El pasado martes se estrenaba el tercer episodio de la cuarta temporada de «El Ministerio del Tiempo». Un episodio que significaba el regreso (aunque breve) de Amelia (Aura Garrido) al Ministerio, para ayudar en la recuperación de Julián. Pero que, sin duda nos dejó un final lleno de emociones (uno más) y que ponía ante nuestros ojos un encuentro imposible, que solo la magia de la televisión y la imaginación de los guionistas pudieron llevar a cabo. Un encuentro más allá del tiempo que unía por unos instantes a dos símbolos de este país. Un país que siempre parece desgarrado por el odio y la sinrazón y, que (casi) siempre olvida lo hermoso (muchísimo) que nos ha ofrecido durante siglos. Para eso está «El Ministerio del Tiempo», aunque muchos no sean capaces entenderlo.
Tras el episodio anterior, en el que viajábamos a los 80 en plena movida madrileña, donde el buen humor, un concurso mítico y la emoción a flor de piel (las notas de Life on Mars aún resuenan en mi cabeza) recordándonos como el SIDA existió (aunque algunos lo hayan olvidado y lo utilicen hoy en día como arma arrojadiza), se mezclaban en un episodio maravilloso. El tercer capítulo, de esta cuarta temporada que va creciendo en intensidad cada semana, nos deparó un reencuentro, un viaje al pasado en el que nos recordaron que los personajes que estudiamos (en los libros), fueron personas que sintieron y sufrieron, y nos deparó una final, del que pasados los días aún se habla. Un final en el que el tiempo se detuvo y nada importaba, solo sentir que hay algo más allá de bandos, odios, trifulcas y rencillas.

En este nuevo episodio titulado Bloody Mary Hour, Julián sigue en estado shock creyendo que es Eulogio Romero, galán de la posguerra y héroe de la División Azul. Sin embargo, sus sueños cada vez se hacen más reales y su conexión con Lorca (desde la primera temporada) le conducirá a gritar el nombre de Amelia, aunque no sabe el por qué. Mientras, el Ministerio descubre que la Historia de Inglaterra ha cambiado. La futura Isabel I (el azote del reino de España) ha sido asesinada justo cuando un joven Felipe II es el rey consorte de María Tudor. Para impedir que la historia se vea alterada, Pacino, Alonso (muy a su pesar) e Irene viajaran al Londres de 1554, donde vivirán aventuras, cultivarán nuevas (o viejas según se mire) amistades y, evitarán no uno sino dos regicidios.
Una de las virtudes a destacar de El Ministerio del Tiempo a lo largo de estas cuatro temporadas, es que ha sabido poner en valor no solo hechos y personajes históricos conocidos para el gran público, sino conceder su espacio y su reconocimiento a otros que son desconocidos o a los que apenas se les ha dado un lugar en la Historia. Un personaje como el de Isabel I ha sido retratado en cine y televisión en multitud de ocasiones, pero su hermanastra María I ha sido vilipendianda por la historiografía a lo largo de los siglos. En Bloody Mary Hour vemos el lado más humano de una reina, nieta de los Reyes Católicos e hija de Catalina de Aragón, repudiada por los ingleses y desconocida para los españoles. Un personaje magníficamente interpretado por Rachel Lascar, que consigue transmitirnos el dolor de una mujer que se siente sola y frustrada, con un matrimonio de conveniencia, propio de la ingeniería geopolítica de la época.
Además, como ya se nos adelantó, Irene (Cayetana Guillén Cuervo) esta temporada tiene más peso en las tramas y tiene mayor participación en las misiones. En este episodio, su papel es clave, lleno de matices, tanto por su acercamiento a la reina, convirtiéndose en su confidente, como por su apabullante vis cómica en determinados momentos, que consiguen arrancarnos más de una carcajada. Sin duda, que Cayetana Guillén Cuervo, con el personaje de Irene Larra, ha conseguido meterse en los corazones de los ministéricos.
Este viaje a la corte de los Tudor, también nos permitirá de nuevo disfrutar de Pacino y Alonso juntos. Una pareja que se ha hecho indispensable en la serie, con esa química entre Hugo Silva y Nacho Fresneda, capaz de mezclar emoción y risa a partes iguales. Para Alonso será un viaje inolvidable, porque conocerá al gran Duque de Alba y para Pacino, el sufrir el clima inglés, será pequeña penitencia si con ello evita que Los Beatles no desaparezcan de la historia. Porque como decían Las Supremes ¡Stop in the name of love!

Finalmente, el regreso de Amelia, aunque corto fue intenso y sirvió para que Julián recobrara su memoria, en un tour de force de recuerdos y emociones que a través de flashbacks nos recordó sucesos vistos en anteriores temporadas. Sucesos que marcaron al personaje de Julián (estupendo Rodolfo Sancho) y que vemos como ha ido evolucionando y sufriendo con el paso de los años. Junto a él, reencontrarnos con Amelia, es volver a disfrutar de Aura Garrido y su magnetismo y, disfrutar de su naturalidad. Volver a un personaje dos años y medio después no es fácil, y su interpretación consigue transmitirnos el dolor que ha venido arrastrando durante este tiempo.
Viendo por televisión todo lo ocurrido en varias ciudades españoles este sábado, se hace más necesario apostar por rebajar el tono e intentar combatir el odio, a través de la razón y la cultura. Es posible que muchos no lo entiendan, pero el final de este episodio de El Ministerio del Tiempo, en el que Lorca y Camarón cruzan sus caminos, en un encuentro que podría haber sido factible sino se hubiera interpuesto la barbarie, es un ejemplo de lo que transmite la serie creada por los hermanos Olivares. La Historia de España es la que es y tiene tantas cosas buenas, tiene tantos personajes a los que honrar y valorar, que nos olvidamos de lo importante. Ese final nos emocionó, nos llegó al corazón, con la voz de Camarón cantando a los cuatro vientos el poema de Federico y, todos comprendimos que podemos ser mejores personas, solo debemos intentarlo día a día.