InicioBlog"Por cien millones": tan surrealista como intrascendente

«Por cien millones»: tan surrealista como intrascendente

Tienes que leer

Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
Publicidad
Publicidad

Movistar Plus+ ha vuelto a mirar al pasado reciente de España con el estreno, el pasado 26 de marzo, de «Por cien millones», una serie de tres episodios que parte de un suceso real que paralizó al país en marzo de 1981: el secuestro de «Quini». No es la primera vez que la plataforma de Telefónica apuesta por este tipo de relatos con vocación de «reconstrucción» histórica: ahí están las estupendas «Arde Madrid» o «Los reyes de la noche», ficciones que supieron capturar el espíritu de otras épocas con personalidad propia, aunque desafortunadamente no contaran con una segunda temporada. Más recientemente, ese interés por revisitar momentos clave de nuestra historia se ha materializado en títulos como «Anatomía de un instante», que narraba el antes y el después del 23 F a través de tres figuras políticas de la época o «La canción», que nos trasladaba al primer triunfo de España en el Festival de Eurovisión. Unas propuestas que han ido consolidando una línea editorial muy reconocible dentro de la plataforma.

En ese contexto, Por cien millones parecía tener todos los ingredientes para no solo sumarse a esa lista, sino para convertirse en una de las series españolas del año. Sobre el papel, lo tenía todo: un contexto histórico reconocible, un suceso mediático que conmocionó a España, personajes de carne y hueso y un país aún sacudido por el eco del 23-F. Sin embargo, el resultado final es decepcionante, con una historia que nunca encuentra el tono, sin terminar de decidir qué quiere ser.

La serie creada por Nacho G. Velilla y Oriol Capel si destaca por su diseño de producción, con una ambientación, que funciona como una auténtica máquina del tiempo capaz de trasladarnos a esa España de 1981 inmersa en una grave crisis económica. Calles, vestuario, interiores… contribuye, a priori, a sumergir al espectador en una época muy concreta, todavía marcada por la incertidumbre política y social tras el fallido golpe de Estado. Sin embargo, ese esfuerzo por recrear esta época no termina de traducirse en una verdadera inmersión en el contexto histórico. Porque más allá de los decorados y los detalles y anécdotas que salpican la historia, la serie no logra hacernos sentir del todo el peso de una España convulsa, todavía sacudida por el reciente intento de golpe de Estado del 23-F y a las puertas de un acontecimiento clave como el Mundial de fútbol de 1982. Un evento que debía suponer en ese momento un espaldarazo internacional para el país, pero que acabaría siendo mucho más discreto de lo esperado, tanto en lo deportivo como en lo económico. Esa tensión de fondo, ese clima social y político, apenas se percibe en una narración que opta por quedarse en un terreno más ligero y sin chispa.

Tres secuestradores y cajón

Por eso resulta aún más frustrante que a pesar de contar con un envoltorio tan conseguido, Por cien millones termine quedándose en tierra de nadie. La serie no termina de ser una comedia de perdedores que por momentos parece insinuar, ni un drama sobre un secuestro ni el retrato de una España convulsa. La serie coquetea con varios géneros, pero no se compromete con ninguno, lo que diluye su impacto y le resta personalidad, provocando que vayamos perdiendo interés en su historia. A todo esto, hay que sumar que en ningún momento el relato consigue emocionarnos ni que empaticemos con el trío de perdedores que intenta solucionar sus problemas económicos con el secuestro de «Quini».

Por otro lado, la figura de Enrique Castro «Quini» queda sorprendentemente desdibujada. Algo que resulta llamativo, porque estamos hablando de uno de los grandes nombres de la historia del fútbol español, una figura que trasciende lo deportivo y que siempre será recordada por su humanidad, por ser, sencillamente, un hombre bueno. Algo cada vez más difícil de encontrar en estos tiempos en los que el odio se ha convertido en norma. Aunque la serie se centra en el trío de secuestradores, el retrato de Quini queda desdibujado, casi desangelado, y pierde la ocasión de aportar un contrapunto emocional más potente frente a sus captores.

En resumen

Una vez finalizada, tienes la sensación de que la historia, tal y como está planteada en tres episodios, probablemente habría funcionado mejor como una película de menos de dos horas. Recortando tramas secundarias que no aportan demasiado y concentrando la narración, el resultado podría haber sido diferente. Porque lo cierto es que estamos ante un suceso tan real como esperpéntico que ni el propio Valle-Inclán habría sido capaz de imaginar, y que pedía a gritos una mayor intensidad narrativa.

En definitiva, Por cien millones, a pesar de su ambientación y su reparto, nos acaba generando la sensación de una oportunidad perdida. A pesar de contar con los mimbres para haber sido algo más —una gran comedia negra, un potente drama criminal o un retrato incisivo de una época clave en España—, la serie de Movistar Plus+ termina siendo una gran decepción de principio a fin.

Publicidad
Contenido patrocinado

Últimas entradas

«La Odisea»: la crisis de los 40 de Ulises

Sin apenas tiempo para gozar de una playa cautivadora para él solo, aparece un falso Aquiles junto al caballo...

DEJA UNA RESPUESTA

¡Escribe tu comentario!
Por favor introduce aquí tu nombre

Publicidad

Más artículos como este