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«La asistenta»: La popular intriga literaria da el salto al cine

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Gerard Garrido Duch
Gerard Garrido Duch
Divulgador científico y cultural, además de apasionado del cine y de la crítica. Soy un barcelonés devorador de películas, estudioso de los Oscar y devoto de Billy Wilder y Scorsese. Capaz de desviar cualquier conversación hacia el cine, también encuentro refugio en el fútbol, la música y la gastronomía.
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Basada en la novela superventas de Freida McFadden, «La asistenta» sigue a una joven -interpretada por Sydney Sweeney- que acepta un trabajo como empleada doméstica en el hogar de una familia acomodada. Lo que empieza como un simple trabajo pronto se vuelve una situación inquietante debido al comportamiento errático de la señora de la casa, interpretada por Amanda Seyfried, y a la obsesión creciente de la joven por las tensiones ocultas tras la apariencia perfecta de la familia. La película apuesta, igual que el libro, por una intriga sostenida y por el revelado gradual de secretos, pero su dependencia de los giros narrativos condiciona su desarrollo y evidencia inconsistencias que se deben al efecto de los momentos cruciales.

Dirige Paul Feig, que abandona definitivamente la comedia para aventurarse en el thriller como ya insinuó en las dos entregas de Un pequeño favor. Y es que La asistenta podría encuadrarse en el mismo universo que las dos películas protagonizadas por Anna Kendrick y Blake Lively, pues comparten el tono intrigante y la joven currante que se ve seducida por la alta sociedad. La asistenta, sin embargo, va más allá en su apuesta y se toma más en serio a sí misma, despojándose de la comedia que Feig seguía insuflando a Un pequeño favor y que terminaba por perjudicarle.

Feig logra trasladar los elementos más interesantes de la novela porque evidencia que entiende los códigos del género. En Un simple favor, Feig partía de su experiencia como director de comedias y no terminaba por dotar de cuerpo una historia que, en esencia, era una intriga. En La asistenta, Feig desaprende de su bagaje como realizador en algunos de los mejores episodios The Office y busca sus influencias en David Fincher y los thrillers eróticos de los años noventa. Esta influencia es algo torpe y se nota el intento por verse reflejado en Perdida (David Fincher, 2014); por supuesto, ni la construcción narrativa ni la puesta en escena están cerca de las cotas alcanzadas por Fincher.

El elemento que sí que consigue destacar es el departamento interpretativo. Sydney Sweeney sabe perfectamente a qué está jugando con su personaje y logra mostrarse inteligente, sensual e ingenua sin necesidad de un guion que subraye estas cualidades. Amanda Seyfried vuelve a demostrar que es una de las actrices más interesantes del panorama estadounidense luciéndose en un papel muy goloso, que transita con facilidad de lo frágil a lo histérico. El otro vértice del triángulo protagonista es Brandon Sklenar, algo más plano, pero imponente en sus escenas más exigentes a nivel físico.

La asistenta termina por ser una película bastante irregular, que rima con esta era de contenido viral y desechable de las plataformas. La legión de fans de las novelas serán la prueba definitiva para saber si la película (y Paul Feig) se consolida como un éxito comercial o queda en el olvido de los thrillers de sobremesa.

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