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«Keeper» (2025): El hijo de Anthony Perkins

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Ferran Alcocer Gómez
Ferran Alcocer Gómez
De Nolan, Ducournau y Sorogoyen. Graduado en Comunicación Audiovisual y Periodismo. Mi vida se basa en esperar a que empiece el siguiente Festival de Sitges.
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A veces, más es menos; si no, que se lo pregunten a Osgood Perkins. En los últimos quince meses, el hijo de Anthony Perkins (hasta nuevo aviso, ese seguirá siendo su nombre oficial) ha estrenado tres películas: «Longlegs», «The Monkey» y «Keeper». La primera, a la par que fallida, es un relato tenebroso, satánico y estimulante que bien podría justificar una supuesta carta blanca para el próximo proyecto del realizador. Esta mal definida libertad creó un engendro incomprensible de la talla de «The Monkey»; con una primera mitad esperanzadora, la segunda película de esta falsa trilogía echó por tierra todo con uno de los peores desarrollos que se recuerdan en el cine contemporáneo. Esbozado el camino, llega el turno de la nueva película de Perkins.

El status quo de Keeper provoca que el partido de ida se juegue fuera de casa: una pareja va a un casoplón en medio de un bosque inhóspito. No logro entender cómo se estrenan tantas películas calcadas y nadie pone el grito en el cielo. Este año tenemos Devuélvemela, La acompañante y Together, que aún tienen algo de gracia, como ejemplos de este subgénero forestal. Keeper, me imagino, aspira a aportar novedad a la norma, pero se declara perezosa incluso antes de empezar.

Keeper - Movie Review

Evocando al peor Shyamalan y sus cada vez más frecuentes despropósitos, Perkins y Nick Lepard, guionista de Keeper, confeccionan una trama cuya espalda vence ante innumerables misterios seleccionados sin criterio ni coherencia. La sobrecarga de estímulos que sufre el espectador acaba desembocando en un hartazgo forzosamente dilatado en el tiempo. Al final no hay nada, ni por parte de la película ni del espectador. Tampoco ayuda el recurso fácil que «explica» la película, tan trillado como exasperante en pleno 2025. Tal vez en Longlegs no lastraba el conjunto, pero en Keeper es la última puñalada sobre el cuerpo inerte.

El estilo de Perkins ha sufrido un claro deterioro con el paso de los meses. Longlegs, en su totalidad, y la primera mitad de The Monkey son ejemplos perfectos de cómo un estilo pulido e idóneo puede elevar el nivel del conjunto. En contraposición, la segunda mitad de The Monkey y Keeper, en su totalidad, son un despropósito. No hay ideas, ni siquiera semillas de ellas. Solo da la sensación de ser un encargo chapucero e injustificable.

Si The Monkey cuestionaba el futuro de Osgood Perkins, Keeper cierra la persiana hasta nuevo aviso. La promesa reforzada que, a grandes rasgos, se intuía en The Monkey se ha roto de la peor manera posible. Veremos si de cara al futuro, tras (esperemos) unos meses de pausa, consigue darle la vuelta a la tortilla.

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