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«Los sin nombre»: La sinrazón de la fe ciega o el arte de creer para sobrevivir

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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Vivimos en una era en la que la razón, la ciencia y los datos empíricos se han convertido en papel mojado para quienes alimentan teorías conspiranoicas y se valen de las redes sociales para cuestionar a cualquier experto porque sí. Nos movemos en un mundo en el que la verdad es contrarrestada por la manipulación, en el que las fake news ganan elecciones y la corrupción se sustenta en un sistema que se retroalimenta. Con una perspectiva tan negativa, a veces es bueno encontrarse con una serie que apuesta por adentrarse donde la emoción, el dolor y la esperanza empujan a sus personajes —y al espectador— más allá de lo racional. Ese es el caso de «Los sin nombre», la última serie original de Movistar Plus+ en colaboración con Filmax, que se estrenó el pasado 26 de junio. Un thriller psicológico con una premisa tan interesante como desgarradora que nos acaba atrapando gracias a su capacidad parar explorar terrenos donde lo real y lo sobrenatural se dan la mano.

Los sin nombre es una nueva versión de la novela de Ramsey Campbell que fue llevada al cine en 1999, bajo la dirección de Jaume Balagueró, que aquí ejerce como productor. Si la película transitaba por unos derroteros de lo más perturbadores, convirtiendo su visionado en toda una experiencia, la serie creada por Pau Freixas y Pol Cortecans explora la misma historia ampliando el relato. Así, a lo largo de sus seis episodios nos introduce en una atmosfera repleta de tensión y donde los personajes son enfrentados a una oscura realidad que se presenta fuera de toda lógica. En ese sentido, aunque hayas visto la película, la serie de Movistar Plus+ no dejará de sorprenderte, sobre todo porque nos ofrece un thriller alejado de los convencionalismos por lo que transita últimamente el género. Algo de agradecer en los tiempos que corren en el que las fórmulas se repiten, sin ofrecer nada nuevo.

La serie nos presenta a Claudia, interpretada por una magistral Miren Ibarguren, una mujer que pierde a su hija Ángela de forma traumática. Sin embargo, años después, justo cuando empieza a recuperarse del trauma, descubre que puede que su hija aún siga con vida. «Mamá, soy yo, Ángela. ¡Por favor, ven a buscarme!». Esta es la frase estremecedora que Claudia escucha por teléfono y que le dará esperanzas. Claudia recurrirá entonces a Salazar (un intenso Rodrigo de la Serna), el inspector que llevó el caso tras la desaparición, y a Laura (Milena Smit), la joven a la que Ángela, una niña especial con un extraño don, salvó (o eso es lo que algunos creen) la vida tras un grave accidente de tráfico. Juntos seguirán la pista de la pequeña a través de misteriosos lugares que esconden una verdad aterradora.

Los sin nombre plantea la investigación de misterio, un aterrador misterio, que sí podría resultar de lo más convencional. Sin embargo, a partir de un punto de partida en apariencia simple, pero brutal, la serie se transforma en una exploración profunda de lo que significa creer cuando todo parece perdido. A lo largo de sus seis episodios, seguimos a Claudia en un viaje no solo físico, sino también espiritual, que pone en duda sus creencias por el amor hacia su hija. Por eso, la serie de Movistar Plus+ sobresale sobre otras producciones de corte parecido, que siguen un patrón ya conocido, pero que más allá de una premisa interesante, no consiguen construir la atmosfera hipnótica que impregna cada episodio de Los sin nombre.

Más allá de la trama sobrenatural que salpica la serie, y de sus giros narrativos que nos dejan con ganas de más, Los sin nombre habla de temas universales desde una óptica emocional: el duelo, la culpa, la necesidad de redención. Junto al dolor de Claudia, está se verá acompañada por dos figuras igual de rotas que buscan respuestas a una existencia marcada por traumas irresolubles. Por un lado, Salazar (Rodrigo de la Serna), un inspector con un pasado trágico (niño robado durante la dictadura argentina), que se sigue culpando por lo sucedido con Ángela años atrás, y por otro, Laura (Milena Smit), una joven marcada por una experiencia cercana a la muerte que la conecta con la niña desaparecida. 

La serie, además, sobresale por su factura técnica. Desde el uso preciso de localizaciones que respiran misterio, hasta la cuidada dirección de fotografía de Julián Elizalde, pasando por la música de Arnau Bataller (tres veces nominado a los Goya) que potencia ese tono entre lo real y lo onírico, todo contribuye a generar una atmósfera inquietante que se cuela en lo cotidiano. Pero, Los sin nombre no sería tan impactante sin su trío protagonista. Ibarguren sobresale alejándose de su registro cómico habitual, en un papel repleto de matices. De la Serna encarna a la perfección la fragilidad del hombre que alguna vez quiso salvar y fracasó. Y Milena Smit aporta esa mezcla de vulnerabilidad y fuerza que la convierte en la imagen de los que creen a pesar de todo.

En resumen

El propio Pau Freixas, creador y director, resume a la perfección la historia: «Los sin nombre es un thriller con pequeños toques sobrenaturales y, aunque podríamos decir que plantea si los milagros existen, de lo que realmente habla la serie es de la necesidad de las personas de creer en algo».

Los sin nombre no es solo un thriller al uso. La serie reflexiona sobre esa grieta en la lógica que no siempre tiene explicación. Entre tantos estrenos que llegan a las plataformas, Los sin nombre apuesta por hacer sentir. No se limita a entretener; levanta la voz, nos remueve por dentro, nos recuerda a los peligros de la fe ciega. A veces, la esperanza va en contra de toda lógica, y el amor es suficiente para dar sentido a nuestras vidas. Ahora, te toca a ti creer, y acercarte a Los sin nombre. ¡Cuidado!, porque tal vez quedes atrapado.

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