El buen sabor de boca que me dejó «Winnie the Pooh II: El bosque sangriento» consiguió que mi interés por el universo de la infancia retorcida, conocido coloquialmente como Poohniverso, creciera exponencialmente, lo que despertó en mí las ansias, tampoco muchas, por ver el siguiente capítulo de este peculiar proyecto. Este nuevo episodio está protagonizado por Peter Pan y, sobre el papel, esta versión retorcida del personaje creado por James Matthew Barry parecía tener mucho potencial. Lamentablemente, casi todo ese potencial es desaprovechado miserablemente.
El mayor problema de Peter Pan: Pesadilla en Nunca Jamás es el no tener nunca claro qué hacer con su maléfico protagonista. Todo en él está muy mal desarrollado. ¿Es un ser sobrenatural? ¿Es un pedófilo? ¿Es tan solo un asesino de niños? Uno se queda con la sensación de que ni los propios guionistas lo tienen claro. Parece que juegan al despiste, cuando en realidad lo que sucede es que ni ellos mismos saben qué líneas pueden cruzar sin fastidiar toda la narrativa del Poohniverso. Y eso es muy raro, viendo que uno de los escritores es Rhys Frake-Waterfield, responsable de las dos entregas protagonizadas por Winnie the Pooh y creador de todo este embrollo. A lo mejor el problema aquí es que el rol de showrunner le viene un pelín grande
La historia es otro ejemplo de catástrofe. Es increíble que, siendo una narración tan lineal, sea a veces tan confusa. A uno le queda claro qué es lo que hace especiales a los niños que secuestra Peter; lo que no acaba de tener claro es por qué son especiales para él. Además, en esta parte hay una laguna, una de muchas, que no deja muy clara la función que juega el primer niño víctima de Peter. Entiendo cuál es su destino, o me parece entenderlo, pero no la motivación que lleva a Peter a hacer lo que hace con él. ¿Solo porque es un psicópata? Tan solo se nos presenta una premisa y que cada uno rellene los huecos como buenamente pueda. Es un guion escrito entre la incompetencia y la mayor de las perezas.
A todo esto, hay que añadir una auténtica retahíla de ideas tomadas prestadas de otros títulos de terror. Desde un arranque, que curiosamente es de lo mejor de la película, que bebe directamente de It, a todo lo relacionado con el cautiverio de Michael, el niño al que secuestra Peter Pan, que es una copia descafeinada de Black Phone. Sumad a esto una dosis de violencia cafre y bastante gratuita, la influencia de la saga Terrifier es más que evidente, y el resultado es un cóctel que se ingiere con suma facilidad a pesar de no saber a nada.
¿No hay nada aprovechable en Peter Pan: Pesadilla en Nunca Jamás? Algún destello de calidad tiene, pero se malbarata rápidamente. Como el personaje de Campanilla, al que al principio tememos, luego compadecemos y finalmente ignoramos. O la escena del autobús escolar, desperdiciada totalmente por temor a ser políticamente incorrecto o por el qué dirán. Pocas cosas más se pueden rescatar.
Lo peor de todo es que, para ser una película de terror, es incapaz de generar el más mínimo momento de tensión. A pesar de lo turbio de su historia, no sabe incomodar al espectador. Es que ni siquiera es capaz de recurrir a los tan manidos jump scares para conseguir algún sobresalto. Y si la analizamos como slasher, el resultado no es mucho mejor. Si bien es cierto, y cómo citaba anteriormente, que la violencia es a veces muy gráfica, no es menos verdadero que el número de muertes es bastante escaso. No es que en este aspecto no aguante la comparación con los clásicos del género. Es que ni siquiera lo aguanta con Winnie the Pooh II: El bosque sangriento. Aquella era trepidante, bestia y divertida. Esta es una enorme mediocridad.
Lo mejor que le puede suceder a Peter Pan: Pesadilla en Nunca Jamás es que las próximas entregas del Poohniverso, dedicadas a Bambi y Pinocho, suban el nivel, cosa no muy difícil, y que la futura reunión de todos los personajes en Poohniverse: Monster’s Assemble sea tan gloriosa como se nos ha prometido que va a ser. Esta sería la única manera de que esta película transcienda en el tiempo. Pero vamos, lo veo poco probable.