En la semana del Orgullo se estrena una película que muestra la diversidad afectiva a la que ya deberíamos estar acostumbrados. Pero por mucho que se haya conseguido, sigue quedando mucho por hacer, y «9 lunas» es un claro ejemplo. Dentro de nuestra educación racista, machista y homófoba, por mucho que queramos ser tolerantes, hay cosas que se nos escapan. Más allá de grandes manifestaciones lo más importante son los pequeños gestos que tienes con las personas de tu entorno.
9 lunas presenta una situación poco habitual, para descubrir la transfobia latente que existe incluso en los lugares más insospechados. El protagonista es un monitor de gym que de repente se queda embarazado y todos los miedos de su transición, incluyendo su vida pasada, vuelven a salir a flote afectando a todos los que le rodean, que lo que le siguen demostrando es su apoyo y su cariño.
El protagonista es Zack Gómez-Rolls que, pese a algunas dudas iniciales, consigue llevar el peso del metraje con solvencia. Lo que ocurre es que los secundarios son palabras mayores. Kiti Manver como la abuela sigue estando maravillosa en todo lo que hace y se añora que no salga más. María León sigue apoyando con su presencia proyectos con mensaje importante, y parece que hace de ella misma con la naturalidad que la caracteriza. Pero lo más sorprendente para bien es Jorge Sanz, haciendo de padre en deconstrucción, donde consigue los momentos más emotivos de la película.

Una película necesaria, donde lo menos importante es quién es el otro padre, y sobre todo visibiliza situaciones que pueden estar ocurriendo hoy en día. Ya es difícil nacer en un cuerpo equivocado, como para que una vez hecho el cambio de sexo se presente tu pasado de golpe, ese del que querías huir, pero que siempre vuelve si no has cerrado bien las cosas. De paso debería servir para dejar claro que un chico trans es alguien que no nació chico y viceversa. Pese a su historia inicial chocante, lo mejor de la película son esos pequeños gestos que ayudan al protagonista a ver la realidad de otra forma y que, trasladado al mundo real, es lo que permite que cada vez seamos mejores personas, pese a lo que pueda parecer.
Otro año más sigue siendo necesario la visibilización de historias LGTBIQA+ donde la historia principal siga siendo algo más que el aceptar lo que uno es, como lo es 9 lunas. Este año ha dado grandes historias: Más que rivales llega más allá en como se debería mostrar las relaciones sentimentales entre jugadores profesionales; la desgarradora Maspalomas muestra lo duro que es volver al armario en la vejez pero únicamente por los prejuicios arraigados en uno mismo, algo que se asemeja a la historia que nos ocupa; Silencio desarma ante su visión del ser seropositivo; Half Man es una desgarradora historia de dos hermanastros condenados a arruinarse la vida el uno al otro donde lo menos importante a posteriori es que uno de ellos sea gay… Todas ellas se pueden unir a la lista de historias impresionantes ideales para el Orgullo que sigue incluyendo a las maravillosas Las Noches de Tefía, Los Ángeles Ignorantes, Yo adicto o Heartstopper y a la que se puede añadir la desconcertante Mi reno de peluche dando protagonismo a la B y la T de las famosas siglas del colectivo.
