Durante años, el cine mantuvo una tensa relación con el videojuego. Aunque Hollywood invertía dinero, recursos y estrellas de su factoría en adaptar obras tan ilustres del mundo de las consolas como Street Fighter, Assassin’s Creed, Doom o Resident Evil, la recepción crítica nos acostumbró a no esperarnos nada bueno de unos productos audiovisuales que, además, traicionaban a sus propios fans. No obstante, en el último lustro parece que han sabido dar con la tecla. Uncharted, lejos de ser un éxito rotundo, no fue el despropósito que vaticinábamos; Sonic ha conseguido su propia trilogía cinematográfica; Super Mario Bros: La película fue uno de los grandes éxitos de 2024; y, por otro lado, la serie de TV de The Last of Us se ha convertido en uno de los grandes fenómenos audiovisuales de la televisión post Juego de Tronos.
En esta era de efervescencia videojueguil en el medio cinematográfico, Sony ha decidido apostar por darle una oportunidad a uno de los títulos de terror más populares de su factoría: Until Dawn. Deudora del cine slasher ochentero, nos traslada a la habitual cabaña pérdida de la mano de Cristo en mitad de la nada. Allí, un grupo de jóvenes incautos vivirán una noche de pesadilla donde el trauma, la paranoia y el infierno personal amenazan más que los terribles peligros que acechan en la oscuridad.
La premisa de la adaptación cinematográfica de Until Dawn probablemente perturbe a los feligreses del videojuego. «¿Dónde está Rami Malek?», se preguntarán mientras rechazan a este nuevo arquetípico elenco de personajes a cada cual más insípido. De entrada, no es el producto más apetecible. No solo la premisa, sino los primeros minutos de metraje invitan a pensar que vamos a salir escaldados de una experiencia típica, sosa e insoportable. Los prejuicios siempre están ahí; son inevitables. Sin embargo, es deber de todo buen espectador conseguir deshacerse de ellos y dar un voto de confianza a la obra que, previamente, nos hemos dispuesto a ver con toda nuestra atención. Para mi sorpresa, al poco esperanzador prólogo lo sigue más de una hora desvergonzada, divertidísima y más que estimulante.
Lejos de ser redonda, Until Dawn es un divertimento que respeta la mitología del videojuego a la vez que luce vida propia. Puede, en cierta manera, traicionar a sus fans. Incluso puede ser realmente mala para el gran público. Por suerte, poco importa eso en la experiencia personal de cada espectador. Personalmente, me parece un tipo de cine necesario que expande las posibilidades del medio, divierte y entretiene a partes iguales, y consigue desconectar al público del mundo real. Poco no es, aunque haya quien espere El Padrino en cada nuevo estreno.
En resumen
No me extrañaría leer cómo vilipendian a Until Dawn por ser excesiva y carecer de sentido. Ni siquiera respeta sus propios reglas, pero qué más da. Muy en la línea de lo que expone Jack Conrad en Babylon, el principio fundamental del cine debería ser llegar a la gente, entretenerla y conseguir que desconecte del mundo real. Obviamente, hay películas que trascienden ese principio, pero no podemos pretender que todas busquen esa inmortalidad. Algunas, como Until Dawn, se conforman con ser una de esas sorpresas que te da la vida.