InicioBlog"Paris 70": emoción en corto

«Paris 70»: emoción en corto

Tienes que leer

Carlos Muñiz Vidal
Carlos Muñiz Vidal
Intento huir de las películas y las series, pero ellas me persiguen. Desde mis estudios de audiovisuales a mi trayectoria profesional en canales temáticos, puede que sea yo el que las persiga a ellas. Fascinado por las historias desde siempre, sean éstas a través del cine, la literatura, el teatro o la televisión, en esta época de plataformas intento buscar esa fascinación oculta en el algoritmo que nos impide descubrirlas.
Publicidad
Publicidad

El próximo 19 de enero se elegirán los nominados a los Oscar de la Academia de cine norteamericana, toda una lista de nominados que, en una de las categorías especialmente, la de cortometrajes de ficción, supone una carrera muy desigual ya que la variación en presupuesto y en la variedad de temáticas hacen que el elenco a elegir sea inmenso

En esta categoría hay un cortometraje español que está entre los últimos 15 finalistas. No es el único español (el otro es La gran obra, de Alex Lora), pero su visionado, disponible en Filmin, es la prueba de que este formato audiovisual es capaz de conmover independientemente de su limitado metraje, y las circunstancias de su producción, de lo que cuenta, de como lo cuenta, lo convierten en una especie de milagro audiovisual.

Dirigido por Dani Feixas Roca, escrito por Nach Solís, a duras penas financiado, en catalán en su idioma original y que cuenta la relación entre una madre con alzheimer y su hijo, este corto ha estado pleno de nominaciones (Goya y Forqué), y llega a la carrera final de los Oscar con grandes posibilidades de entrar en la terna finalista avalado por su trayectoria.

Con semejante palmarés, ¿qué contará esta pequeña gran obra?

Pues cuenta algo tremendamente emocionante en 14 minutos. Ni más ni menos.

El ritmo de los cortometrajes es muy particular, no solamente porque están limitados a la duración (aunque la horquilla de la misma es muy variada), sino porque parece que cuando de un cortometraje se trata, o cuentas algo gracioso, como un chiste en imágenes (recuerdo uno memorable de Faemino y Cansado), o haces un ejercicio de virtuosismo visual, una especie de experimento que no puede soportar el visionado de más de cierta duración, como Lo sguardo di Michelangelo, de Antonioni, donde una sucesión de imágenes del David de Miguel Angel, sin diálogos, eran contemplados por el gran director italiano. Algo así en 2 horas sería difícil de aguantar.

Luego están las historias que no son una cosa ni la otra, que duran lo que duran y no deberían durar más, porque en ese ratito cuentan perfectamente algo. Recuerdo un corto italiano que contaba como dos autobuses se cruzaban en una calle, y mientras permanecían uno al lado del otro, un chico y una chica se sentían atraídos cruzando la mirada durante esos breves segundos, e intentaban escribirse el número de teléfono con el dedo en el cristal de la ventanilla aprovechando el vaho. Solamente contaba eso, en apenas un par de minutos, pero te enganchaba.

Todas estas narraciones perfectamente válidas como producto audiovisual, se alejan de lo que consigue este cortometraje, que es nada más y nada menos que el valor puro de la emoción.

Historias como ésta, la cual sería casi contraproducente contarla en más tiempo de sus 14 minutos, se nos volverían insoportables emocionalmente si duraran más tiempo.

Las interpretaciones de Luisa Gavasa y Alain Hernández son asombrosas, el dolor y la ingenuidad del hijo y de la madre respectivamente consiguen meterte de lleno en la historia sin apenas preliminares, sin anestesia. Es que no hay tiempo, es un corto, y el mérito de hacerlo es enorme.

Diría que a nivel interpretativo, es incluso más difícil actuar en un corto que en un largo, ya que tienes menos oportunidades para atrapar al espectador, pero éstas dos interpretaciones consiguen con los elementos y el tiempo algo tremendamente difícil en una ficción: conmover.

Feixas dice que esto en un corto se consigue con un mensaje social, pero yo he visto multitud de cortos que lo hacen con casi cualquier historia, como la que mencionaba del autobús.

Así como no hay humor bueno y humor malo, (lo que a alguien le hace gracia, otro no lo entiende) tampoco hay historias para cortos y historias para largos, pero es posible que esta historia en concreto, descarnada, tremendamente emocionante, cruel en ocasiones, tiene la medida justa para desarrollarse no mucho más allá de su metraje, ya que, si se alargara, podría llegar a ser verdaderamente insoportable.

Las mentiras blancas, expresión del propio Feixas, que se utilizan en la historia para poder sobrellevar esta terrible enfermedad a una especie de normalidad consentida probablemente serían menos llevaderas durante 90 minutos. Feixas ha comentado que esta historia va a intentarla convertirla en un largometraje. Esperemos y veamos, de momento la condensación del lenguaje de un cortometraje contiene el timming perfecto para ella.

Los esquemas repetitivos visualmente, las pautas, las repeticiones de situaciones, también son una herramienta en los cortos, especialmente debido a que prolongan el metraje sin agotar recursos: cuando repites una misma toma, pero que en realidad cambiando los diálogos para hacer avanzar las cosas, estás economizando mucho y esto en los cortos es casi tan importante como el reparto y su viabilidad depende de ello.

La cadencia de la historia nos obliga (éstos cortos, siempre con condiciones) a meternos de lleno en el conflicto sin esperar, a concatenar situaciones que en un largo se alargan, en muchas más ocasiones de las que deberían innecesariamente.

Por ello esperamos que una propuesta como ésta tenga el reconocimiento que se merece, el que da entrar en las nominaciones a los Oscar, sería una estupenda noticia para el cine en corto en España, y para proyectos que merece la pena contar, independientemente de su duración.

Hacer llorar en 14 minutos de corto es complicado, casi no te da tiempo a meterte en cualquier historia, y por ello el resultado lo hace más memorable.

Y Feixas junto a Solís no solo lo consiguen, sino que hacen algo todavía más increíble. Que sientas inmediatas ganas de coger el teléfono y llamar a tu madre.

Publicidad
Contenido patrocinado

Últimas entradas

Escapa TV: abriendo tu mirada al mundo

En un panorama audiovisual cada vez más fragmentado y dominado por las grandes plataformas internacionales, escapaTv ha logrado construir...

DEJA UNA RESPUESTA

¡Escribe tu comentario!
Por favor introduce aquí tu nombre

Publicidad

Más artículos como este