Por fin llega a Filmin, una de las películas internacionales más alabadas del año tras conseguir varias nominaciones en los mismísimos Oscars. Intentó repetir la hazaña de «Parásitos», pero sólo logró la estatuilla a Mejor Película de Habla No Inglesa. Los académicos españoles, como casi siempre, se lo habían puesto algo más fácil al no enviar a las «Madres Paralelas» de Almodóvar, dada la devoción de Hollywood por Pedro, pero ese es otro tema. «Drive My Car» parece una película de otro mundo, por lo que cuenta y cómo lo cuenta durante sus casi 3 horas de duración.

La vida va dejando heridas, algunas muy difíciles de cerrar: la pérdida de un ser querido, la perdida de tu gran amor o la pérdida de tu salud. La película japonesa se centra en los ojos y el coche de un dramaturgo al que le ofrecen dirigir una obra de teatro en Hiroshima. A través de los numerosísimos viajes en el coche rojo clásico del protagonista iremos conociendo las desgarradoras historias de todos los que montan en él.
Drive My Car tiene alma. Ninguna película se atreve a poner sus títulos de crédito iniciales pasados los 30 minutos de metraje. Se toma su tiempo en presentar los personajes y su conflicto, pero una vez que lo hace, el espectador navega con delicia por el sufrimiento de los protagonistas. Refleja esperanza para todos, por muy horroroso que sea su pasado. El que la mayoría de su metraje se desarrolle por las calles de Hiroshima es un claro ejemplo de que hay vida más allá del horror.
Una historia para reflexionar sobre la importancia de las personas que te rodean, ya sean las que eliges, ya sean las que te acompañan en tu trabajo, o las que son de tu sangre. Habla de la importancia de escuchar a los que tienes cerca y conversar. Te aportarán mucho y te ayudarán a mejorar siempre. La película de Tamaguchi trata estos temas con mucho respeto y un ritmo pausado. Nunca unas imágenes del tráfico habían sido tan hipnóticas. Nadie quedará indiferente tras visionarla, pero tiene que tener paciencia y una mente abierta.