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«Icefall»: redención sobre el hielo

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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No es algo nuevo que exitosos directores europeos acaben sucumbiendo al poder de Hollywood. Un éxodo que a veces es de ida y vuelta, pero que en otras ocasiones da lugar a una estancia permanente de más o menos éxito. A medio camino de ambas opciones encontramos al director austríaco Stefan Ruzowitzky, galardonado con el Oscar por «Los falsificadores» en 2007. Tras probar suerte con títulos como «La huida» (2012) o «Paciente cero» (2018), vuelve al cine comercial norteamericano con «Icefall» que llega hoy a Movistar Plus+. Rodado en Bulgaria, este thriller que llega a la plataforma de Telefónica sin haber pasado por salas, está protagonizado por Joel Kinnaman (Para toda la humanidad) que debe enfrentarse a un grupo de criminales en medio de un paisaje helado.

El cine de acción pasa por un momento complicado, en el que la falta de ideas y el reciclaje de historias una y mil veces vistas nuestras pantallas. Es cierto, que sagas como la de John Wick o Nadie han conseguido revitalizar un género en el que la fórmula del éxito parecía haberse agotado. En este sentido, aunque Icefall no inventa nada de nuevo, si consigue superar nuestras expectativas situando la acción en un lugar donde el frío extremo es un personaje más al que los protagonistas deben hacer frente. Frente a un argumento mas o menos visto, el hielo y la nieve, no son simple atrezo; son enemigos que desgastan, ralentizan y matan.

Bajo la dirección de Stefan Ruzowitzky (Hinterland), Icefall parte de un planteamiento bastante reconocible: un botín perdido, un grupo de criminales armados y una cuenta atrás marcada por el deshielo de un lago helado. Nada nuevo bajo el sol (nunca mejor dicho). Si cambiamos el escenario a las montañas, tendríamos el argumento de Máximo riesgo, la estupenda cinta de acción de los 90 protagonizada por Sylvester Stallone con John Lightgow como némesis.

Más allá de premisas más o menos parecidas, la historia sigue a Ani, una joven guardabosques indígena interpretada por Cara Jade Myers, que deberá unir fuerzas con Harlan, un furtivo solitario al que da vida Joel Kinnaman. Ambos se verán enfrentados a una banda criminal que busca millones de dólares hundidos en un avión estrellado y a un entorno natural tan peligroso o más. El hielo se derrite, y no distingue entre buenos y malos. Icefall cuenta con un arranque espectacular que nos recuerda al mejor cine de atracos. Somos testigos de un robo ejecutado con precisión, bajo las órdenes de un villano clásico interpretado por Danny Huston, siempre eficaz, pero algo desaprovechado en toda la película. Tras el accidente del avión que lleva el botín y un salto temporal de varios meses, la película pasa al modo supervivencia.

Un punto a favor de Icefall que la hace algo diferente a otras propuestas de género es que intenta ir un poco más allá del thriller funcional. Existe una preocupación por dar contexto a sus personajes, especialmente en lo que respecta a las tensiones dentro de la comunidad indígena. Por un lado, Ani no es vista con buenos ojos por trabajar para la ley y ser considerada una traidora a su pueblo. Por su parte, Harlan arrastra una culpa silenciosa tras la muerte de su familia, y visto como alguien maldito. También dentro de los miembros del grupo criminal, hay un indígena que ha encontrado la fe y reniega del crimen. Incluso hay espacio para la figura del anciano sabio, interpretado por el fallecido Graham Greene, en uno de sus últimos papeles.

Sin embargo, a pesar de intentar ofrecer algo distinto, el guion tienes sus limitaciones, ya que no siempre profundiza lo suficiente y algunos conflictos se quedan en la superficie, quedando en simples trazos de algo más grande. Pero donde la película realmente funciona mejor es en su uso del entorno. El frío no es solo atmósfera: es una amenaza constante para los protagonistas.

En resumen

Sin ser nada del otro mundo, Icefall es una propuesta modesta pero efectiva, que ya es mucho decir en los tiempos que corren. Gracias sobre todo a su hora y media de duración (algo poco habitual en el cine de hoy en día) y a un dúo protagonista muy compenetrado. Por un lado, tenemos a Kinnaman haciendo lo que mejor sabe: silencio, mirar con aspecto cansado y dolor contenido. Por su parte, Myers, a la que muchos recordarán por Killers of the Flower Moon, lleva el peso emocional de la historia, tanto como madre soltera, como mujer indígena que lucha por hacer lo correcto.

Icefall no es una gran película, ni pretende serlo. Con esto quiero decir, que no busca redefinir el género, ni pasar a la historia, pero si demuestra que el buen uso del entorno puede convertir una historia previsible en algo más. Ruzowitzky utiliza el clima como un personaje más para provocar que los personajes sufran y comentan errores. Algo simple, y a la vez efectivo, que convierte un thriller convencional en una experiencia que enganche a los fans del género.

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