La directora francesa Fabiènne Godet presenta en España «El amigo inesperado», una comedia dramática basada en la novela «Le Répondeur de Luc Blanvillain». La película sigue la peculiar relación entre Pierre, un exitoso escritor que atraviesa una crisis personal, y Baptiste, un actor con dificultades para abrirse camino en su profesión. Cuando este último comienza a responder las llamadas y mensajes del escritor, ambos inician una inesperada amistad que les llevará a replantearse sus vidas. En esta entrevista, Godet reflexiona sobre la adaptación de la novela, la construcción de sus personajes y los temas que atraviesan la película, como la felicidad, la identidad, el éxito y la importancia de los encuentros que cambian el rumbo de una vida.
La película me hizo pensar en algo que en España conocemos como el síndrome del impostor. No tanto en Baptiste, sino en Pierre, un escritor que pone en duda su propio éxito y hasta su creatividad. ¿Era una idea presente en el personaje?
En Francia también existe ese concepto, aunque no creo que se aplique a Baptiste porque él no roba nada ni ocupa un lugar que no le corresponda. Pierre, en cambio, sí atraviesa una crisis más profunda. Con el paso del tiempo se da cuenta de que, aunque ha alcanzado el éxito que deseaba, no es feliz en la vida que ha construido. No diría que se siente ilegítimo, pero sí atrapado en una situación que ya no le satisface.
¿Cómo surge la idea de contar la historia de un actor que acaba haciéndose pasar por un famoso escritor?
La película es una adaptación de la novela Le Répondeur, de Luc Blanvillain. Fue mi productor quien me recomendó el libro porque le parecía una idea extraordinaria y muy original. El tono de comedia ya estaba presente en la obra, pero yo decidí centrarme especialmente en la relación entre Baptiste y Pierre y en cómo evoluciona su amistad a lo largo de la historia.
Cuando se adapta una novela siempre existe la duda sobre cuánto se trabaja con el autor original. Además, la química entre Salif Cissé y Denis Podalydès resulta fundamental en la película. ¿Cómo fue ese proceso?
Curiosamente, no trabajé con el autor durante la adaptación. Era la primera vez que adaptaba una novela y preferí tener libertad absoluta para tomar mis propias decisiones cinematográficas. Hablé con él después y le expliqué que mi principal objetivo había sido reforzar la relación entre los dos protagonistas.
En cuanto a los actores, no se conocían personalmente, aunque sí admiraban mutuamente sus carreras. Desde el primer momento percibí que disfrutaban mucho trabajando juntos. La mayoría de los diálogos estaban muy escritos, porque la comedia requiere ritmo y precisión, pero entre ellos surgió una complicidad real que terminó reflejándose en pantalla.
Como espectador, tuve la sensación de que Pierre representa nuestros miedos y bloqueos, mientras que Baptiste encarna todo aquello que no nos atrevemos a decir o hacer. ¿Existe esa metáfora?
Sí, en cierta manera. Creo que muchos nos parecemos más a Pierre de lo que nos gustaría admitir. Estamos condicionados por nuestro pasado, por nuestras relaciones y por nuestros propios temores. Baptiste tiene una ventaja: no arrastra ese equipaje. No conoce a las personas que rodean a Pierre y, por eso, puede actuar con una libertad que el escritor ha perdido.

Me interesa mucho la idea del encuentro entre personas. A veces un amigo puede decirle a tu padre o a tu madre algo que tú nunca serías capaz de expresar. No porque sea más valiente, sino porque no está atrapado por la misma historia. La película habla precisamente de cómo los demás pueden ayudarnos a ampliar nuestra propia libertad.
Esa reflexión parece especialmente visible en la película. ¿Es algo que estaba tan presente en la novela o es una aportación tuya?
En la novela el protagonismo recae mucho más sobre Baptiste. Mi trabajo consistió en desarrollar y fortalecer a Pierre, profundizando en su psicología y en sus dificultades para ser feliz. Quería que la película fuera un verdadero diálogo entre ambos personajes y no únicamente la historia de uno de ellos.
También aparece la idea de perseguir los sueños. La hija de Pierre quiere dedicarse a la pintura y Baptiste lucha por abrirse camino como actor. ¿La película plantea una reflexión sobre el precio de perseguir aquello que deseamos?
Sí, aunque no quería ofrecer respuestas cerradas. Al final, Baptiste tiene una oportunidad importante para alcanzar el éxito, pero decide permanecer fiel a las personas que le rodean. Me interesaba confrontar dos realidades: la de alguien que ha conseguido reconocimiento y notoriedad, pero se siente solo, y la de alguien que aspira a ese éxito sin conocer todavía las consecuencias que puede tener.
Por eso Pierre le dice que aproveche el éxito cuando llegue, porque sabe que es algo efímero. La película habla de los sueños, pero también de las relaciones humanas y de aquello que realmente nos hace felices.