Aunque Lynne Ramsay tuvo un brillante arranque en su carrera con «Ratcatcher», película que tiene bastante que ver con la que nos tañe hoy, y con la correcta, «Morvern Callar», no fue hasta 2011 cuando nos entregó la que, probablemente, es su película más conocida «Tenemos que hablar de Kevin» donde su carrera realmente despegó para el gran público.
Posteriormente, y en una carrera mucho menos prolífica de lo que debería, nos entregó la maravillosa «En realidad nunca estuviste aquí” que acabó por confirmar que el talento tras las cámaras de Ramsay estaba fuera de toda duda.
Este 2025 llega a nuestros cines el próximo 14 de noviembre la nueva cinta de la realizadora británica llamada «Die my love» y lo hará, preveo yo, cargada de división entre el público.
Y es que, si algo caracteriza a la realizadora británica es su capacidad para poner en imágenes cosas que suceden en la cabeza de sus personajes. Normalmente personajes alienados por la sociedad o que están pasando por momentos francamente duros que Lynne, que trabaja muy bien la imagen y el contenido de la misma, juega a mezclar dicha imagen con el guion para que el espectador se vea completamente inmerso en el juego que propone la directora y seamos participes de la locura que va a desatarse en pantalla.
Die my love no iba a ser menos en este aspecto y nos plantea una revisión de como una noticia a priori positiva para una pareja, como es tener un bebé, puede convertirse en ocasiones en una auténtica pesadilla cuando la depresión postparto aparece y no hay herramientas para controlarla y combatirla.
La cinta plantea ya desde su inicio distintos momentos temporales y se narra desde la perspectiva del personaje al que da vida Jennifer Lawrence, que es un narrador poco fiable, ya que está inmersa en con graves problemas de salud mental.
Y, por si esto no fuese suficiente, Ramsay decide plantearlo todo como una escalada de excesos en que cada minuto que pasa se desciende un poco más hacía un abismo frio, oscuro y cruel demostrando que no hay ningún tipo de concesiones con el espectador.

La película es tremendamente dura y está cargada de significado y simbolismos en cada plano, en cada gesto, y en cada conversación. Lo que implica que exige al espectador no solo aceptar las reglas del juego que nos propone la cinta, sino estar atento a lo que está ocurriendo para ir desgranando las diversas capas con que el guion va aderezando todo lo que se nos está explicando aquí creando una experiencia extrema, dura y que obviamente dividirá entre el público que llegue aquí guiado por las dos superestrellas que tiene la película en el reparto y se encuentre algo tan extremo a nivel de violencia psicológica y que da muy pocos asideros a los que agarrarse para no sufrir con la cinta y el mal cuerpo que la temática que trata deja.
Huelga decir, y creo que es importante remarcarlo, que todo lo que se plantea desde la dirección no sería posible sin la entrega absoluta de una Jennifer Lawrence que vuelve a demostrar por qué es una de las actrices más brillantes de su generación y cuya ausencia en las quinielas para las nominaciones a premios me deja absolutamente alucinado y sin entender nada. La capacidad para pasar por distintos estados de ánimo es simplemente apabullante. Y su entrega tanto física como mental demuestran que estamos ante una actriz que no tiene miedo a absolutamente nada y que vuelve a recorrer una senda que ya transito en Madre de Aronofsky. Ella es el gran pilar donde se sustenta todo y aunque Pattinson hace también un tremendo papel, queda opacado ante la brillantez de su coprotagonista.
En definitiva
Creo que Die my love es una más que notable película, que sabe poner en imágenes algo tan duro y cruel como es la salud mental desde los ojos de quién la padece, pero que por sus formas y su escalada extremista de situaciones puede que aleje a algunos espectadores. Los que ya sean habituales de Ramsay creo que si “disfrutaran” de una cinta distinta, dura y muy interesante de esas que yo particularmente celebro que nos sigan llegando a los cines demostrando que siempre hay hueco para el riesgo.