Decía Brendan Fraser en su discurso posterior a ganar los Critics Choice Awards que Darren Aronofsky -«Requiem por un sueño», «Cisne negro», «El luchador»- le había conseguido encontrar y traer de vuelta de la oscuridad donde él se encontraba. Que después de unos años muy turbulentos en su vida, con depresión y otras enfermedades mentales, Darren le había dado la oportunidad de volver a ponerse bajo la luz de los focos y brillar haciendo su trabajo otra vez. Creo, sinceramente, que ese discurso define muy bien todo lo que es «La ballena». Una película que nos habla de las sombras de las personas, y de su camino de redención yendo hacía la luz.
La ballena, que llega a nuestros cines hoy viernes 27 de enero, es una película que trata sobre la vida de Charlie, un hombre de unos cincuenta años que vive solo en su apartamento y que, a raíz de ciertos malos momentos que se nos explicarán durante el metraje, se ha ido dejando poco a poco hasta el punto de alcanzar los 270 kilos de peso y acumular, con esos kilos, una lista enorme y larguísima de problemas de salud asociados. Los problemas de movilidad o respiratorios se hacen patentes muy pronto en la película, pero no son los únicos.
La cinta de Aronofsky se construye toda alrededor de su personaje principal, Charlie, poniéndole siempre en el foco de todo lo que va a ocurrir en la película, pero apoyándose en una serie de secundarios de absoluto lujo que van a ir pasando por la vivienda por distintos motivos. Aquí tenemos a dos especialmente claves: Por un lado, a Hong Chau -que acaba de ser nominada al Oscar por actriz secundaria- que hace de enfermera de Charlie y que es ese personaje con el que Charlie se siente más cómodo dentro de su micro mundo y nos permitirá explorar el pasado común de ambos. Y por otro a Sadie Sink, que nos entrega aquí el mejor papel de lo que lleva en su jovencísima carrera -y que la sitúa en esa lista de actrices jóvenes a seguir-, y que hace de la hija de Charlie. Hija a la que este último intenta recuperar cueste lo que cueste.
Así que, una vez puestas las piezas en el tablero, la película arranca y lo hace con una fuerza brutal. Aronofsky es un tipo muy listo y, a pesar de contar con el hándicap de que toda la película sucede en un apartamento, sabe aprovechar a la perfección los espacios para evitar que le quede excesivamente teatral. Va colocando, y moviendo, la cámara y a sus personajes durante toda la película para que lo importante no sea el espacio sino ellos. Que, a la postre, son clave en la historia que se nos cuenta.
La ballena es una película de personas. Es una cinta profundamente humanista. Y es una cinta que toca temas que, obviamente, a algunos pueden incomodar. Creo que es más que necesario tratar las problemáticas que se tratan aquí sin ninguna condescendencia y, visto el resultado, creo que lo han conseguido y con creces. No solo porque la película tenga unos momentos emotivos tremendos, que los tiene, sino porque es capaz de gestionar muy bien los momentos más duros y que se suelen dejar bajo la alfombra haciendo que nosotros, como espectadores, podamos conectar con ellos. Y sufrir con ellos. Acercando, de esta manera, estos problemas al gran público huyendo de convencionalismos y de simplificaciones vanas.
Por último, no quiero cerrar mi opinión sin hablar de Brendan Fraser. Se ha dicho mucho de él y de su «Comeback» durante estas semanas. Sinceramente, a mí la narrativa de vuelta al estrellato, tan Hollywood, me parece que queda en un segundo plano cuando alguien hace una actuación del calibre de la que el actor norteamericano hace en esta película. Brendan se ha transformado en Charlie a todos los niveles y le da vida de una forma difícilmente olvidable. Y no lo digo solo por las prótesis y todo el resto de cosas que le ayudan a transformarse, sino por aspectos tan sutiles, pero funcionales, como la mirada. Fijaros en la mirada de Brendan en los momentos más dramáticos de la cinta. O en como mira a su hija cuando discuten. El trabajo actoral de Fraser llega tan lejos que cualquier cosa que no sea ganar el Oscar -y eso que tiene una competencia brutal, porque vaya dos papelones hacen tanto Farrell como Butler- me parecerá una injusticia tremenda.
En resumen
Al final del día, creo que sin Fraser esta película no podría funcionar. Al igual que ocurrió con Cisne negro, del propio Aronofsky, con una Natalie Portman absolutamente excelsa que, sin ella, esa película no habría funcionado como funciona. Centrar todo en el actor/actriz tiene sus riesgos. Pero aquí, en mi opinión, el riesgo se anula con mero talento consiguiendo introducirnos a todos en esta compleja, pero preciosa, historia de personas que sufren y buscan una salida. Recomendadísima.