El cine surcoreano no para de lanzar estimulantes producciones que abarcan multitud de géneros. Desde el drama más descarnado al thriller más potente, pasando por lo fantástico o lo más mundano, Corea del Sur nos ofrece un cine de múltiples aristas. En Movistar Plus+ se estrenó el pasado martes 29 de julio «Phantom», una ambiciosa mezcla de cine histórico, thriller de espionaje y noir clásico, que conjuga a la perfección la acción, con el estilismo visual y un claro mensaje patriótico. Con un ritmo que va in crescendo conforme avanza la historia, «Phantom» es una película muy disfrutable de principio a fin.
Lee Hae-young (Believer) dirige esta película, ambientada en la Corea ocupada por Japón en los años treinta, y que se presenta como un spin-off espiritual de El imperio de las sombras, que encuentra su voz propia al abrazar sin tapujos una estética estilizada y el melodrama patriótico, sin dejar de ser profundamente entretenida. La acción nos sitúa en el año 1933 y nos cuenta la historia de cinco personas sospechosas de ser un misterioso «fantasma», un espía de un grupo de resistencia antijaponés. Atrapados en un hotel aislado, los cinco personajes deberán usar su ingenio para sobrevivir y escapar mientras sospechan unos de otros
Phantom es sobre todo una poderosa historia sobre mujeres que resisten, luchan y sobreviven. Pero, también es un relato sobre el honor, el sacrificio y la reivindicación de una identidad perdida. La película nos muestra como al fallar una misión para asesinar a nuevo gobernador japonés en Hanseong (la antigua Seúl) fracasa, los cinco sospechosos de ser el «Phantom» son encerrados en un hotel en la cima de un acantilado, donde un despiadado capitán japonés (Kaito) intentará descubrir —mediante tortura y manipulación— quién es el verdadero «Fantasma».
A priori, la premisa podría sonar a clásico thriller de encierro y traiciones, pero Phantom va más allá. En su primera mitad, el filme abraza plenamente los códigos del cine negro: mujeres fumando con elegancia bajo la lluvia (plano de las gotas cayendo a cámara lenta incluido), miradas cargadas de sospecha, proyecciones clandestinas y un diseño de producción que recuerda a Shanghai Express o incluso a La doncella (The Handmaiden), no solo por sus imágenes, sino por su subtexto erótico y sus protagonistas femeninas combativas.
También es cierto que la película se frena en su parte central. La tensión narrativa, que tan bien se construye en su primer tercio, se diluye cuando el relato se estanca entre personajes secundarios poco desarrollados —el joven tímido, el funcionario con toc, la secretaria histérica, el policía resentido por su doble origen— y un intento de whodunit que llega tarde y sin suficiente fuerza. Sin embargo, cuando la acción arranca de nuevo, Phantom vuelve a encenderse con una secuencia trepidante, que se convierte por su sí sola en un clímax estético y emocional de la cinta.
En medio del caos, las verdaderas intenciones de los personajes se revelan, y el hotel se transforma en un campo de batalla que enfrenta a opresores y a oprimidos. También es un momento en el que los lazos femeninos se consolidan, ofreciendo una visión del heroísmo basada en la sororidad y el sacrificio compartido, lejos del cliché de la «rivalidad entre mujeres».
El dúo femenino protagonista es simplemente magnífico y es el que sostiene el corazón de Phantom. Por un lado, tenemos al personaje de Cha-kyung (Lee Ha-nee), una mujer en apariencia frágil y tímida, pero que esconde una determinación y un coraje que se revelan de forma contundente; y por otro, tenemos a Yuriko (Park So-dam) quien se roba la película. El personaje, empieza como una caricatura de niña rica caprichosa adscrita al poder para transformarse, poco a poco, en una heroína brutal y despiadada. La actriz es capaz de pasar de la comedia más vulgar a un tono trágico imbuido de resignación con autentica maestría. Los que ya la hayan visto antes en Parásitos o en la estupenda serie El juego de la muerte, ya la conocerán, si no es una ocasión ideal para descubrir a Park So-dam.
En resumen
Con una estética visual que juega con tonos verdosos, los espacios casi teatrales del hotel y el uso de túneles y salas secretas, construyendo un universo cerrado, opresivo, pero estéticamente poderoso, Phantom triunfa con su mezcla de géneros. Con una música contenida y el uso expresivo del sonido, la película, más allá de su impecable acabado técnico, destaca por su capacidad de mezclar entretenimiento con una reflexión seria sobre el patriotismo, la memoria y el derecho a resistir.
A diferencia de otras cintas históricas que caen en el nacionalismo rancio, aquí hay espacio para la ambigüedad moral en ambos bandos. Nadie es completamente inocente, en una película que nos absorbe tanto por su estética como por su historia, y que es capaz de narrar un episodio histórico sin sacrificar el espectáculo.