«El beso de la mujer araña» regresa al cine en este año, con una nueva adaptación dirigida por Bill Condon, como bien dice la palabra remake, ha cogido la película antigua y lo ha hecho a su forma, nada que ver en la basada novela de Manuel Puig, y en el posterior musical de Broadway, la película abraza el artificio, la fantasía y el melodrama como formas de resistencia emocional frente al horror.
Nos encontramos en Argentina durante la dictadura, en una cárcel, la historia nos habla de Luis Molina (Tonatiuh), un homosexual encarcelado por “indecencia”, y Valentín Arregui (Diego Luna), un preso político endurecido por la militancia y la represión. Tras unas conversaciones forzadas, poco a poco entablan su amistad y se conocen mucho mejor gracias al cine y la imaginación.
Casting curioso
Nos encontramos a un casting curioso, la que más puede salir de renombre es una Jennifer López, interpretando a la diva ficticia Ingrid Luna, dentro de los números musicales imaginados por Molina, una imaginación grotesca y nada que ver con la original, le da su toque, pero es casi lo peor de esta película. Sus secuencias musicales son visualmente exuberantes, mucho color, dinamismo, grandes coreografías, pero en muchas ocasiones interrumpen el ritmo dramático.

Las comparaciones son odiosas, o eso dicen, pero nada que ver los actores de este film con el antiguo, personalmente, la antigua tenia más forma de película que esta, se hace lenta, aburrida por momentos y no pega nada de nada, empezando por la elección de actores.
Visualmente, el director quiere crear dos mundos totalmente distintos, que sean diferentes y que se note bien, Condon apuesta por un contraste muy marcado entre la sordidez de la cárcel y el esplendor fantasioso de las secuencias musicales. Esa dualidad es de las pocas cosas que funciona durante buena parte del metraje, aunque no siempre logra integrarse con fluidez.
No todo funciona con la misma intensidad. Algunas escenas musicales se sienten excesivamente largas y ciertos conflictos políticos quedan tratados de manera superficial. Pero incluso en sus irregularidades, la película conserva una sinceridad emocional que evita que el espectáculo se vuelva vacío.
Conclusión: El beso de la mujer araña es un musical imperfecto pero profundamente humano, que utiliza el artificio del cine clásico para hablar de soledad, represión y necesidad de afecto. Querer pero no puedo, es la definición de esta película, ser un musical sin serlo, y hablar de política, sin hablar de ella, me quedo con la antigua.