Sean Byrne (Director) ha traído «Dangerous animals», una película de terror que no teme entrar en algún cliché para salir victorioso de él.
Con Hassie Harrison (Zephyr) y Jai Courtney (Tucker) como protagonistas, Dangerous Animals nos cuenta la historia de cómo una joven muy “peleona” llamada Zephyr cae presa de Tucker, un solitario pescador que guarda un siniestro secreto, tiene como costumbre raptar y torturar a sus víctimas hasta que finalmente las lleva para ser sacrificadas a los tiburones.
La actitud persistente y dura de Zephyr, la protagonista femenina, hace que Dangerous Animals se convierta en un filme que te deja sin aliento y da rienda suelta a la adrenalina.
Tras un primer visionado me di cuenta de la fórmula para el éxito que utiliza Byrne, Dangerous Animals es una mezcla o referencia a películas de terror anteriores con mucho éxito. Pero ¿Esto hace que una película sea peor? Una referencia puede ser directa o difusa, puede estar ejecutada de forma bella o torpe, pero por el hecho de referenciarse no se cae en el error.
Y ¿En este caso? Byrnes ha mezclado muchas referencias que pertenecen al cine clásico de terror de una forma muy inteligente, creando así una película no solo entretenida, pero, irónicamente, muy fresca, es decir, perfecta para este verano.
Sean Byrnes tiene un gran método para asustarnos: crea una imagen muy contrastada entre la tranquilidad del agua y la violencia que reside en el barco, esto hace que sintamos escalofríos y seamos cómplices con la desesperación de Zephyr.
Dangerous Animals te hiela de pavor, es suspense “por un tubo” y es una genial opción para pasar unas horas entretenidas frente a la pantalla.