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«Anatomía de un escándalo»: un thriller de andar por casa

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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No es fácil ni conveniente ofrecer un juicio de valor sobre una serie con solo un episodio o dos como referencia. Desde hace tiempo, salvo contadas excepciones, intento ofrecer mi humilde opinión sobre determinadas series una vez he acabado de verlas hasta el final. Y, aunque en el caso de «Anatomía de un escándalo» su comienzo era de lo más prometedor, una vez vistos sus seis episodios, mi sensación es que, aunque la premisa es interesante (aunque mil veces narrada con anterioridad), todo en esta serie de David E. Kelley y Melissa James resulta previsible y repetitivo. Es decir, que los seis episodios de los que consta «Anatomía de un escándalo» se podrían haber resumido perfectamente en la mitad, ya que lo que se nos presentaba como un intenso thriller psicológico con juicio mediático, no solo en los juzgados, de por medio, la serie se queda en tierra de nadie.

Anatomía de un escándalo - Netflix
David E. Kelley es el creador de esta nueva serie de Netflix

Estrenada el pasado 15 de abril en Netflix, Anatomía de un escándalo nos presenta a matrimonio Whitehouse cuya idílica existencia iniciará un descenso a los infiernos. James (Rupert Friend) es un político de éxito, un ministro de gran popularidad. Su mujer, Sophia (Sienna Miller), una esposa y madre entregada ha supeditado su vida a la carrera de su marido. Sin embargo, cuando se descubre que James ha mantenido una aventura con una de sus ayudantes (Naomi Scott), que más tarde le acusará de violación, todo el mundo perfecto y sin fisuras creado por Sophia se vendrá abajo.

Anatomía de un escándalo - NetflixAnatomía de un escándalo parte de una premisa, a priori interesante, aunque ya vista en multitud de ocasiones en otras series y películas. Así que conviene preguntarnos ¿Qué podría ofrecer que fuera novedoso esta serie de Netflix? Más allá de encontrarnos con un thriller psicológico que también transita entre el drama familiar y el judicial, Anatomía de un escándalo contaba con suficientes ingredientes para no ser un producto más dentro de la ingente oferta de Netflix. Una serie que trata un tema tan candente como la denuncia de abusos sexuales y de poder tras el #MeToo, la «protección» que se establece alrededor de las figuras más privilegiadas de la sociedad, la presencia de todo un experto en dramas judiciales como David E. Kelley y trío protagonista que para sí querrían muchas producciones. Y, a pesar de todos estos factores positivos, Anatomía de un escándalo termina siendo un batiburrillo de ideas mal ejecutadas, quedando todo supeditado a varios giros de guion que deberían ser sorprendentes, pero que terminan siendo algo ridículos.

Anatomía de un escándalo - NetflixEl contar con tanto a su favor hace aún más frustrante ver el resultado final de una serie que podría haber sido mucho mejor. Anatomía de un escándalo se preocupa más por las formas que, por ek fondo, y eso termina lastrando una historia de profundo calado que en ciertos momentos parece hecha para espectadores a los que se respeta poco. En ese intento por ser innovador y «moderno», la serie de Kelley y James apuesta por mostrar de forma literal la desestabilidad emocional de los protagonistas al final de cada episodio. Por ejemplo, cuando James (Rupert Friend) recibe la noticia de la acusación de violación, literalmente es lanzado hacia atrás en el aire como si hubiera recibido un puñetazo en la boca del estómago. Este efecto tan literal busca sorprender al espectador y pretende mostrar cómo se siente el protagonista, pero su repetición a lo largo de la serie acaba siendo cargante.

Anatomía de un escándalo - NetflixBasada en la novela de Sarah Vaughan, Anatomía de un escándalo muestra el lado más oscuro de la sociedad más privilegiada, pero lo hace de forma torpe y artificial. Lo que debería ser un retrato contundente sobre la relación entre el poder, la manipulación y el consentimiento, termina convertido en un relato que aborda con demasiada ligereza y nulo acierto el problema de las agresiones sexuales y las acusaciones de violación. La miniserie, a lo largo de sus seis episodios no consigue encontrar el tono, alejándose de la realidad que debería mostrar y elevándose peligrosamente hacia un estilo pretencioso y carente de empatía. Tal vez estemos abrumados de tanta realidad plasmada en la ficción, pero a la hora de narrar ciertos temas hay que tener los pies en la tierra, y no transitar por un mundo irreal en el que todo parece forzado y un poco absurdo.

En resumen

Es cierto, que los seis episodios de Anatomía de un escándalo se pasan volando, sobre todo porque siempre están ocurriendo cosas, y el guion intenta sorprendernos con algunos giros muy locos. Sin embargo, toda la historia en sí resulta anodina y sin gracia. Un caso tan grave como el del abuso de poder y la violación, acaba siendo tratado de una forma torpe y carente de sentido. Si a esto le unimos, unos personajes que no parecen vivir en nuestra realidad, el conjunto da como resultado una producción con un bonito envoltorio, pero sin nada dentro. Solo Sienna Miller se salva, en una serie, que sin duda fue éxito de audiencias en Netflix, pero que perdió la oportunidad de marcar la diferencia.

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