El true crime (cómo nos gustan estos palabros) está de moda y eso es algo innegable. Tanto en el terreno documental como en el de la ficción televisiva cada vez abundan más las producciones basadas en crímenes reales. En el caso de los documentales estructurados con un estilo de thriller de ficción, su número ha crecido exponencialmente, primero en Estados Unidos (cuna de casi todo lo bueno y lo malo) y ha ido expandiéndose a otros países, incluyendo España, donde podemos encontrar hasta 10 producciones de este tipo en las distintas plataformas de streaming. Por su parte, en el terreno de la ficción se ha tendido a menospreciar este tipo de producciones, colocándoles apelativos nada cariñosos. Sin embargo, los tiempos cambian y gracias al fenómeno de los documentales, vivimos una época dorada para estas series que cuentan con el componente de basarse en un crimen real como reclamo para el gran público.
Aquello de la realidad supera a la ficción es una máxima que está calando en la audiencia. Series como The Act, Dirty John, Manhunt, Des o Dr. Death son algunos ejemplos de ficciones televisivas recientes basadas en crímenes reales. Y, precisamente Starzplay que cuenta con las dos últimas producciones en su catálogo, emitió el pasado 28 de noviembre el episodio final de otra serie basada en un caso real que lleva conmocionando a Francia los últimos treinta años. Me refiero a Un caso francés, serie que narra la investigación del asesinato del niño de cuatro años Gregory Villemin. Un crimen brutal que aún hoy sigue sin resolverse, y que esta serie de Starzplay ha vuelto a poner sobre el mapa, con un estilo realista, que se aleja del efectismo de otras producciones para contar una historia que te dejará con la clara sensación de que hay algo podrido en este mundo.
Un caso francés se centra en uno de los casos de asesinato más destacados, enigmáticos y no resueltos de los tiempos modernos en Francia, que ha obsesionado al país con multitud de condenas, giros judiciales y progresos en materia de ADN. Un caso que cambió para siempre el enfoque de los medios de comunicación y de la justicia sobre una investigación, un caso de libro. A lo largo de sus seis episodios, la serie escrita por Jérémie Guez y Alexandre Smia recrea con minuciosidad todos los aspectos que rodearon la muerte del pequeño Grégory Villemin, la investigación policial posterior, y pone el foco en los errores que se llevaron a cabo en la investigación, tanto por parte del juez de instrucción como por parte sobre todo de la policía judicial. Además, la serie muestra la explotación que los medios de comunicación realizaron del caso, y de todos los hechos que se fueron sucediendo a lo largo de los años.
La serie dirigida por Christophe Lamotte llegó dos años después del estreno de la serie documental de cuatro episodios Gregory (disponible en Netflix) que junto a la decisión del Tribunal de Apelación de París de anular parte un testimonio, reavivó en el país galo el interés por un caso que lleva más de treinta años pendiente de resolverse. Un caso francés nos muestra a lo largo de sus seis episodios los vericuetos de una investigación, en gran medida chapucera, que se vio sacudida por una presión mediática sin precedentes. Cartas y grabaciones amenazantes, envidias y celos familiares, venganza y asesinato, falsos testimonios, juegos políticos y una instrucción judicial llena de errores, forman parte de un relato que provoca un sinfín de sentimientos en el espectador. Desde consternación y sorpresa, hasta incomprensión y frustración, pasando por ira y desazón. Es cierto, que Un caso francés no deja ser ficción basada en hechos reales, pero es capaz de ofrecernos una historia tan veraz que parece en algunos momentos que estamos viendo un documental grabado hace 35 años.
A lo largo de sus seis episodios asistimos a como el caso Villemin se convirtió en espectáculo mediático que fue más allá de los tribunales de justicia, y que provocó escenas tan brutales como la del asalto por parte un grupo de periodistas de la casa de los padres de Gregory. Unos pocos minutos en pantalla, pero de una dureza y una crueldad tal, que se quedan grabados durante el resto de la serie. Cual manada de lobos, Un caso francés muestra la cara más oscura del periodismo, con prácticas que van desde el acoso, hasta persecuciones suicidas en busca de una exclusiva y no de la verdad, o la divulgación de noticias falsas para aumentar las ventas de periódicos y el número de oyentes. La serie se centra también en una investigación policial lastrada por la actuación del juez de instrucción Jean-Michel Lambert, que tras diversos vaivenes acusó a Christine Villemin del asesinato de su hijo. Una acusación que contó con el apoyo de la famosa escritora Marguerite Duras con un famoso artículo en Liberation, y con el sesgo de una investigación policial cuyas sospechas contra la madre de Gregory tenían una base sexista, tal como reconoció el excomisario Jacques Corazzi en el documental de 2019.
En resumen
Un caso francés es un true crime a la europea cuyo estilo realista consigue introducirnos desde el primer minuto en la historia. La serie narra lo ocurrido a lo largo de los tres años posteriores al asesinato del pequeño Gregory, que tuvo lugar el 16 de octubre de 1984, hasta el momento en el que el juez Lambert (que acabó con su vida en julio de 2017 tras la repartura del caso) es apartado de la instrucción, en marzo de 1987. Tres intensos años en los que da tiempo a que todo lo rodea a la investigación se convierta en un Gran Carnaval, al estilo de la magnífica película de Billy Wilder. Así, Un caso francés nos presenta un relato que aún sigue vivo 35 años después, y que muestra de forma cruda y realista la parte más oscura del ser humano, esa que ninguno queremos reconocer que poseemos, y que sale a luz en las peores circunstancias.
