InicioBlog"Black Mirror": El abismo tecnológico que nos mira

«Black Mirror»: El abismo tecnológico que nos mira

Tienes que leer

Carlos Muñiz Vidal
Carlos Muñiz Vidal
Intento huir de las películas y las series, pero ellas me persiguen. Desde mis estudios de audiovisuales a mi trayectoria profesional en canales temáticos, puede que sea yo el que las persiga a ellas. Fascinado por las historias desde siempre, sean éstas a través del cine, la literatura, el teatro o la televisión, en esta época de plataformas intento buscar esa fascinación oculta en el algoritmo que nos impide descubrirlas.
Publicidad
Publicidad

Contar una y otra vez historias plagadas de una tecnología todavía más intrusiva que la que tenemos hoy en día como lo hace Charlie Booker, el creador de la serie de Netflix «Black Mirror», es algo casi sobrenatural. Si no fuera por las 7 temporadas que lleva, podríamos llegar a pensar que hay alguna IA detrás; multitud de actores y actrices conocidos poniendo rostro a mundos tan tecnológicos y que a la vez nos resultan tan familiares, cuando es evidente que la barrera con la realidad hace tiempo que importa poco en este producto.

Esta serie nos muestra una tecnología que desearíamos tener ya, a pesar de las implicaciones que en cada episodio supone lo que esa tecnología haría de nuestras vidas. Y la alternancia de los episodios entre comedia y drama, con ese equilibrio entre lo contado que casi arranca desde los créditos con la pantalla rompiéndose en pedazos para darnos el aviso de que eso, la pantalla que miras, va más allá de una pantalla. Es el abismo tecnológico que viene.

© 2024 Netflix, Inc. Emma Corrin en «Hotel Reverie»

Esta séptima temporada es bastante irregular, con seis episodios que trazan todo un recorrido bastante amplio en cuanto a géneros, desde la comedia («Gente Corriente», «Bête Noire»), la distopía («Juguetes») pasando por el drama («Hotel Reverie», «Eulogy») y la ciencia ficción («USS Callister: Infinity»). Es uno de los mayores atractivos de esta serie, el no saber exactamente qué género te vas a encontrar cuando comienzas a ver cada episodio; simplemente y de alguna manera la tecnología será protagonista en mayor o menor medida, pero sin acaparar todo el protagonismo. El verdadero protagonismo está en donde debe de estar: en las emociones de los personajes.

Charlie Booker rompió el concepto de serie de ciencia ficción creando otra cosa; ¿es ciencia ficción Black Mirror? ¿hasta qué punto el protagonismo de la tecnología la convierte en una serie de ciencia ficción? Bajo mi modesto punto de vista, sólo es un ingrediente, pero no el ingrediente principal. Y esa variación especialmente indicada para los que no sean muy seguidores del género, es lo que hace que esta serie llegue a la audiencia que llega. El envoltorio es el de un producto de ciencia ficción, pero sin avasallar.

Los seis episodios parten, como siempre en esta franquicia, de premisas que pueden llegar a ser repetitivas, pero que en este caso, son muy ingeniosas.

«Gente Corriente» es un episodio casi antológico, ese episodio que define el producto audiovisual que tenemos delante y que encontramos en cada temporada, desde clásicos de esta serie como «Tu Historia Completa», o «Caída en Picado», en donde la temática convergía hacia las redes sociales y las suscripciones, aspectos de ese mundo futuro que nos resultan más inclusivos y reconocibles. El ritmo del episodio es algo repetitivo, pero la idea es tan brillante que consigue integrar las dos grandes líneas argumentales de esta serie de manera perfecta: la tecnología y su deshumanización.

Tanto «Hotel Reverie» como «Bete Noire» son divertimentos a costa de ideas que pueden resultar originales, pero que tienen multitud de referencias previas, y aunque al principio enganchan (una de las virtudes de cada episodio de esta serie es el planteamiento) luego no explotan todas las posibilidades, y en estos dos episodios se pierden en el aburrimiento e incluso en un final muy decepcionante, casi infantil.

«Juguetes» y «USS:Callister: Into Infinity» son dos muestras más, con desigual fortuna, de la temática sobre videojuegos que siempre ha tenido un hueco en esta serie. La primera es bastante cargante, aburrida y algo contagiada por la interpretación de su protagonista, y la segunda hereda una idea brillante de la cuarta temporada sobre un videojuego con humanos clonados, y a pesar de ser el episodio de más duración de esta temporada, no consigue en su hora y media desarrollar de una manera coherente la trama, pareciendo una mala copia del episodio de 2017 en el que se basa.

© 2024 Netflix, Inc. Paul Giamatti en «Eulogy

Y luego está el mejor episodio de la temporada, «Eulogy”.

«Eulogy” es una obra maestra. Este episodio protagonizado por Paul Giamatti, quién borda el papel, es pura emoción, acercándolo a “San Junípero» o a «Ahora Mismo Vuelvo», auténticas piezas de perfecta arquitectura narrativa con el amor puro como tema en común, tiñendo el universo tecnológico de una manera tan tangencial que llegas a olvidarte de ese universo viendo estos episodios. Es el culmen de la temporada, y te reconcilia de alguna manera con la serie al igual que en otras temporadas tenías tus dudas de seguir siendo fiel a esta propuesta por encadenar varios episodios flojos, para encontrarte de repente maravillas como esta que renovaban tu confianza en la serie.

Afortunadamente para sus seguidores, Black Mirror continuará en sucesivas temporadas porque el material del que parte es inagotable: siempre habrá un giro argumental sobre una tecnología no inventada todavía que pueda utilizarse narrativamente para conseguir lo que consigue casi siempre cada episodio, contarte algo diferente.

Publicidad
Contenido patrocinado

Últimas entradas

Cine y emociones: «Gran Torino»

Un gran poeta dijo una vez que, si la soledad manchara, no habría agua suficiente en este mundo para...

DEJA UNA RESPUESTA

¡Escribe tu comentario!
Por favor introduce aquí tu nombre

Publicidad

Más artículos como este