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Acción, humor y explosiones: la fórmula actual de Guy Ritchie

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«En la zona gris» supone un nuevo paso dentro de la transformación que ha experimentado el cine de Guy Ritchie durante los últimos años. El director británico, que construyó buena parte de su identidad alrededor de historias criminales marcadamente inglesas, personajes canallas, diálogos rápidos y un humor irreverente, lleva tiempo acercándose a producciones de acción mucho más comerciales. Su última película confirma esa evolución: una propuesta de espionaje, mercenarios y grandes operaciones que mira hacia el blockbuster estadounidense, aunque todavía conserva algunos destellos del cineasta que firmó títulos como «Snatch» o «Lock & Stock».

La historia gira alrededor de una operación aparentemente imposible. Rachel, interpretada por Eiza González, debe recuperar una fortuna de mil millones de dólares de manos de un peligroso criminal. Para conseguirlo cuenta con Sid y Bronco, los personajes de Henry Cavill y Jake Gyllenhaal, dos especialistas encargados de diseñar y ejecutar un plan en el que prácticamente cualquier error puede resultar definitivo. A partir de ahí, Ritchie despliega un thriller de acción construido alrededor de estrategias, engaños, explosiones y enfrentamientos en los que la planificación acaba dejando paso inevitablemente al caos.

La película representa bastante bien al Guy Ritchie actual. Queda lejos aquel cine británico más sucio y gamberro de sus primeros trabajos, donde los bajos fondos y unos personajes tan extravagantes como imprevisibles constituían prácticamente una seña de identidad. El director se mueve ahora dentro de producciones mucho más grandes, internacionales y visualmente cercanas al cine de acción estadounidense. No es necesariamente una pérdida completa de personalidad, pero sí una transformación evidente de su manera de entender el entretenimiento.

Porque todavía quedan rastros del antiguo Ritchie. Incluso en mitad de una secuencia de acción encuentra espacio para introducir una conversación absurda, una broma o un comportamiento deliberadamente canalla. Ese humor aparece integrado dentro del peligro y permite que la película no se tome completamente en serio a sí misma. Es precisamente en esos pequeños momentos cuando En la zona gris recupera con mayor claridad la personalidad de su director.

Otro de sus puntos fuertes está en el reparto. Aunque Eiza González funciona como pieza fundamental de la operación, Henry Cavill y Jake Gyllenhaal forman una pareja protagonista que aporta gran parte del dinamismo de la película. Ambos se reparten la pantalla con naturalidad y construyen dos personajes que funcionan especialmente bien cuando están juntos. La química entre ellos permite alternar acción y humor sin que ninguno de los dos registros parezca completamente separado del otro.

Aun así, En la zona gris no depende únicamente de sus protagonistas. El relato tiene una estructura bastante coral y concede suficiente presencia al resto de personajes, especialmente a su antagonista, interpretado por Carlos Bardem. El villano no aparece únicamente como una amenaza distante destinada a justificar la misión, sino como una pieza activa dentro del enfrentamiento. Esa presencia constante ayuda a que el conflicto mantenga cierto equilibrio y evita que toda la película dependa exclusivamente del carisma de Cavill y Gyllenhaal.

Recuperar una fortuna de mil millones de dólares no es una tarea sencilla

El principal problema está precisamente en lo reconocible de su propuesta. En la zona gris no supone ninguna reinvención del cine de Guy Ritchie ni tampoco del género de acción. Al contrario, continúa prácticamente por el mismo camino de algunas de sus películas recientes. Hay grandes planes, operaciones aparentemente imposibles, armas, explosiones, enfrentamientos y personajes capaces de salir de situaciones cada vez más complicadas. Todo está ejecutado con oficio, pero pocas cosas resultan realmente inesperadas.

Eso no impide que la película funcione como entretenimiento. Ritchie sabe mantener el ritmo y entiende perfectamente cuándo debe introducir acción, cuándo aliviar la tensión mediante el humor y cuándo volver a acelerar la historia. Incluso cuando el argumento entra en terrenos previsibles, la película conserva suficiente energía como para evitar hacerse pesada.

En la zona gris termina siendo, por tanto, una muestra bastante representativa del momento actual de Guy Ritchie. Es menos británica, menos irreverente y bastante más comercial que las películas que construyeron su identidad, pero todavía conserva pequeñas dosis de aquel humor canalla. No descubre nada nuevo ni pretende hacerlo. Su objetivo está mucho más claro: ofrecer acción, ritmo y entretenimiento apoyándose en un reparto con química. Y dentro de esos límites, cumple con eficacia, aunque también deja cierta nostalgia por aquel Ritchie que convertía cada película en algo inmediatamente reconocible como suyo.

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Pablo Arroyo
Pablo Arroyo
Apasionado del fútbol y del cine, me considero un periodista que combina su amor por el deporte con el arte de contar historias. Con un especial interés por las obras de Quentin Tarantino. Intento explorar la intersección entre el cine y el deporte, analizando cómo las narrativas del fútbol pueden ser tan cautivadoras como las mejores películas. Siempre en búsqueda de la próxima gran historia.

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