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«Jone, a veces»: Crecer, amar y el dolor inevitable

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J.A. Valdivia
J.A. Valdivia
Contar y ver historias forma parte de quién soy. Desde pequeño fascinado por la magia del cine y sus entresijos. Me puedes encontrar entre Ghostface y un T-Rex emocionado por la última escena de Vidas Pasadas.
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La ópera prima de Sara Fantova, protagonizada por una debutante Olaia Aguayo, que brilla con luz propia llega a las salas de cines para hacernos reflexionar sobre la vida y la muerte.

La película nos traslada a un momento circunstancial en la vida de Jone, que tiene 20 años. Durante la Semana Grande de Bilbao todo cambiará, y deberá enfrentarse a esa dualidad de las aventuras y desventuras propias de su edad, y a la enfermedad degenerativa que sufre su padre, interpretado por Josean Bengoetxea, que le obligará a crecer de golpe.

Con delicadeza y sencillez, nos adentramos en la vida de un padre viudo con sus dos hijas. Un padre que ahora debe enfrentarse al párkinson, lo que le obligará a ser más dependiente día a día. Jone, su hija mayor, no lo acepta desde el primer momento y ha de emprender su viaje, el cual seguimos desde muy cerca.

La dirección es elegante y muy centrada en un personaje principal que acapara todas las miradas. Porque todos hemos podido ser Jone. Todos hemos tenido que lidiar con un momento en el que la vida nos regalaba el inicio de un amor de verano junto a un hecho más dramático del que queríamos escapar. Jone no siempre toma las decisiones correctas, pero ¿quién las ha tomado teniendo sólo veinte años? Y es que esa imperfección es lo que hace que Jone sea un personaje tan real y con el que empatizar sea muy fácil.

Hay secuencias impecables que llevarás contigo durante días. Desde ese momento en la playa en el que todo cambia para Jone y la culpabilidad asume un primer lugar en su vida, como durante el pregón de las fiestas en la que la cámara logra captar la euforia, la felicidad y la inmortalidad que sientes cuando eres joven y nada ni nadie puede hacerte frente.

Uno de sus puntos fuertes es el costumbrismo con el que retrata una semana muy importante para la ciudad bilbaína. Aporta contexto, detalles y personalidad, porque películas sobre adolescentes perdidos hay muchas pero casi todas vienen de Estados Unidos, pero en este caso, tenemos la oportunidad de poder vivir algo que nos suena familiar. Y a todo este mundo castizo, Sara Fantova le añade un punto onírico que recalca mucho la dualidad que sufre Jone.

Todos esos miedos y fantasmas, están entremezclados con un inicio de historia de amor entre Jone y otra joven, Olga. La naturalidad y el realismo que existe entre sus interacciones nos recuerda que la primera chispa entre dos personas siempre está plagada de magia.

Y entre todas estas situaciones, la película nos lanza varias preguntas desde su condición de “coming of age”, pero seguramente la más interesante y la que perdurará en tu memoria es la de vivir y morir con dignidad. Un debate muy candente hoy en día, y que nos hace enfrentarnos ante la mortalidad, esa de la que tanto intentamos huir, pero que nos persigue en cada momento.

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