Presentada en la sección Tiempo de Historia de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), «Camionero» recorre las carreteras argentinas a través de las experiencias de quienes pasan buena parte de su vida al volante. Entre viajes nocturnos, largos tiempos de espera y conversaciones que revelan inquietudes personales, la película construye un retrato coral de un oficio habitualmente asociado al movimiento, pero también marcado por la soledad y la distancia.
Su director, Francisco Marise, explica cómo sus recuerdos de infancia y una etapa de constante movimiento personal dieron origen al proyecto. Una conversación sobre los límites entre documental y ficción, la intimidad de las cabinas, el contexto político argentino y la importancia de mirar más allá de los prejuicios.
«Camionero» se presenta en la sección Tiempo de Historia de la Seminci. Tengo entendido que detrás de la película hay una historia personal relacionada con tu abuelo y con los recuerdos de tu infancia. ¿Cómo surgió esa conexión con el mundo de los camioneros y en qué momento decidiste convertirla en una película?
Sí. A ver, no con mi abuelo nunca viajé en realidad, pero sí que mi abuelo trabajaba con camioneros en Colón, en un pueblo muy chiquito de la provincia de Buenos Aires, en Argentina. Y los veranos sí que lo acompañaba a su trabajo y era subirse a los camiones, escuchar las historias y las aventuras de los camioneros. Desde ahí me viene un poco la fascinación por ese universo y el respeto por ese universo y por ese oficio.
Después sí que tiene que ver con cuestiones personales. En mi caso siempre llego a las películas por preguntas personales o algún tema que me interesa en especial. En este caso, me había dado cuenta de que hace unos diez años me había vuelto una persona un poco nómada, en el sentido de que andaba con mi maleta de acá para allá trabajando en cine o haciendo mi película, que la rodé en Cuba y después la monté en Madrid. Me fui mudando de casa un montón de veces y estuve así un par de años, hasta que volví a pensar en los camioneros, en esas imágenes y esos recuerdos que tenía de cuando era chico y de cuando iba con mi abuelo a su trabajo. Ahí fue cuando dije: «Estoy viviendo como un camionero».
¿Cómo era esta gente? ¿Cómo harán estos camioneros y camioneras para transitar esos tiempos de espera al costado de la ruta? ¿Cómo harán para vincularse con sus seres queridos en la distancia? ¿Cómo harán para mantener ciertos vínculos? ¿Cómo harán para sostener una pareja? ¿Cómo harán para comunicarse con sus hijos? Eran preguntas que yo me estaba haciendo personalmente, para con mi vida, pero me pareció que acercándome a este universo lejano a mi realidad, pero colindante en la cuestión más existencial, podía llegar a explorar esas cuestiones que me interesaban. Y a partir de ahí nació la idea de hacer esta película.

Cuando voy en coche y veo pasar camiones, muchas veces me pregunto de dónde vienen o hacia dónde van. En la película hay una escena en la que uno de los camioneros consulta las cartas del tarot porque busca respuestas a cuestiones de su pasado. ¿Esa parte más reflexiva y metafórica estaba pensada desde el guion o fue surgiendo durante el rodaje y el montaje?
Fue apareciendo, la verdad. Cuando uno escribe un guion, en este caso junto con Javier Rebollo, íbamos buscando algunos objetivos. Pero claro, son objetivos en este cine como el mío, donde trabajo con personajes reales en situaciones reales y donde luego la experiencia del rodaje, al ser tan independiente y con un equipo itinerante, que íbamos viajando como camioneros, va moldeando también el hacer la película, va moldeando el rodaje y lo que va apareciendo delante de la cámara. Y la va enriqueciendo.
Si hay un objetivo en un guion, después va apareciendo en el rodaje y termina de aparecer en el montaje. En eso estoy de acuerdo con vos.
Yo creo que, en este caso puntual de la historia de Walter, que es la que vos mencionas, el hombre que se hace tirar las cartas, yo tenía un guion escrito. Hicimos un casting por videollamadas con camioneros que iban por toda Argentina. Y los que más o menos me cuadraban por su historia, volví a hablar con ellos. Con Walter fue la única persona con la que tuve la oportunidad de juntarme personalmente antes de ir al rodaje, porque a los demás los conocí el día del rodaje.
A Walter le mostré el guion que tenía escrito para hacer el tarot y me dice: «Esta es mi vida, es igual. Solamente que yo no estoy buscando a mi mamá porque tengo más preguntas de mi papá». Bueno, lo podemos cambiar. Y me dijo: «En vez de cuidarme mi mamá, me cuidó mi abuela. ¿Puedo decir eso?». Sí, obvio, vamos a contar tu historia. Pero bueno, qué casualidad, ¿no?
Al final, buscando algo aparece otra cosa muy parecida, pero mejor todavía. Y esto de que buscaba a su papá era una idea más de él, una vivencia de él, una experiencia de él.
Y es lo bonito, creo, de hacer este tipo de películas, con este tipo de cine que me interesa a mí, que es más un cine de lo real, que yo lo llamo así, que parte del cine documental, pero explora las fronteras del documental y juega un rato a la ficción. A veces algunos lo llaman no ficción y a mí mucho no me gusta el término, pero es verdad que se parece a eso. Y en ese jugar a que estas personas se representen a sí mismas, pero muy guiadas por el director, aparecen de repente este tipo de cosas. La realidad empapa la película, y la vida imita el arte y la mejora, yo creo.
Uno de los aspectos que más me llamó la atención es el trabajo con los silencios, los planos y la iluminación, especialmente en las escenas nocturnas. También destacan las tomas dentro de las cabinas de los camiones, que son espacios bastante reducidos. ¿Cómo fue rodar en esas condiciones y qué buscabas transmitir con esa combinación de imágenes, luz y silencios?
Lo de filmar de noche fue algo que se fue decantando solo en la película. Yo vivía en un pueblo cerca del pueblo donde vivía mi abuelo y viajaba mucho de noche de un pueblo al otro. Conservo desde niño esa atmósfera de esa ruta provincial argentina, un poco desértica, un poco fantasmal, con esas luces tenues. Todavía no había LED, por suerte, y hay como una poesía ahí, una atmósfera muy especial que quería retratar en la película porque todavía existe. Y creo que igual va a desaparecer con los LED y con el avance del progreso, que de repente se ilumina todo y todo parece un shopping mall en vez de una carretera de provincia.
Pero lo de filmar dentro de la cabina me parecía esencial porque me interesaba mucho deconstruir la idea o los lugares comunes con los cuales se representa la idea de camionero.
Siento que socialmente hay una idea de camionero que por ahí no hace justicia a todo lo que ellos fueron y todo lo que ellos hacen, que tiene más que ver con una mujer en cada puerto, con una casa en cada provincia. Y dije: «Bueno, no, a ver, esta gente es otra cosa, no es solo eso». Esos prejuicios pueden representar una parte de esa población, pero me parece que son otra cosa. Y creo que acercarme íntimamente a ellos era darles la oportunidad de retratarlos en otra dimensión, desde otro lugar.
También creo que cuanto más íntimo es el retrato, más universal se hace. Porque se vuelve más particular al ser más íntimo y se hace más universal. Y eso me interesaba mucho. La forma de abordar ese retrato más íntimo, para mí, tenía que ser dentro de las cabinas de los camiones, porque es su segunda casa, o su primera casa, y su segunda casa es donde está su familia.
Entonces, estando en ese espacio súper reducido con ellos, donde pasan cinco o seis días a la semana solos, era donde me parecía que podíamos llegar a encontrar esa atmósfera, esa intimidad y ese tiempo más meditativo o contemplativo que yo estaba buscando. Me parece que es totalmente coherente con los tiempos de espera que ellos viven a diario.
Porque todos nos imaginamos que un camionero está todo el día desplazándose, está todo el día viajando, está todo el día yendo de acá para allá. Y la verdad es que no, que gran parte del tiempo, si no la mitad del tiempo, están aparcados en un lugar esperando a poder seguir viajando, solos en el medio de la nada, muchas veces sin la infraestructura necesaria, muchas veces sin la comunicación necesaria.
Fue difícil meternos dentro de las cabinas y ver cómo hacerlo, pero fue divertido también. Es muy bonito tener acceso al lugar que habita una persona, sea una casa o, en este caso, la cabina de un camión, porque creo que también es parte del retrato de ese personaje.
A mí me interesan más las personas que los personajes, pero me interesan más los personajes que las tramas. Y los personajes creo que en esta película se terminan de completar cuando mostramos el lugar que habitan habitualmente, sea una cabina o sea un lugar donde reparan neumáticos.
El título, «Camionero», puede hacer pensar en la historia de una sola persona. Sin embargo, la película reúne diferentes testimonios y pequeñas historias. ¿En algún momento te planteaste centrarte en un único protagonista, como podría haber sido Walter, o desde el principio querías construir ese retrato de varios camioneros?
Sí, no, a ver, cuando empecé con esta idea de decir «estoy viajando sin parar, me estoy moviendo sin parar», empecé a pensar en los camioneros y quise acercarme a ellos para tratar de entender también un poco mi situación vital de ese momento.
Empecé a pensar al principio en eso, en acercarme al universo. Y cuando pensé en hacer la vida de un solo camionero, que fue la primera idea que se me ocurrió, y que siempre hay que desconfiar de las primeras ideas, yo creo, a la hora de hacer una película o cualquier cosa, dije: «Pero eso es típico, ¿no? Mostrar un tipo o una chica camionera que está solo o sola y que está viajando».
¿Qué pasa si la que viaja es la película? Y en ese viaje de la película, que era un viaje literal porque en el rodaje nos íbamos desplazando por las distintas rutas de Argentina, nos vamos encontrando con otras personas que también están viajando, que son distintos camioneros y camioneras.
Y así surge la idea de hacer un retrato más coral, esta especie de mosaico o de película de viñetas. Me divertía eso, que era como una road movie en carretera, y que la película sea como un camión que se va encontrando con otros camiones y otros camioneros en la ruta.
Hay otra historia que me llamó la atención, la de un camionero que lleva una fotografía instantánea y parece estar buscando a alguien, aunque nunca llegamos a saber quién es. ¿Esa parte estaba más guionizada o ficcionada? ¿Buscabas también dejar ese misterio sin resolver, sin ofrecer una respuesta concreta al espectador?
Sí, ese personaje es Alejandro, es de Pergamino, de la ciudad donde soy yo y donde viven mis padres. Y Ale hace unos años que decidió vivir en la carretera y un poco ir sin plan, a la deriva. Y cuando yo empecé a hacer la película pensé en él. Había escrito con Javier la historia de este personaje que busca a alguien con una foto, no sabíamos quién iba a ser. Me enteré de que Alejandro estaba en esta situación.
Hablé con él. Él estaba en Río de Janeiro viviendo en la calle, dormía en la calle y se lavaba en un baño público. Un poco eso lo absorbí de su vida. Y cuando le pregunté por qué vivía así, me dijo que estaba buscando una respuesta casi existencial después de la muerte de su mamá. Quería entender algunas cosas y estaba buscando algo espiritual, una respuesta espiritual.
Y yo le conté que tenía escrita la historia de un personaje que buscaba algo con una foto, que en el guion era una persona y que había un desarrollo de esa historia.
Pero claro, él no estaba buscando a nadie, él solamente estaba buscando algo, una pregunta más interior, algo más abstracto. Y conversamos y le propuse: «¿Y si adaptamos esta historia? Tu búsqueda la representamos con que estás buscando algo con una foto que como espectadores no vemos, no vemos qué foto ni qué persona es, y no lo contamos».
Y le pareció bien. A mí me pareció justo también porque creo que haber forzado un poco más la historia de él y haberlo hecho buscar una persona que en realidad no estaba buscando hubiese sido traicionar un poco su historia.

Aunque la película está ambientada en la actualidad, hay momentos en los que escuchamos la radio de fondo y algunas intervenciones de Javier Milei. ¿Querías situar cronológicamente la historia y, al mismo tiempo, reflejar la situación política y social que atraviesa Argentina desde su llegada al poder?
Sí, lo de incluir en la radio noticias relacionadas con este gobierno actual argentino, o palabras del actual presidente argentino, estaba desde un principio en el guion. Me interesaba contar a través de la realidad de los camioneros la realidad de muchos o de la mayoría de los habitantes de Argentina.
Y a la vez darle un marco temporal a la película, al momento donde sucede la película, que me parece importante porque, al no tener un espacio definido, cada personaje que aparece está en una localización diferente y que ya no se vuelve a repetir en el resto de la película. Me parecía importante contener a todos en una época.
Y a la vez retratar esa época de alguna manera siendo lo más fiel a lo que para mí está pasando en Argentina, que tiene que ver con que Milei dice alguna barbaridad por la radio y se contradice totalmente con, por ejemplo, cuando sale en el noticiero o en el telediario las imágenes de los cerdos y la gente, los vecinos, cargando esos cerdos y llevándose comida a sus casas.
También porque me parece que en Argentina los camioneros son un poco una metáfora del país. En los años 90, por ejemplo, la red ferroviaria argentina era la más grande de Latinoamérica y fue siempre muy importante en toda América.
Y se privatizaron todas esas redes, todas esas empresas ferroviarias, se privatizaron de mala manera, se vaciaron las empresas y se desmantelaron las vías férreas. Entonces, en los 90 fue cuando los camioneros tomaron mucho poder en Argentina, que son capaces de abastecer o de parar al país, porque tienen mucha fuerza.
Y también quería contar que en este momento, de una situación política muy parecida a la de los 90, los camioneros no están reaccionando. Teniendo la posibilidad de parar el país, no están reaccionando a esas políticas. De hecho, muchas de las personas que filmamos están a favor de este gobierno cuando yo no, pero también me interesaba acercarme a ellos para tratar de entender por qué.
Para terminar, después de su paso por la Seminci y cuando «Camionero» llegue a las salas, ¿qué reflexión te gustaría que se llevaran los espectadores, especialmente aquellos que no conocen de cerca la realidad de los camioneros argentinos?
A mí me gustaría, y me daría mucha ilusión, que los espectadores disfruten de la película y se puedan dejar llevar por la experiencia fílmica que propone la película, que yo creo que tiene que ver con una percepción del tiempo muy especial. Y creo que empapándose de esa sensación de tiempo o de esa densificación del tiempo que da la película, se entienden muchas cosas de las vidas de los camioneros sin tener que explicarlas con palabras o sin tener que explicarlas racionalmente.
Me gustaría que se dejen llevar por la experiencia audiovisual que propone la película y también, si alguno o alguna tiene algún prejuicio con los camioneros, que puedan darse cuenta de que son personajes, o personas en realidad, con muchos más matices de lo que los prejuicios dicen.