante menos idealizado: nuestra facilidad para convertir las coincidencias en argumentos cuando necesitamos justificar determinadas decisiones.

Bethany interpreta su regreso a Varsovia como una oportunidad para recuperar algo perdido. Empieza a recorrer clubes, fiestas y rincones de una ciudad que representa para ella una especie de territorio de libertad frente a la vida que ha construído fuera de allí.

Sin embargo, Erupcja nos recuerda que esos momentos que idealizamos con el paso del tiempo no pueden volver, por mucho que intentemos reproducir las circunstancias que una vez funcionaron.

La búsqueda de liberación que inicia Bethany con su regreso a Varsovia esconde, en realidad, el deseo de volver a sentir algo que ya ocurrió y que probablemente nunca podrá repetirse de la misma manera.

Bethany no está buscando únicamente a Nel. Está buscando también una versión anterior de sí misma.

En este sentido, el recorrido vital de Bethany y Nel recuerda en algunos momentos al extraordinario realismo que encontrábamos en la serie de Movistar Plus Yo siempre a veces. Aquella ficción, una de las mejores series españolas del año, mostraba cómo alguien acostumbrado a vivir sin demasiadas responsabilidades tenía que asumir de golpe una vida adulta que ya no permitía mirar únicamente hacia uno mismo.

Rodada en Varsovia durante el llamado brat summer de 2024, con muy pocos medios y sin guion, la película nace del cruce entre improvisación, deseo y transformación personal

Algo parecido sucede aquí.

Bethany y Nel están en otro momento y sus problemas son distintos, pero comparten esa sensación incómoda: descubrir que crecer también consiste en aceptar que determinadas versiones de nosotros mismos han quedado atrás.

Erupcja es una película sorprendente en su ejecución, una obra pequeña que utiliza el realismo para contar una historia de «amor» que no necesita buscar la complicidad del espectador. Sus poco más de setenta minutos ayudan a que esa construcción improvisada no se agote, aunque también dejan algunos personajes y conflictos apenas esbozados.

Erupcja entiende bien algo bastante incómodo: a veces no echamos de menos a una persona, sino a quienes éramos cuando estábamos con ella. Y ninguna erupción, por muy oportuna que resulte, puede devolvernos exactamente a ese lugar.

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.

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