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«Juego Sucio»: una nueva encarnación de Parker sin chispa

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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El nuevo intento de resucitar a Parker —ese criminal sin escrúpulos creado por Donald E. Westlake bajo el seudónimo de Richard Stark— llega a Prime Video en clave de comedia de acción noventera y con un protagonista tan plano como funcional: Mark Wahlberg. La pregunta, inevitable tras ver la película, es si aún tiene sentido volver a este antihéroe, después de haber sido moldeado por cineastas tan distintos como Jean-Luc Godard, John Boorman o Taylor Hackford.

Juego sucio se anunciaba como una apuesta segura: un director con sello autoral como Shane Black, un personaje mítico del noir literario norteamericano como Parker y un reparto encabezado por Mark Wahlberg. El resultado, sin embargo, evidencia lo contrario: una película rutinaria y carente de alma que transita por caminos y situaciones mil veces vistas, con el añadido de contar con un Mark Wahlberg que repite una y otra vez como estrella de la función, sin convencer a casi nadie. ¡Salvo a los grandes jefazos que pagan, claro!

La saga literaria (24 libros en total) creada por Donald E. Westlake bajo el seudónimo de Richard Stark siempre ha tenido un problema de adaptación: su protagonista, Parker, es un criminal duro, nihilista y sin concesiones, demasiado incómodo para la industria de políticamente correcta. La interpretación de Lee Marvin en A quemarropa (1967) sigue siendo la referencia de lo que el personaje debería ser, mientras que los intentos posteriores (de Mel Gibson a Jason Statham) apenas han sabido captar la esencia de este.

Con Juego sucio sus responsables han «suavizado» al personaje, dotándolo de una moralidad improvisada que rompe con su esencia, convirtiendo a Parker en un héroe sin gracia más que en un antihéroe implacable. El resultado es un protagonista desdibujado, atrapado entre el cinismo del original y el intento de comedia ligera que propone Shane Black. En estos tiempos que corren, la elección del director de Kiss Kiss Bang Bang o Dos buenos tipos, podía entenderse como la elección más lógica para actualizar a Parker. Por eso la película apuesta por el humor, los giros de guion y una sucesión de escenas repletas de tiroteos y persecuciones que nos hacen olvidar el sin sentido de la historia.

Porque básicamente estamos ante una película sobre ladrones que roban a otros ladrones, en la que las razones que esgrimen cada uno de los contendientes es lo de menos, ya que la tensión narrativa se deja de lado en favor de la acción sin concesiones. Todo ello liderado por un Mark Wahlberg al que ya hemos visto fruncir el ceño sin gracia en Uncharted, Infinite o Spencer: Confidencial, por nombrar algunas de las últimas apariciones de la antigua estrella del rap. Más de allá de su imponente físico, Wahlberg es incapaz de transmitir el ingenio sardónico que exigiría el personaje. Pensar en la que habría sido contar con Robert Downey Jr. como protagonista, originalmente vinculado al proyecto, solo hace que nuestro nivel de frustración aumente. Al su lado, LaKeith Stanfield convierte cada aparición en un espectáculo de carisma, hasta el punto de eclipsar por completo al supuesto protagonista.

Juego sucio no adapta un libro concreto, si no que intenta destilar la esencia de todo el universo de Stark en dos horas de película. El resultado es un producto extraño: demasiado ligero para honrar la crudeza literaria de Parker, pero lo bastante divertido como para justificar su existencia. En este sentido, junto a la sucesión de tiroteos y persecuciones que va desde un hipódromo (ese CGI equino) hasta las vías del Metro de Nueva York, la película se salva en gran medida por el desfile de secundarios (Tony Shalhoub, Gretchen Mol, Keegan-Michael Key, Nat Wolf) que aportan destellos cómicos, a una película que confunde ruido con energía. Junto a ellos, el mencionado LaKeith Stanfield (en el papel de un actor de teatro frustrado) y una Rosa Salazar (reconvertida en femme fatale), se meriendan sin compasión a un Mark Wahlberg que se limita a disparar cuando le toca. 

En resumen 

Juego sucio tenía todos los ingredientes para revitalizar a Parker y devolverlo al centro del cine criminal contemporáneo, pero termina siendo un producto más de esa cadena de montaje sin alma llamada streaming. Lo que debía ser un regreso explosivo de Shane Black y un renacer de Parker se queda en un producto híbrido: un thriller cómico que busca recuperar el brillo de los años 90. 

Esta nueva reencarnación de Parker, queda muy lejos de lo que podríamos entender como una buddy comedy al uso. Un batiburrillo de conceptos que da como resultado una película que solo busca reciclar formulas del pasado para ofrecer al público más de lo mismo. En estos tiempos que corren, Juego sucio ofrece lo suficiente para ser entretenida, pero sin trascender. ¿Será un éxito que podría abrir la puerta a una nueva saga? No tengo dudas. Quizá, para muchos, eso sea suficiente. 

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