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El «Boss» más introspectivo en «Springsteen: Deliver Me from Nowhere»

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Gerard Garrido Duch
Gerard Garrido Duch
Divulgador científico y cultural, además de apasionado del cine y de la crítica. Soy un barcelonés devorador de películas, estudioso de los Oscar y devoto de Billy Wilder y Scorsese. Capaz de desviar cualquier conversación hacia el cine, también encuentro refugio en el fútbol, la música y la gastronomía.
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«Deliver Me from Nowhere» no es un biopic convencional. La película no ambiciona narrar toda la vida de Bruce Springsteen, sino que busca entender al personaje en uno de los momentos más llamativos de su carrera. Después de la publicación de tres álbumes que lo convirtieron en una de las mayores estrellas de los setenta -por supuesto, hablamos de Born to Run (1975), Darkness on the Edge of Town (1978) y The River (1980)-, el «Boss» presentó Nebraska, un álbum acústico y muy personal, alejado de los hits y los himnos de estadio.

La película es tan concreta en su marco narrativo que puede alejar a parte del público que no esté muy familiarizado con la discografía de Springsteen. Es un film para iniciados, pues se evita algunos clichés del género como los orígenes del artista o la retahíla de éxitos destinados a dar a conocer al músico a un nuevo público. Este enfoque hace mucho más real al personaje principal, que vemos sólo (con la excepción de algún flashback demasiado explicativo) en un momento de su vida. Tenemos pues a un protagonista que no es una figura, sino una persona, y esto resulta refrescante en un panorama lleno de biopics basados en una misma fórmula. Sin embargo, esta in media res en que nos sumerge la película hace difícil conocer la totalidad de Bruce Springsteen, por lo que resulta complicado para el filme alcanzar reflexiones interesantes sobre la gestión de la fama o el camino al éxito cuando partimos, desde la primera escena, de una superestrella.

Los aspectos musicales y todos los momentos que tienen que ver con la inspiración de «El Boss» son lo mejor de la película. El director, Scott Cooper, consigue dar a entender el proceso creativo por el que pasaba su protagonista y alejar a Springsteen del mero compositor de hits. Por otro lado, el guion en las escenas que narran la vida personal de Springsteen es bastante menos interesante, con diálogos muy manidos y escenas que el espectador tiene la sensación de haber visto en incontables ocasiones. La relación sentimental ocupa demasiado espacio en la película y resulta poco interesante, además de frenar el ritmo en los momentos en los que la música debería estar en el centro.

No se puede analizar esta película sin hablar de Jeremy Allen White, que interpreta a Bruce Springsteen de un modo muy satisfactorio, pues no busca la imitación, pero consigue emular el aura del cantante de Nueva Jersey. No es un biopic que le permita lucirse en grandes set pieces de conciertos o en momentos emotivos calculados para atraer premios, pues su interpretación es más bien contenida, pero logra encapsular la esencia de Springsteen y sumergir al espectador en el estado mental por el que transitaba el artista. El resto del reparto está algo desaprovechado, pues cuenta con grandes actores como Jeremy Strong, Paul Walter Hauser o Stephen Graham que no terminan de lucir en roles mucho más planos que el protagónico.

Springsteen: Deliver Me from Nowhere es una mirada cercana a la figura de Bruce Springsteen en uno de los momentos más delicados de su vida. No consigue dibujar un contexto cultural o musical de la época que retrata, porque no pretende hacerlo. La película va al detalle, a las decisiones técnicas que hicieron que el Nebraska sonara como suena y a las decisiones vitales que llevaron al «Boss» a convertirse en leyenda. No es una película pop y, por ello, corre el riesgo de decepcionar al gran público, pero el riesgo que toma la convierte en una película, por lo menos, honesta.

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