Reconozco que cuando me enteré de este proyecto estaba con las expectativas por los suelos. Y si mis expectativas estaban tan bajas es porque yo fui de esa gente que vio el «Dragones y Mazmorras» del año 2000, con un Jeremy Irons completamente pasado de vueltas y unos efectos más propios de un telefilm de antena3 a mediodía que de una producción que pretendía llevar a la pantalla un universo fantástico super rico y profundo. No contento con esto, también vi la pseudo secuela que se hizo en 2005 y que, si la anterior ya era mala, esta no sé ni como calificarla. Así que, con ese bagaje dentro de la saga en lo que a adaptaciones de acción real se trata, hemos llegado a este «Dungeons & Dragons» del año 2023 -y que llega a nuestros cines el 31 de marzo- ante el que reconozco que debo sacarme el sombrero y tragarme mis prejuicios.
Y es que, si algo hace especialmente bien esta nueva incursión en el universo de Dragones y Mazmorras es, precisamente, recuperar algo que tenía la serie de animación y que se perdió en las películas anteriormente mencionadas y que no es otra cosa que la diversión y el entretenimiento. La película, desde el minuto uno, realiza una apuesta. Y no es otra que jugársela a venderte unos personajes carismáticos -atentos a la puesta en escena del personaje de Chris Pine- y abrazarlos para construir a su alrededor esta divertida aventura clásica.
La película no pretende en ningún momento inventar la rueda. Tenemos un villano bastante típico y tópico -aunque tremendamente bien defendido por Hugh Grant, que está fantástico- y una serie de secundarios que funcionan más como alivio cómico que como una expansión real de este universo y sus distintas razas a las que dichos personajes representan. Pero, a pesar de que es obvio que no profundiza todo lo que podría en el material original, si que consigue dar la sensación justa y muy medida de que hay más que contar -y no tengo duda de que lo harán si esta cinta funciona bien en taquilla- sin crearte la mala sensación de que te falta algo en la película.
Mientras van sucediéndose las distintas aventuras -que no dejan de ser como niveles de un videojuego con misiones principales y secundarias- la cinta sigue abrazada al enorme carisma de sus personajes, a su ritmo frenético y a ese cáliz aventurero que tan bien sienta en este tipo de cine y que, por desgracia, parece que últimamente estamos perdiendo en las grandes salas más allá de la producción de superhéroes de turno.
Al final del día, Dungeons & Dragons no deja de ser una película de robos, con sus distintas fases del plan bien elaboradas y que sucede dentro de un universo fantástico donde hay distintas especies, dragones y otros animales fantásticos -y que cuenta con un muy buen diseño de producción, dicho sea de paso-. Pero, su tono claramente cómico, unido a su búsqueda constante del entretenimiento hace que la película crezca y se convierta en una apuesta casi segura para el cine familiar y palomitero. Mucho más que los últimos productos de Marvel y DC que pecaban precisamente de lo que aquí sobra: diversión.
En definitiva
Es una película sencilla, muy bien realizada, con un reparto que brilla y cumple con lo que se le pide y que, creo, dejará satisfecho a una buena parte del público consiguiendo, en el trayecto, arrancar algunas carcajadas con las ocurrencias de sus personajes. Recomendable.