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Guillermo Furiase: «Me gustaría ser yo mismo, no quiero parecerme a nadie»

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Guillermo Furiase continúa construyendo su trayectoria artística entre la música y la interpretación. Vinculado desde pequeño a una familia de reconocidos artistas, el actor y músico busca desarrollar su propio camino profesional, compaginando dos disciplinas que considera fundamentales en su vida. Tras debutar en el cine con «Que baje Dios y lo vea» (2018), afronta una nueva etapa en la que aspira a consolidar su faceta interpretativa sin dejar de lado sus proyectos musicales.

Su participación en Fiesta Pagana, la película dirigida por Álvaro Brechner sobre la historia de Mago de Oz, supone uno de sus trabajos más importantes hasta la fecha. En ella interpreta a Moha, violinista y uno de los fundadores de la banda, un personaje para el que tuvo que enfrentarse al aprendizaje de un instrumento que desconocía. La cinta ha celebrado su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Morelia, en México.

Acabáis de presentar «Fiesta Pagana» en el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde además ha tenido lugar su estreno mundial. ¿Cómo has vivido esta experiencia y qué acogida ha tenido la película en México?

La verdad es que ha sido flipante. Sabíamos que la banda era muy importante allí, en México, pero no sabíamos la acogida que podía llegar a tener. Y también el cine, porque creo que es un festival bastante importante, donde han dado premios a gente muy importante.

Para nosotros es un orgullo estar allí. La acogida ha sido increíble. Los mexicanos son superfánaticos del cine y de la banda, así que no esperábamos para nada ese tipo de recibimiento. Ha sido un recibimiento muy caluroso. ¿Qué mejor sitio para salir de tu país y conocer un poco? La verdad es que hemos flipado bastante.

En la película interpretas a Moha, violinista y uno de los fundadores de Mago de Oz. Aunque tienes experiencia musical, especialmente con la guitarra, el violín es un instrumento muy diferente. ¿Cómo fue la preparación para interpretar a un músico que, además, sigue en activo?

Yo soy músico por vocación. Siempre lo llevaré dentro y siempre lo seguiré haciendo, tenga mucho éxito o no. Me da igual, forma parte de mí y de mi manera de expresarme.

La parte más compleja ha sido interpretar a alguien que está vivo y que encima toca el violín. Aunque sea músico, con la mano izquierda de la guitarra me puedo defender, pero no tiene nada que ver con tocar un violín. Es uno de los instrumentos más difíciles que hay. Recibí clases y hay anécdotas. Por ejemplo, los vecinos de mi casa me decían que si tenía una puerta rota, porque estaba todo el día ensayando con el violín. Imagínate cómo sonaba aquello al principio.

No se me dio mal. Si hubiese seguido, le hubiese cogido cariño, pero acabé teniendo una relación de amor y odio con el instrumento porque exige muchísimo esfuerzo físico y mental, sobre todo de oído, para conseguir que suene bien. Nada que ver con Moha, que lleva toda la vida como violinista. Fue un reto enorme aprender a coger bien el arco, sujetar el violín y fingir que lo tocaba bien.

Es verdad que ser músico me ayudó porque la mano izquierda comparte muchas cosas con la guitarra, pero fue un reto increíble. Aparte estaba la parte actoral. Álvaro, el director, siempre nos decía que no quería una copia de los personajes. Nos documentamos bastante con las cosas que hay en redes sociales y en internet. También estaba Peri, que es productor ejecutivo y uno de los integrantes de la banda, y nos contaba muchas cosas.

Yo tuve la oportunidad de conocer a Moha, pero nunca se buscó una copia directa. Hicieron mucho hincapié en que querían que fuésemos naturales, que aportásemos nuestra personalidad. Al ser una banda, todos teníamos muy claro quiénes éramos dentro del grupo y eso permitió que todo saliese de manera natural. Si Adrián Lastra decía algo cuando improvisábamos, yo sabía perfectamente cómo Moha debía responder. El papel de cada uno dentro de la banda estaba muy bien definido y dirigido. La parte más difícil fue coger un violín y fingir que lo tocaba bien.

Tu música reúne influencias del rock, el funk, el pop o el jazz. ¿Qué relación tenías con Mago de Oz antes de participar en la película? ¿Era una banda que escuchabas habitualmente o comenzaste a profundizar en su música al preparar el personaje?

Como todo español, creo que sabes perfectamente quién es Mago de Oz. Los has escuchado alguna vez en una verbena, como mínimo. Así fue como yo los descubrí. No era fanático de la banda. Los conocía y había alguna canción que me gustaba, pero no era un fanático.

Al fin y al cabo, nosotros somos títeres, entre comillas. Estamos dirigidos por un director y tenemos que hacer un trabajo de interpretación. La parte musical entra dentro de esta película, pero creo que no tiene nada que ver con haber sido fan o no. En mi caso es muy distinto. Da igual que hayas sido fan o no, porque tienes que coger un violín y, si no lo has cogido nunca, te va a resultar igual de difícil. Da igual el estilo de música que tengas.

Lo que sí es reconfortante, y mola mucho, es hacer un papel de alguien que pertenece a una banda tan histórica en este país e incluso mundialmente. Tiene una connotación importante. Pero no creo que esté ligado el gusto o las influencias musicales de cada uno con el trabajo que hemos hecho.

Aquí había que plasmar cómo éramos como banda, la misión que había de ir hacia el éxito, como se ve en la película, donde al final se dejan muchas cosas atrás por conseguirlo. Es una película que tiene muchas moralejas. Por eso creo que el gusto musical de cada uno es secundario. El trabajo actoral no tiene nada que ver con nuestras influencias musicales, aunque haya muchos músicos entre nosotros.

En los últimos años has estado muy vinculado a la música, aunque también tenías experiencia como actor desde Que baje Dios y lo vea. ¿Cómo surgió la oportunidad de participar en Fiesta Pagana y qué supuso que te ofrecieran interpretar a uno de los integrantes de Mago de Oz?

Me llamaron y tuve una prueba presencial a la que vino Moha. Me vio personalmente y de ahí salió todo. Creo que les gustó. No sé qué fue exactamente lo que les enganchó, eso tendrían que decirlo ellos. Yo estaba encantado.

Como has dicho, la música siempre está en mí. Por circunstancias variadas no he podido sacar mi disco, que es lo que quiero hacer actualmente. Pero la actuación es algo que siempre me ha gustado. Lo descubrí en 2018 con un papel muy pequeño y ahora se me ha dado la oportunidad de hacer algo completamente distinto.

Ha sido una experiencia renovadora y quiero seguir haciéndolo. Creo en mí y confío en mí. Mis compañeros me lo han hecho saber, el director también y la productora. Aunque yo ya creía en mí, cuando te lo dice alguien que tiene más experiencia, te alienta y te da mucho más ánimo y fuerza para decir que quieres continuar por ese camino.

Me encantaría seguir haciendo las dos cosas: por un lado, la música y, por otro, seguir actuando, ya sea en teatro, musicales o cine. Es un juego muy divertido, pero también es un trabajo y una profesión que requiere mucho esfuerzo y que tiene mucho valor. Todo mi respeto a la gente que se dedica a esto y que tiene mucha más experiencia que yo.

Me encantaría meter el pie de lleno. Estoy preparadísimo y quiero seguir investigando. He aprendido muchísimo con esta película gracias a mis compañeros y quiero compaginar las dos cosas. Si se puede, obviamente. Y, si no se puede, lo intentaré.

La música y la interpretación son dos disciplinas diferentes, pero también comparten muchas exigencias. ¿Qué has aprendido de cada una y qué experiencias musicales has podido aplicar a tu trabajo como actor?

Las dos comparten muchas cosas. Por ejemplo, en las dos estás, entre comillas, de cara al público. Aunque estés haciendo una película, hay 120 personas mirándote cuando dicen «acción». Después te ve la gente y te puede juzgar, aunque no seas tú y estés haciendo el papel de un personaje.

Al final siempre pones algo de ti. Comparten muchas cosas: mucho riesgo, mucho compromiso con la profesión, seriedad y el hecho de destaparte, de desnudarte delante de la gente o de una cámara, que también es gente, es un ojo al final. Eso es lo que comparten. ¿Qué he aprendido de la música que me ha llevado al cine? Trabajar bajo presión.

Salir con miedo al escenario y hacerlo bien. Salir con miedo a quedarte en blanco y no quedarte en blanco. O improvisar en algún momento, como cuando estás tocando un acorde, un solo de guitarra o se te olvida una letra y tienes que salvarla. En el cine pasa lo mismo. Puede que no te acuerdes de una frase o de lo que sea y tengas que salvar la situación para que quede bien.

Comparten esa improvisación, el talento, el riesgo y el sacrificio. Creo que son dos profesiones muy arriesgadas en todos los aspectos. Una vez que se dice «acción» y una vez que empieza el concierto, ya no hay vuelta atrás. Ahí tienes que sacar tus armas.

Aunque «Fiesta Pagana» está inspirada en una banda histórica, Álvaro Brechner no quería hacer un biopic convencional ni una imitación de sus integrantes. ¿Qué aprendizaje te llevas de la historia que cuenta la película y de tu experiencia interpretando a Moha?

Te lo separo en dos partes. Primero, lo que ofrece la película. Y no es porque la haya hecho yo, pero no es una película solo para los fans de Mago de Oz o para los fans de la música.

Es una película que habla de música, pero también de los contratiempos de la vida. Habla de arrasarlo todo para lograr un objetivo, de dejar amigos atrás para ir a por el éxito, de encontrar gente nueva que te acompañe. Habla de sufrimiento, de alegrías, de trabajo, de dedicación y de talento.

Tiene muchas moralejas y muchos caminos con los que cualquier persona se puede sentir identificada. Habla de dejarlo todo para tirar hacia delante, de enfadarse, reconciliarse, odiarse y quererse. Tiene muchas cosas y también mucha verdad, porque a veces pensamos que llevamos algo por dentro y lo que mostramos hacia fuera es completamente distinto.

Hay muchas facetas. Hay una parte sentimental de Moha con su padre, que es la que por suerte hago yo. La película toca muchos temas y eso es lo que me he llevado. Creo que tiene mucha dinámica y habla de todo lo que una persona puede sacrificar para lograr el éxito.

Siempre digo que, cuando le preguntas a alguien que ha tenido éxito, nunca te va a decir que lo ha intentado diez veces. Te dirá que lo ha intentado 438. Eso por una parte. Después, trabajando dentro, he descubierto muchas cosas. Álvaro Brechner es un gran director, muy creativo, que te da mucha libertad para ser tú mismo.

Había mucha improvisación. Cuando estabas cansado, los compañeros te ayudaban. Éramos nueve y, al final, cuando estás en un grupo de nueve personas, te pisas, te interrumpes. Conseguir que eso funcionase era muy difícil y Álvaro lo consiguió durante tres meses de rodaje, que fue muchísimo.

También estaban las palizas de los conciertos que nos pegábamos. Había días en los que teníamos un concierto de siete u ocho horas. Me llevo un profesionalismo increíble y la capacidad de improvisación de unos actorazos.

También me ha dado a mí esa habilidad de decir: «Venga, aunque estés cansado y no sepas por dónde vas, sálvalo». Eso ha sido gracias a los compañeros que hemos tenido y, sobre todo, a Álvaro. Quiero hacer hincapié en su manera de dirigir porque sin él esto no se hubiese podido hacer. Ha sido muy importante dirigir a tanta gente, tan alocada como éramos todos.

A veces no había un guion estipulado y dirigir a tanta gente así creo que tiene mucho mérito. Me llevo improvisación, coraje y esa capacidad de saltar al vacío sin saber qué hay que hacer después.

Hay una cuestión más personal que me gustaría plantearte. Provienes de una familia de artistas muy reconocida en España y, de alguna manera, has convivido con esa exposición desde pequeño. ¿Cómo has gestionado el peso de tu apellido y hasta qué punto este papel te ayuda a seguir construyendo tu propio camino?

Justo he comido con mi madre y con mi tía hoy y hablábamos de eso, porque nos han hecho otras preguntas parecidas. Siempre digo lo mismo. Para mí es un orgullo. Para mí, mi madre y mi padre son ellos. Yo no los veo como los ve la gente.

Sé perfectamente la connotación importante que tiene esta familia en este país y en el mundo, y para mí es un orgullo. Pero siempre digo que las etiquetas las pone la sociedad, las redes sociales y la gente. Nadie sabe bien cómo eres por dentro, ni lo que sufres, ni si tienes miedo o no.

Nacemos con una etiqueta que pone la gente y la gente opina de ti un montón de cosas. Tenemos la posibilidad de decir muchas cosas y que se escuchen muy fuerte, pero, si te equivocas, ocurre todo lo contrario. Estamos entre la espada y la pared. Aquí trabajamos mucho, madrugamos mucho y no hay ningún enchufado de la familia. Nunca jamás. Yo he hecho mis pruebas en todo lo que he hecho. He hecho la cola. Algunas veces me ha servido y otras no me han cogido. No es para nada una ayuda. Al revés.

Hay gente que te ama sin abrir la boca y gente que te odia sin abrir la boca. Creo que depende un poco de la educación de quien tengas enfrente, de cómo se haya criado, de lo que haya visto de ti y de lo que tenga en la cabeza. Pero esta familia, otra cosa no, los Flores currantes somos bastante. Eso me encantaría dejarlo bastante claro. Aquí hemos hecho la cola y la hacemos siempre. No tocamos puertas para saltarnos ninguna valla. Y tenemos que trabajar constantemente, como todo el mundo.

Más allá del relato musical, FIESTA PAGÄNA es una historia universal sobre la amistad, los sueños, el éxito, los conflictos y el precio de perseguir una pasión

Procediendo de una familia tan vinculada al mundo artístico y después de esta experiencia en «Fiesta Pagana», ¿qué referentes musicales y cinematográficos han marcado tu trayectoria? No tanto desde la intención de parecerte a ellos, sino por lo que has podido aprender de su manera de trabajar y de entender estas profesiones.

Cuando empecé con la música tenía mis propios referentes. Luego vas estudiando, te vas haciendo a ti mismo y vas encontrando tu armadura, tus cimientos, tu base. Eso es lo que me gusta a mí. Me considero una persona creativa y me encanta crear cosas desde cero.

Se pueden robar ideas, te puede gustar cómo hace algo otra persona y sacar un poco de ello, pero creo que lo bonito es forjar tu propia personalidad y tu propia base. No me fijo en nadie y no me gustaría ser como nadie, porque creo que todo el mundo es único.

Tengo la suerte de tener en casa a una gran actriz, como es mi madre, que además está triunfando en el teatro. También está mi hermana, por supuesto, pero a la que más veo es a mi madre. Si tengo alguna duda, siempre se lo comento a ella.

Tiene muchas tablas y ha recibido muchos golpes como para que me baile el agua. Ha tenido que dar la cara muchas veces y hacer trabajos buenos y malos. Creo que mi referente es mi madre, que no me va a mentir, que me va a decir la verdad a la cara y que encima es una gran actriz.

No es porque sea familiar mío. Es que lo considero y creo que lo es. No me quiero parecer a nadie ni busco parecerme a nadie. Me encantan muchos actores españoles, americanos, argentinos y de otros países, pero me gustaría ser yo mismo.

Hay muchos artistas que me gustan. No te podría contestar con uno. En la música, por ejemplo, me preguntan si tengo una canción favorita y digo que no. Este mes me gusta una y el mes siguiente me gusta otra. Musicalmente te puedo decir que me encanta Carlos Ares, que además es colega mío. Me encanta lo que ha hecho. Se parece bastante a lo que hago yo y me gusta mucho. También me encantan todo tipo de artistas.

Y con actores y directores me pasa lo mismo. Me gustan tantos, en diferentes papeles y diferentes películas, que no sabría decirte uno. Realmente no tengo uno. Yo miro, admiro y ya está. Luego, en el trabajo, no intento llevarme nada suyo.

Por ejemplo, ahora que he trabajado con Adrián Lastra, a quien no conocía personalmente, he flipado. He trabajado mucho con él y me ha sorprendido muchísimo su manera de trabajar, tan auténtica. No lo tengo como referente, pero sí he compartido muchas cosas con él y he aprendido de su manera de trabajar. Cada uno tiene sus cosas.

Precisamente, durante el rodaje has podido trabajar con intérpretes de mayor experiencia y enfrentarte a un personaje real como Moha. ¿Cómo has afrontado su construcción y qué has descubierto sobre tu propia manera de interpretar?

Soy una persona que no es muy metódica. Puedo estar riéndome y que me digan «acción» y ponerme a llorar. No necesito meterme tanto en una situación previamente. No soy muy metódico ni excesivamente sentimental en ese sentido.

Alguna gente me criticará por esto, pero yo lo vivo así y me parece más divertido. No he estudiado su vida entera. He estudiado cuatro cosas. Al final es como imaginarte qué harías tú si tuvieras que interpretar a cualquier persona.

Te fijarías en lo básico, en lo que quieres expresar de él y luego vas construyendo. Creo que sale un poco natural. En la vida, si lo planeas demasiado, a veces te llevas tú mismo una decepción. Y si lo planeas demasiado poco, algo te puede pillar por sorpresa y causarte un problema.

Creo que hay que encontrar el equilibrio. Eso es lo que hacemos. Y, en cuanto a referentes, hay muchos que te ofrecen tantas cosas que no te puedo decir un nombre ni diez, porque también estaría dejando fuera a otros diez. Es un poco eso: robar un poco de todos, como decía Bowie, y que nadie se dé cuenta.

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Pablo Arroyo
Pablo Arroyo
Apasionado del fútbol y del cine, me considero un periodista que combina su amor por el deporte con el arte de contar historias. Con un especial interés por las obras de Quentin Tarantino. Intento explorar la intersección entre el cine y el deporte, analizando cómo las narrativas del fútbol pueden ser tan cautivadoras como las mejores películas. Siempre en búsqueda de la próxima gran historia.

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