No entendí el fenómeno creado en torno a «Háblame», ópera prima de los hermanos Philippou. Leí que era una de las cintas más terroríficas del siglo, que le ganaba en perturbación a cualquier film contemporáneo y que iba a suponer una revolución en el horror hodierno. Mi experiencia, absolutamente personal e intransferible, determinó que ni me inquietó ni me perturbó. Fue una enorme decepción.
Tres años después de aquel episodio traumático (siempre en términos cinéfilos), los hermanos Philippou estrenan Devuélvemela. El film, más comedido y controlable que la primera obra de estos hermanos oriundos de Australia, sigue un episodio pesadillesco en la vida de Andy y Piper, dos medio hermanos que, tras la muerte de su padre, deben mudarse con Laura, su nueva madre adoptiva. Una vez se instalen en su nuevo hogar, pronto descubrirán el infierno al que se van a tener que enfrentar.

Devuélvemela es un nuevo paso lógico en la filmografía de sus realizadores. Recupera el tema central de Háblame: la irremediabilidad de la muerte y los traumas que deja en los seres queridos del fallecido, los cuales deben tratar de afrontar su nueva vida, más similar al infierno que la propia muerte. En este caso, creo que los hermanos Phillipou han creado una obra mucho más redonda, empática y cruda que su predecesora. Aunque su premisa no es nada que no hayamos visto en reiteradas ocasiones, las motivaciones de sus personajes y la relación que tienen con la muerte me resulta interesante, emotiva y realista.
La gran responsable de que Devuélvemela triunfe en su cometido de inquietar y conmover es Sally Hawkins, quien nace siendo una estrella en una trama que le va como anillo al dedo gracias a su apariencia amigable y jovial. Su mera presencia intranquiliza al espectador, ya que, como los grandes villanos del cine de horror, es impredecible. Precisamente eso es algo que discierne respecto a la obra en sí misma: la predecibilidad.
Una casa apartada, símbolos satánicos y un sector del recinto que esconde un terrible secreto. Con apenas tres apuntes, el espectador más experimentado rememorará decenas de obras con esbozos similares. Todo ello, sumado a una historia que presenta pocas incógnitas, conduce al film a un terreno predecible y algo soso que empaña el resultado final, pero que no lo lastra tanto como para echar por tierra todo aquello en lo que sí brilla.
Devuélvemela es Háblame con tres años más de maduración. Este tiempo ha ayudado a los hermanos Philippou a conseguir mayores dotes para inquietar y perturbar con más realismo y sobriedad. Respecto a universo y posibilidades, Devuélvemela no goza del lore que Háblame sí que posee (de hecho, ya es oficial Háblame 2, próximo proyecto de los hermanos Philippou), pero consigue plasmar con mayor atino su idea de la muerte. Para mí, es un paso adelante en una filmografía que explora la muerte como Ari Aster aborda la familia o Robert Eggers la mitología y el folklore. Autores y películas así siempre serán necesarios para nutrir al horror de un mayor número de capas y trascendencia.