Las matemáticas juegan en su contra: mover las antenas de los 750.000 abonados de Vía Digital es más barato que hacer lo propio con las de los 1,3 millones de clientes de Canal Satélite
Jesús Polanco tiene el futuro de Hispasat en sus manos. Aunque la `Platajunta´ ha asegurado que «se van a seguir utilizando los dos satélites» -Astra por parte de Canal Satélite e Hispasat por el lado de Vía Digital-, la necesidad de ahorrar costes obligará a decantarse por uno de los dos sistemas. La ley del mercado.
Si el empresario, patrón de Prisa y accionista de referencia de Sogecable, se decanta por el satélite luxemburgués Astra en vez de por el español Hispasat, la viabilidad de este último quedará seriamente comprometida. Tal es así que la española presidida por Pedro Antonio Martín Marín se lo juega todo en este envite.
Fuentes conocedoras del contrato suscrito en su día (1997) por Vía Digital e Hispasat aseguran que el montante del mismo asciende a más de 24 millones de euros (unos 4.000 millones de pesetas). La plataforma de Telefónica es, con diferencia, su mejor cliente. El 25% de sus ingresos vienen de Vía Digital. Si la nueva Sogecable le quita este multimillonario contrato, las deudas pondrán a Hispasat contra las cuerdas. En 2002, la española obtuvo un beneficio de 17,7 millones de euros por un endeudamiento de 188,2 millones, según la compañía.
¿Quién ganará finalmente? ¿Astra o Hispasat? La teoría da a la española como clara vencedora en esta disputa, ya que tanto Telefónica como el Estado (a nadie escapa que la gestión de esta compañía siempre ha girado en la órbita gubernamental) son accionistas de referencia de Hispasat. El primero, mediante la participación de Telefónica de Contenidos, controla un 13,23%. El segundo, a través de la Sepi, del Inta y del CDTI, posee más de un 25%. Una teoría -la que aboga por los intereses nacionales- que pierde fuerzas según pasan los meses.
En Sogecable se ha extendido la idea de que, por motivos estrictamente empresariales, el satélite elegido será Astra, y el Gobierno, ofuscado por esta posibilidad, tampoco la descarta: «En la fusión, Prisa está ganando por goleada. Está poniendo a su gente y relegando a los directivos y empleados de Vía Digital. No es de extrañar que también impongan su ley en la elección del satélite», aseguran fuentes próximas al Ejecutivo. En la nueva Sogecable, al igual que en el caso de Terra, Telefónica deja de lado las variables políticas, se queda en un segundo plano y sólo se guía por la cuenta de resultados.
Según un informe del Deutsche Bank, «acabar con el alquiler de los satélites de Vía Digital supondría para la fusionada un ahorro de costes del entorno de 30 millones de euros/año del 2004 en adelante. Eso sí, la compañía tendrá que pagar una indemnización en 2003 por la ruptura de los contratos que será, aproximadamente, el equivalente a un año de alquiler de los satélites». Es preciso destacar que Deustche Bank es accionista de Astra, a través de su filial luxemburguesa.
A la hora de reorientar las antenas, Astra es la opción más barata. A día de hoy, Canal Satélite cuenta con 1,3 millones de suscriptores, mientras que Vía Digital (Hispasat) tiene 750.000. Obviamente, por su menor número, resulta menos costoso mover las antenas de la plataforma de Telefónica que las de Polanco. En ambos casos, el coste de la reorientación ronda los 50 euros por abonado.
A favor de Hispasat juega su españolidad y su presencia en Latinoamérica (llega a 15 millones de hogares al otro lado del Atlántico). «Confiamos en que nos elijan a nosotros. Tenemos el mejor sistema para la Península Ibérica» y contamos con una mejor relación calidad-precio», dicen en esta compañía.