De entrada, cuando me dijeron que llegaba a la cartelera la enésima película de exorcismos me dio una pereza enorme. Vale, tal vez no hay tantas, pero a mí me parece que ya hay muchas. Cuando me dijeron que el director era Daniel Stamm, responsable de ese estimable título de la misma temática que es «El último exorcismo», empecé a desperezarme. Y cuando finalmente me dijeron que el protagonismo recaía en una monja teñida de rubio platino que para enfrentarse a Satán se ha formado en una escuela para exorcistas, creció de golpe en mí un interés desmesurado por ver dicha película. Una vez vista «Reza al diablo», os puedo decir que valió la pena desperezarse e ir al cine a echarle un vistazo.
Pero que las últimas palabras del anterior párrafo no os lleven a engaño esperando encontrar aquí un título reivindicable. Estamos ante una medianía de película absoluta. Lo cual tampoco tiene porque ser malo. Hay un intento por ofrecer algo nuevo, pero acaba sumergido en un mar de tópicos y clichés vistos mil veces. Y repito, tampoco eso tiene porque ser malo siempre y cuando utilices sabiamente esos tópicos y clichés. Pero este, por desgracia no es el caso.
En la parte de ideas interesante de Reza por el diablo encontramos que, por una vez, el protagonismo recae en una monja y no en un sacerdote. Aquí, además, hacen que la protagonista acarree consigo un trauma infantil, ya que su madre fue poseída por Satán y la maltrataba. Así pues, tenemos a una monja teñida de rubio platino llamada Ann que está traumada por culpa de su endemoniada madre y que decide asistir a clases a una escuela de exorcismos. Allí, y viendo que tiene capacidades innatas para enfrentarse a Lucifer, los mandamases decidirán otorgarle una misión hasta ese momento reservada solo a los hombres: realizar exorcismos. En este punto parece que la película quiere lanzar un mensaje feminista, pero rápidamente eso queda en agua de borrajas.
En defensa de Reza por el diablo hay que decir que logra aguantar el tipo más que dignamente durante dos tercios de su metraje. Desde una secuencia inicial cargada de tensión, y en la que nos ofrecen una pequeña muestra de cómo nació el trauma de la protagonista, hasta los dos primeros exorcismos en los que participa Ann, especialmente el que le practica a la niña llamada Natalie, con varios momentos bastante impactantes. Desgraciadamente, en su última parte la película se desinfla muchísimo.
Y es que parece difícil de creer que se puedan cometer más despropósitos en apenas treinta minutos. Después de esforzarse por ofrecernos un relato más o menos original y elaborado, Reza por el diablo acaba tomando decisiones más que cuestionables. No es que, como apuntaba antes, la película caiga en varios tópicos. Eso se puede perdonar. Es que su mayor defecto es que acaba metiendo con calzador varias ideas y decisiones que no tienen el más mínimo sentido. El problema es que a pesar de ser ilógicas muchas de ellas te las hueles a la legua. Encima de ineptos, predecibles. Además, ese último tramo peca de una narración atropellada. Parece que o bien no supieron desarrollar correctamente la línea argumental que nace de una drástica decisión que toma Ann o que la película ha sufrido un tijeretazo importante mermando con ello al relato. Para completar el desastre, llegamos a un clímax final con ínfulas de ser espectacular y que en líneas generales es ridículo y desastroso.
En resumen
Una vez hecho el computo total, hay que decir que Reza por el diablo consigue un aprobado sin sufrimientos. Si bien es cierto que nada en ella es memorable, tampoco la parte mala es que vaya a ser un sacrilegio importante. Es más, para acabar de ganarse el aprobado, la película nos ofrece una escena final de lo más estimulante. Con eso logra quitarte en parte el mal sabor de boca que te provoca calamitoso desenlace.
Un apunte digno de mención: entre los secundarios podemos encontrar la siempre agradable presencia de Virginia Madsen e interpretando al Cardenal responsable de la escuela de exorcistas tenemos a Ben Cross, que ya interpretó a un sacerdote que hacía frente a Satán en esa olvidada y olvidable serie B ochentera que es Reto al diablo. Dato, este último que doy, solo para quedar como un repelente y puto listillo.