No es fácil reinventarse. El éxito de antaño no asegura ni siquiera la supervivencia en el presente. Los tiempos cambian, y con ellos, las tendencias aupadas por el público. Universal vivió este fenómeno en carne propia a través de su perezoso intento de confeccionar el Dark Universe (universo cinematográfico contemporáneo sobre los monstruos clásicos del cine). En teoría, «La momia» de 2017, protagonizada por el infalible Tom Cruise, iba a ser la primera piedra de un universo cinematográfico que nació muerto y que iba a incluir nombres tan potentes como Javier Bardem, Johnny Depp o Russell Crowe. De un día para otro, las esperanzas de resucitar a Frankenstein se desvanecieron.
La fiebre de los universos cinematográficos, auspiciada por el histórico éxito del Universo Cinematográfico Marvel, se esfumó y obligó a la Universal a decantarse por otros derroteros. Estos pasaron a rehuir de los crossovers entre personajes e incentivar el protagonismo único de esos monstruos que tanto aterrorizaron en el pasado. El hombre invisible fue el primer intento de Universal en ese sendero. Primer intento muy fructífero que convirtió un modesto presupuesto de 7 millones de dólares en 145 millones. La hoja de ruta estaba clara: presupuestos bajos, directores solventes (Leigh Whannell es uno de los mejores directores del terror mainstream contemporáneo) y películas únicas, sin post-créditos, secuelas o spin-offs. Tras el éxito incuestionable de El hombre invisible, llega la segunda película de esta nueva era de los monstruos clásicos de la Universal.
Hombre Lobo (Wolf Man) es una actualización de la mítica leyenda del Hombre lobo. Protagonizada por Christopher Abbott (Possessor, Poor Things), sigue a Blake, un padre de familia que vuelve a la granja de su padre tras el fallecimiento de éste en extrañas circunstancias. Acompañado de su mujer y su hija pequeña, Blake deberá enfrentarse a una criatura desconocida que amenaza la supervivencia de su familia.

Una máxima en el cine es no engañar al espectador. No hablo sobre la narrativa o la construcción del relato, sino sobre el producto. Nada rechaza más el público que sentirse estafado tras depositar diez euros y dos horas de su vida para ver una película. En ese sentido, Hombre Lobo (Wolf Man) es incuestionable. No es ni más ni menos de lo que promete ser. Es un entretenimiento de acción y horror con un monstruo en forma de Hombre lobo. Sin más. No podemos pedir más porque en ningún momento ha prometido ser más que eso. Para cumplir ese cometido, Universal ha vuelto a recurrir a Leigh Whannell, director de El hombre invisible y pieza clave del cine de horror mainstream. Desde que protagonizara la primera entrega de Saw, Whannell ha sido un nombre íntimamente ligado al terror moderno. Dio el salto a la dirección con la nada desdeñable tercera entrega de Insidious, y tres años después estrenó la interesante Upgrade. Su consolidación llegó con la anteriormente mencionada El hombre invisible, que se convirtió rápidamente en un fenómeno en pleno COVID. Esta trayectoría le ha servido para dirigir su segunda revisión de un mito del horror.
Hombre Lobo (Wolf Man) es un producto perfecto para el gran público. Trae de vuelta a un monstruo conocido por todo el mundo, tiene una narrativa ligera y sin pretensiones, su dirección es solvente y atractiva y tiene un trasfondo fácilmente accesible. Sí que se le puede achacar que es muy previsible y saca a relucir su alegoría sin complejos, además de que comete los mismos errores que El hombre invisible, ya que subestima al público y se lo da todo en bandeja de plata. La ambigüedad brilla por su ausencia y, consecuentemente, las lecturas quedan reducidas exponencialmente. La relación padre e hijo, las consecuencias que esta deja en la psique del hijo cuando debe adoptar el rol de padre con su propia hija, las heridas reabiertas en su regreso a casa, el mal que atesora el alma cuando esta ha sido perturbada desde la infancia… temas que realmente interesan si no son tan obvios como en Wolf Man.
Difícilmente Hombre Lobo (Wolf Man) será un fracaso en taquilla (25 millones de presupuesto), pero tampoco es un paso adelante en el camino de Universal en su trayecto hacia la gloria. Reinventarse siempre es necesario, pero sí es con tan poca ambición, mejor dejar la cripta cerrada.