En demasiadas ocasiones nos olvidamos que el cine es entretenimiento. Puro y simple entretenimiento. Claro que hay espacio para la denuncia, la reivindicación o la enseñanza, pero el cine debe proporcionar entretenimiento al espectador, porque sino se deja de lado la verdadera función del séptimo arte. Una película nos puede emocionar, nos puede hacer llorar o nos puede hacer reír a mandíbula batiente. Hay géneros para todos los gustos y colores, con historias narradas de forma sencilla o a través de intrincados giros de guion. Y, lo primero es que como espectador sepas que película vas a ver, sobre todo cuando casi desde el primer minuto te están avisando. Porque a veces queremos ir más allá de lo que estamos viendo, cuando en realidad solo nos están ofreciendo dos horas de diversión. Esto es lo que ocurre con «Road House (De profesión: duro)», la nueva versión del clásico ochentero que protagoniza Jake Gyllenhaal. Una película muy divertida, sin otra pretensión que entretener y que se aleja de cualquier atisbo de realidad (y seriedad), para ofrecer un espectáculo más cercano al de una tira cómica que al de un thriller al uso.
Doug Liman es el encargado de dirigir Road House (De profesión: duro), una versión bestiaja y desvergonzada de la cinta que en 1989 protagonizó Patrick Swayze. En aquella película, antes de Ghost y Le llamaban Bodhi, Swayze lucía palmito dando vida a un guardia de seguridad que era contratado por el dueño de un bar de carretera en un pueblo perdido de Missouri. Allí se enfrentaba al cacique local que se dedicaba a extorsionar a los negocios de la zona y que además controlaba a la policía. La película seguía el estilo habitual de este tipo de producciones, con Swayze como el héroe enfrentado al villano de la función. En su simpleza radicaba su éxito, haciendo que De profesión: duro sea recordada como un pequeño clásico sin otra pretensión que la de entretener.
En Road House (De profesión: duro) Jake Gyllenhaal toma el testigo de Patrick Swayze en una cinta que tiene la virtud de no tomarse así misma demasiado en serio. Es cierto que hay momentos en los que el guion de Anthony Bagarozzi y Charles Mondry parece querer tomar un camino diferente, pero solo es una excusa para que la historia vaya por unos derroteros muy diferentes. Aquí, el personaje protagonista es un antiguo luchador de UFC que intenta dejar atrás un pasado que ha marcado su presente. En esa huida hacia delante terminará aceptando un trabajo como portero en un bar de carretera situado en los Cayos de Florida. Sin embargo, pronto descubrirá que en aquel paraíso no podrá dejar atrás su pasado de violencia. El personaje de Jake Gyllenhaal es el héroe en busca redención, y la encontrará en el lugar que menos esperaba. Un lugar donde no podrá dejar atrás la violencia, y en el que sus diálogos con el personaje interpretado por la joven Hannah Love Lanier, son quizá la única parte seria la cinta, y aun así encajan a la perfección con la historia.
Una de las cosas que se nota en sus casi dos horas de duración es que Jake Gyllenhaal se lo pasó en grande rodando esta película. No solo por como se puso en forma para la misma (mazado a base de bien), sino porque el protagonista de Donnie Darko o Prisioners desprende en cada escena que está disfrutando y que se ha imbuido de la locura que llena la película. Porque aunque Road House (De profesión: duro) toma prestada la premisa inicial de la cinta de 1989, la retuerce hasta el extremo, sin otra intención que proporcionarnos dos horas de diversión.
Diálogos descacharrantes, un villano de opereta y unas escenas de lucha que nos meten de lleno en la acción son las claves de una película llena de humor, y que deja aparcada la seriedad justo en el parking del bar de carretera. Si Gyllenhaal se lo pasa en grande en la película, no se queda a la zaga Conor McGregor, la gran estrella de las artes marciales mixtas que aquí da vida a un matón dispuesto a poner su sitio al protagonista. Sus apariciones son una autentica locura, y se nota que McGregor se ha metido de lleno en esta historia de peleas de bar, moteros cutres, peligrosos cocodrilos y mafiosos de tres al cuarto.
En resumen
Road House (De profesión: duro) seguramente no será la película del año, pero consigue que te olvides de tus problemas con una idea clara, hacer que lo pases bien. Jake Gyllenhaal es el héroe a su pesar de la historia, un Shane del siglo XXI que en lugar ir a caballo viaja en autobús. Una película que nos recuerda que el cine está pensado para entretener y aunque está no acabe ganando ningún premio, su mayor éxito es que sabe cual es su propósito. Esto no siempre es fácil, y en demasiadas ocasiones este tipo de filmes se infravaloran demasiado por ese mismo motivo. En mi caso, creo que cumple con lo que promete, con su estilo comiquero y con Jake Gyllenhaal y Conor McGregor disfrutando de la experiencia.
