La historia de amor entre Leonard Cohen y Marianne Ihlen, inspiradora de la canción que da título a esta serie disponible en Movistar Plus+, es una de las grandes historias románticas de nuestro tiempo.
Que un artista como Cohen, un poeta atormentado y de profunda voz pudiera vivir 7 años en la isla griega de Hidra sin apenas componer, perdido artísticamente, escribiendo libros que nadie compraba, sin un duro (la razón principal de ir a Grecia en los 60), y rodeado de otras almas perdidas que escribían, pintaban, recitaban y se colocaban rodeados del sol y el aire del mediterráneo es una de esas cosas inherentes a los años 60, una herencia de la Generación Beat, de la bohemia, de vivir el momento y encontrar auténticos paraísos que compartir con la gente que estaba en esa búsqueda contigo. Lo normal en esa época no era enamorarse, pero le tocó a Leonard. Se enamoró de Marianne.
Tratar de llevar esta historia a la pantalla suponía un reto por el carácter mítico de Cohen, un poeta de una trayectoria que ha marcado a generaciones y que ha dejado una colección de canciones y letras para toda la eternidad. Y el hecho de que Marianne no formara parte de esa vida, que sólo la tratara en esa isla griega durante ese periodo de tiempo, sin que pudiera vivir la posterior popularidad y éxito del autor canadiense hace que toda aproximación a esa época tenga una trascendencia que hace difícil que pueda llevarse a cabo con éxito.
Debido a estos condicionantes, Oystein Karlsen, creador (¿?) de esta serie, aprovecha este gancho tan fuerte en el imaginario popular para pasarse unas buenas vacaciones en Grecia. Nada que reprochar, salvo nuestro tiempo viendo el resultado de su trabajo. Pretender que con poner a una actriz rubia (Thea Sofie Loch Naess), un actor moreno de mirada melancólica (Alex Wolff) y un montón de casas blancas (vale, es Grecia de verdad) y con ello lograr transmitir esta historia era demasiado pretender, y aunque por momentos deseas sentirte trasladado a Hidra tú también, lo cierto es que en ningún momento esta serie lo consigue.
Y luego están las licencias dramáticas. Señor Karlsen, hablamos de un mito romántico
El planteamiento de la historia, justamente indicado como inspirado que no literalmente descrito, hace que dichas licencias narrativas sean muy desafortunadas. Leonard Cohen se enamoró de Marianne Ihlen a primera vista, repentinamente, y estuvo enamorado de ella hasta el final de la vida de la que consideraba su musa. En esta serie dicha musa es una más en la isla, tampoco hay fascinación en su primer encuentro, y parece que Leonard no se diferencia demasiado del primer marido de Marianne, un escritor cínico y egoísta que no dudaba en engañarla y dejarla sola con el hijo que habían tenido a la menor ocasión.
Trastocar eso, hunde la historia en la monotonía de unos lugares comunes que ahogan el enigma de la canción «So Long, Marianne”. De repente suena Cohen y se suceden sobre esa canción diversas escenas que más o menos dicen lo mismo, añadiendo banalidad e insistencia en el mensaje a la ya de por si monótona narración. Es casi una traición al espíritu de lo que era Cohen en Hidra, un escritor fracasado, pero perdidamente enamorado y feliz. Los planos aéreos de la isla de Hidra son tan repetitivos como inútiles, el paraíso no estaba en el paisaje exterior, era en el interior de los personajes, todos artistas (y en el LSD, claro). Esa historia de 7 años condensada en una serie puede que no aporte nada nuevo, al final la vida en el paraíso es plácida, aunque frustrante creativamente; es lo que tiene ser feliz, te falta el sufrimiento como inspiración poética.
Desde luego a este propósito no ayuda el salir de la isla en los innumerables y en muchas ocasiones innecesarios flashbacks que te sacan permanentemente de la ensoñación, rompen el contexto y te devuelven a la realidad, a las cosas que más bien quieres olvidar como la relación con tu familia o las responsabilidades que has dejado atrás. La propia escena del regreso a Noruega de Marianne, para dar a luz a su hijo, es totalmente gratuita, como rellenar un formulario, una explicación y un desarrollo de los hechos que nadie pide y nadie espera ni leyendo sobre ésta historia, ni viendo esta serie. Y ahí está, descrita hasta con diálogo paterno filial incluido.
Hay una especie de equilibrio muy difícil de conseguir en esta coproducción, como si fuera necesario para contar la historia de un periplo por los tres países, Noruega, patria de Marianne, Canadá, patria del poeta, y Grecia, en dónde transcurre la historia. Una eterna referencia a de dónde vienen y a dónde se dirigen los personajes, con la artificiosidad de ese metraje en blanco y negro como para distinguir entre localizaciones o entre el presente y el pasado.
No centrar la historia desde el inicio solo puede corresponder a una intención de contar algo más de lo que ya se sabe, cuando la historia de amor es lo verdaderamente importante.
Volviendo precisamente a la historia de amor, hay un documental también en Movistar Plus+, de una hora y pico, que es mucho más concreto y está más lleno de sugerencia, de poesía y de romanticismo existencial que cualquier episodio de esta serie. Y luego está ese algo en la luz y el paisaje de Grecia, de las islas griegas, que no parece posible trasladar a una ficción, pero sí a la fotografía como reflejo de la sensibilidad de toda una época. Debe de ser algo único, ya que tantos artistas han sucumbido a sus encantos, y han encontrado la inspiración en sus paisajes, desde Henry Miller a Patrick Leigh Fermor.
En la habitación de un hospital de Oslo, Marianne Ihlen, enferma de leucemia, recordaba a Leonard mientras leía la última carta que Cohen le había escrito al enterarse de que se estaba muriendo. Tras la muerte de ambos, con pocos meses de diferencia, la carta que le escribió se hizo pública:
Bueno, Marianne, ha llegado el momento en el que somos tan viejos y nuestros cuerpos se están desmoronando, que creo que te seguiré muy pronto.
Estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, podrás alcanzar la mía. Sabes que siempre te he querido por tu belleza y por tu sabiduría, pero ahora solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Mi amor infinito, nos vemos al final del camino.
Leonard.
Coo admirador de Leonard Cohen no puedo estar más en desacuerdo con el contenido de esta crítica. A mí la serie me ha parecido respetuosa, entrañable y muy bien ambientada en tiempo y lugar. Se ciñe bien a lo que se conoce de la permanente duda existencial de Cohen. Yo la recomiendo encarecidamente.