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«El agente secreto»: La memoria histórica disfrazada de thriller

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Gerard Garrido Duch
Gerard Garrido Duch
Divulgador científico y cultural, además de apasionado del cine y de la crítica. Soy un barcelonés devorador de películas, estudioso de los Oscar y devoto de Billy Wilder y Scorsese. Capaz de desviar cualquier conversación hacia el cine, también encuentro refugio en el fútbol, la música y la gastronomía.
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Kleber Menonça Filho se erigió con el premio a la mejor dirección del pasado festival de Cannes por su película más reciente, «El agente secreto». El film narra, a lo largo de 161 minutos, la historia de un hombre condenado a esconderse de la dictadura militar brasileña en 1977. Al protagonista, Marcelo, lo interpreta un encantador Wagner Moura -que también regresó de Cannes con un galardón bajo el brazo-, que encarna el miedo, la lucha y la frustración del pueblo brasileño durante veinte años de represión política.

Marcelo es un hombre que se ve obligado a permanecer en una huida constante. A pesar de que su cuerpo le pida parar. Porque en El agente secreto, el motor de la trama es la injusticia. La injusticia de ver cómo el poder corrupto de la dictadura se interpone entre un hombre y su felicidad, convirtiendo en deporte de riesgo pasar tiempo con su familia o amigos.
A diferencia de otras películas como la reciente Aún estoy aquí (Walter Salles, 2024), El agente secreto disfraza su mensaje político para no resultar aleccionadora, y lo hace desde los códigos del thriller y gracias a una puesta en escena lúdica y frenética, heredera del cine de Martin Scorsese. No hay que confundir este ejercicio de forma con un recurso apolítico, pues la cinta es clara en su mensaje; evita ser una película de memoria histórica para poner en el instituto, para funcionar también como entretenimiento.

(c) Victor Juca. Kleber Mendonça Filho dirige «El agente secreto»

Mendonça Filho logra este tono al no centrarse en la maldad del poder militar -a pesar de que subyace durante todo el relato-, sino en la fuerza del pueblo brasileño. El protagonista se encuentra, a lo largo de la película, con un abanico de personajes dispuestos a ayudarlo que representan lo mejor de la identidad nacional brasileña. Revolucionarios, gente de a pie, currantes y pensadores; el apoyo de Marcelo para seguir luchando está en la gente que lo rodea. Mención especial para doña Mariana (Tania Maria), una anciana revolucionaria que combate la dictadura con alegría, cara dura y cigarrillos.

En un momento dado del film, Mendonça Filho nos traslada al siglo XXI para narrar cómo dos chicas investigan el caso de Marcelo desde la democracia actual y, en ese momento, el relato de memoria histórica se vuelve algo más evidente y el subrayado no termina de sentarle bien al tono de la cinta. Aun así, el cineasta se saca algún recurso de rima temporal para mantener el interés formal que acompaña al relato.

El agente secreto no es un alegato, es puro cine. Es cine político e histórico construido a través de un relato que no exige conocer la historia del pueblo brasileño. Como las grandes películas su mensaje es universal y su carácter carioca no evita que el espectador perciba la tragedia que supone cualquier dictadura pasada, presente o, lamentablemente, futura.

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