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«Buena suerte, pásalo bien y no mueras»: El fin del mundo en presente

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Gerard Garrido Duch
Gerard Garrido Duch
Divulgador científico y cultural, además de apasionado del cine y de la crítica. Soy un barcelonés devorador de películas, estudioso de los Oscar y devoto de Billy Wilder y Scorsese. Capaz de desviar cualquier conversación hacia el cine, también encuentro refugio en el fútbol, la música y la gastronomía.
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Estamos enganchados a las pantallas. Las redes sociales están condicionando la forma en que vivimos y la inteligencia artificial está erradicando la creatividad de nuestras vidas. Nos estamos perdiendo lo que está delante de nuestros ojos por no levantar la vista del móvil, pero ¿y si lo que nos estamos perdiendo es el apocalipsis?

 La nueva película de Gore Verbinski (Piratas del caribe, El llanero solitario) nos plantea un presente en el que es demasiado tarde para evitar que una IA acabe con el mundo. La única esperanza en nuestra sociedad anestesiada por la dopamina de TikTok es un Sam Rockwell viajero del tiempo que debe reunir un equipo de parias que pierden el tiempo en un restaurante. El héroe futurista vive en un bucle de ensayo y error perpetuo, probando todas las combinaciones de anónimos ciudadanos hasta evitar con éxito el nacimiento de la inteligencia artificial que acabará con todo.

Verbinski apuesta por un tono gamberro en todo momento, combinando un humor muy negro y violento con una trama delirante que explora las consecuencias más extremas de nuestra dependencia de la tecnología. La primera mitad rastrea el pasado de los personajes y cómo la sociedad digital los ha llevado a estar en el peor momento de sus vidas. Todos estos flashbacks son inquietantes a la vez que desternillantes, pero destaca el protagonizado por Juno Temple que denuncia la hipocresía y el cinismo de la sociedad estadounidense ante el gran problema que son los tiroteos escolares.

A medida que se desarrolla la trama se vuelve una aventura de acción más al uso. Aún así, Verbisnki explota su cinefilia referenciando clásicos de la ciencia ficción, el cine de zombies, la iconografía de los videojuegos y un humor absurdo que puede recordar a Los Daniels. Su mayor virtud -aun corriendo el riesgo de rechazar algunos espectadores- es la convicción con la que Verbinski toma sus decisiones narrativas y de puesta en escena.

Michael Peña y Zazie Beetz en «Buena suerte, pásalo bien y no mueras»

Todo el elenco va de la mano del director en esta misión suicida y Sam Rockwell encabeza el reparto encarnando a un protagonista desquiciado que recuerda al Brad Pitt de 12 monos. El corazón de la película es el personaje de Haley Lu Richardson, que consigue cristalizar el drama y la tragedia en un relato eminentemente disparatado.

Buena suerte, pásalo bien y no mueras huye de las sutilezas para elaborar un discurso sobre los peligros de la tecnología. Lejos de las consideraciones más elegantes de productos como Black Mirror, Verbinski tira de brocha gorda tanto para la narrativa como para el humor. Sin embargo, esta falta de matices se complementa con una aventura hipnótica en lo visual y adictiva en lo narrativo. Se trata de una película que no se avergüenza de considerarse cine de género para homenajear a la serie B, el fantástico y la ciencia ficción sin intentar imitar a nadie, construyendo su propia identidad como film de culto.

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