Todo está preparado para que el Conseio de Ministros autorice la emisión en abierto de Canal+ las veinticuatro horas del día. Para las críticas están previstas las hogueras de la noche de San Juan y, por si las moscas, la convocatoria de un concurso que permitirá la puesta en marcha de una nueva cadena privada con cobertura nacional, aunque sólo alcance a tres cuartas partes de la península. Todo está listo para la fiesta de graduación del pluralismo fatuo
Había sitio incluso para otra emisora más gracias a una técnica endiablada llamada «refarming» que, en resumen, permite reciclar espectro digital para su uso en analógico, que hoy por hoy es lo que da dinero. Pero claro, los asesores de la ley y la trampa advirtieron al Ejecutivo que las frecuencias de esa quinta TV corrían serios riesgos de pisar la señal del resto de operadores. Luego, como se trata de concesiones públicas, vendrían las demandas contra el Gobierno y sería peor el remedio que la enfermedad.
La semana que mañana arranca reserva una agenda apretada para todo aquel del Gobierno relacionado con lo televisivo, materia oscura del universo periodístico. Declaraciones, confidencias, comentarios de pasillo, indiscreciones calculadas. Todo vale para preparar el terreno. Empieza el baile de la noche más corta.