Han llegado cuatro nuevas historias para no dormir. Esta vez, servidas en la plataforma de Amazon Prime Vídeo, pero lamentablemente, he de reconocer que me han decepcionado casi todos sus nuevos intentos por buscar una buena narrativa terrorífica.
Soy muy fan de Chicho Ibáñez Serrador y reconozco que me quedé muy satisfecho e impresionado con el proyecto que se recuperó en 2006: Películas para no dormir, en el que participaron directores de renombre del cine de terror y suspense en España: Alex de la Iglesia, Mateo Gil, Paco Plaza, Jaume Balagueró, Enrique Urbizu y hasta el propio Ibáñez Serrador incluyó su propia producción. En mi opinión, hicieron un gran trabajo, pues La habitación del niño o Para entrar a vivir, por ejemplo, me provocaron verdaderos y auténticos escalofríos. Os confieso que sufrí unas cuantas pesadillas los días posteriores a su visionado.
En cambio, en esta nueva revisión de cuatro capítulos, que son versiones libres de aquellas historias clásicas que ya nos contó Narciso Ibáñez Serrador, el miedo sólo aparece de soslayo en una de ellas: Freddy, dirigida por Paco Plaza. Freddy nos cuenta la historia de un ventrílocuo y su aterrador muñeco con una estética muy de la época del Un, Dos, Tres en los años ochenta. Miki Esparbé está fantástico y Carlos Santos nos regala una enorme caracterización encarnando al propio Chicho.
Pero esta nueva entrega no puede sobrevivir sólo gracias a un único gran capítulo. Si os hablo del resto de historias, El asfalto, por ejemplo, protagonizada por Dani Rovira e Inma Cuesta, si os digo la verdad, me da un poco de vergüenza ajena. Nada funciona bien, ni la historia, ni el ritmo, ni la intensidad de las interpretaciones, ni siquiera la metáfora del tipo al que se lo va tragando la tierra y nadie hace nada por remediarlo. No encaja bien. Hay mala coordinación, dirección, y aunque Rovira se esfuerza en darle carga dramática, no genera el sentimiento que pretende, no sentí ni frío ni calor. Los 50 minutos que dura el episodio se me hicieron eternos.
Algo parecido me ocurre con La broma. El trío protagonista de ese relato me gusta, son grandes intérpretes: Eduard Fernández, Raúl Arévalo y Natalie Poza, normalmente ninguno de los tres me deja indiferente, y aunque creo que cubren bastante bien el expediente, y se esfuerzan, ni tan siquiera me dejaron un buen recuerdo con esta historia que me hizo dormir a pierna suelta.
Y por último, está El doble en el que nuestra actriz revelación Vicky Luengo (Antidisturbios) y David Verdaguer son una pareja en problemas, en una época futurista y distópica (con paisaje pandémico) donde los humanos son sustituidos por dobles. Sí, en efecto, de nuevo el viejo Bradbury. Ya hablé de ello cuando escribí la crítica de Solos, otra serie de ciencia ficción (también estrenada en Prime Video). En ella Anthonie Mackie hablaba con su doble acerca de cómo debía ser y comportarse con su familia, en este caso, cuando tuviera que reemplazarle al morir. En menos metraje, el mismo pretexto, y un argumento muy similar, tenía mucha más potencia en Solos que en este El doble. Con bastante menos histrionismo, lograba la serie de David Weil explicarnos el drama de reemplazar a un humano por un doble por una especie de replicante, usando los términos de Ridley Scott en Blade Runner.
Rodrigo Sorogoyen no le saca partido o el suficiente jugo al relato, que hubiera ganado en importancia si hubiese aprovechado, por ejemplo, el macabro juego en la fiesta de esa casa, en la que se introducen Luengo y Verdaguer, donde los humanos juegan con los dobles como si fueran piezas de ajedrez. Ahí había mucha tela que cortar. Una verdadera lástima.
Al menos Freddy ofrece ese sabor terrorífico que sí le habría gustado al propio Chicho. Habrá que seguir intentándolo.
Pero es que las historias para no dormir originales tampoco, vistas hoy, te provocan algo más que una sonrisa.