«Manas», dirigida por Marianna Brennand, cuenta la historia de Marcielle, una niña de 13 años de la isla de Marajó, en la Amazonía, que lucha por hacerse oír en un entorno marcado por la violencia y el aislamiento. Tras su paso por festivales como Venecia y Huelva, y como representante de Brasil en los premios Goya, la película combina sensibilidad cinematográfica con un trasfondo documental, abordando la violencia de género y la explotación infantil de manera universal. En esta entrevista, Brennand habla sobre los orígenes del proyecto, su enfoque narrativo y el impacto que Manas ha tenido en el público y la industria internacional.
Marianna es tu primera película y ha sido un éxito, 41 nominaciones y premios como en el Festival de Venecia ganando el Giornate degli autori, en el Festival de Huelva el Colón de Plata, el Premio Especial del Jurado, además del Premio del Público. Ahora vas a representar a Brasil en los premios Goya. ¿Qué nos puedes contar? ¿Sensaciones?
M.B– Una sensación de misión siendo cumplida. Hice Manas porque quería dar voz a mujeres y niños silenciados todos los días que sufren violencia, hacer un filme que se conecta de una manera tan profunda y arrebatadora con el público, es muy especial. Desde Venecia, cuando ganamos el premio principal de Giornate, tuvimos una dimensión de la potencia del filme y también de cuánto que esta historia del Marajó, del norte de Brasil, es universal. Es una emoción que tiene sensaciones contradictorias.
Por un lado, es muy especial y maravilloso ver el éxito de este filme en todo el mundo, ganando premios del público, de la crítica. Y por otro lado es triste saber que esta conexión viene porque la realidad que Manas retrata es universal. Muchas mujeres se conectan con el filme, muchas personas se conectan con el filme porque también han vivido violencia en su vida. Así que creo que esta trayectoria de éxito, siendo exhibida en diferentes países en todo el mundo, siempre tengo el regreso de las personas que asisten agradeciendo por haber hecho el filme, por el coraje de hacer la película, por la manera sensible en que esta historia es contada.
Me dicen que no es solo en Brasil que sucede esto. Aquí en mi país también sucede. Ya sucedió conmigo, ya sucedió con alguien muy cercano a mí. Entonces, todos estos premios, hace que el mensaje del filme tengo un eco muy fuerte en todo el mundo. Así que ser la película brasileña candidata al premio Goya de Mejor Film Iberoamericano, estar aquí en España en este momento, conversando con usted y haciendo eco del mensaje y poder hablar sobre esto, es una oportunidad única.
Un filme que habla sobre la violencia y que mi deseo es que generemos debate, que generemos transformación y que contribuyamos de alguna manera para acabar con la violencia, para alentar a las mujeres a romper sus silencios. Entonces, este momento es todo muy importante y necesario.
Además como estas comentando, el acogimiento del público que ha dado las gracias por la película, este proyecto, no solamente un público, un espectador como puedo ser yo o la gente que va al cine, sino también grandes nombres de la industria de Hollywood como Sean Penn, Walter Salles y los hermanos Dardenne se hicieron eco de la historia y de hecho son productores de la película. ¿Eso supongo que también ha sido para ti una gran impresión?
Sí, yo creo que tener a Walter Salles, los hermanos Dardenne y Sean Penn como productores ejecutivos y compañeros de este filme, muestra la relevancia de esta historia y la importancia.
Walter Salles, que es nuestro director brasileño, vencedor del Oscar, los hermanos Dardenne, que hacen un cine humanista reconocido en todo el mundo, se involucraron en Manas desde el principio, reconocieron la importancia, la relevancia y la urgencia de contar esta historia. Y fue un proceso muy rico de cambio creativo y de apoyo de ellos en la realización del filme.
Y Sean Penn entró ahora en uno de estos momentos de visibilidad del filme. Estaba recibiendo un premio en Cannes, el Women In Motion Emerging Talent Award, él vio mi discurso de agradecimiento y pidió que me conociera, porque él dijo que la mujer que dijo esas palabras tan fuertes y contundentes seguramente había hecho un filme muy importante que él necesitaba ver. Y cuando lo vio me llamó y dijo, estoy profundamente emocionado con todo lo que vi, este filme es necesario, y todo el mundo necesita verlo. Tiene una mensaje que necesita conocerse en todo el mundo. Y me dijo: ¿cómo puedo ayudar? cuente conmigo. Y se convirtió en productor ejecutivo y hizo las sesiones en Los Ángeles para el Awareness Film Festival
Aunque la historia que cuentas podría ocurrir en muchos lugares del mundo, «Manas» se centra en Marcielle, una niña de 13 años de la isla de Marajó que intenta hacerse oír en un entorno marcado por la distancia y el aislamiento, ¿cuál fue el origen de esta historia?
He tenido contacto con esta realidad que ocurre allí, con mujeres de esos lugares, que yo nunca había oído hablar. Y me quedé absolutamente afectada como mujer, de saber que esto sucedía con estas niñas y mujeres en el río Tajapurú, en la isla de Marajó. Y como documentalista, en aquel momento decidí que necesitaba hacer un documental para lanzar luz y contar esta realidad y denunciar.
Manas cuenta una historia que es muy específica de la isla de Marajó, dentro de un contexto social, económico, geográfico, de aislamiento de aquella región. Pero la explotación sexual infantil y el abuso intrafamiliar ocurre en todo el mundo, ocurre en todo Brasil, la violencia de género, la violencia contra la mujer no respeta la clase social, la raza, la religión, el lugar geográfico donde se vive.
Hay muchos casos de abuso sexual, de feminicidio, en Brasil y en todo el mundo. Entonces, creo que la potencia de Manas está ahí. Creo que representa una violencia que es universal y que necesita acabar en todo el mundo.
Es cierto que por los planos, los silencios (que sirven un poco como metáforas) que utilizas hay partes de documentalista ¿porque finalmente decidiste no hacer un documental? y luego ¿cómo has conseguido el equilibrio de combinar una realidad tan cruda con una sensibilidad cinematográfica?
Creo que ese es el gran desafío y el gran… Lo que hace Manas un filme tan especial. Es la manera en que conseguimos contar esta historia tan violenta, tan difícil, tan cruel, sin traer más violencia, ¿no? De una manera delicada, sensible, haciendo que el espectador, en lugar de… No necesita ver la violencia, pero se siente esa violencia. Tienes la experiencia de los silencios, también puedes beber de tus propias experiencias mientras estás viendo el filme. Y ese fue un principio fundamental.
Cuando estaba construyendo, entendí que contar el filme de una manera documental, hacer un documental, sería imposible éticamente para mí, porque necesitaría poner a mujeres y niños enfrente de las cámaras y pedirles que recontaran esas experiencias. Y cuando revives un trauma, vives ese trauma, y eso es muy violento. Y no quería hacer una película sobre una realidad violenta y traer violencia en el proceso de hacer eso, especialmente para las víctimas.
Entonces, de inicio, pensando en cómo contar esta historia, entendí que la ficción me daría esa posibilidad de construir el universo de esta historia sin traer violencia y con mucha delicadeza. Entonces, desde el principio fui entendiendo cómo usaría la “gramática” cinematográfica y todas las herramientas de la ficción para construir esta historia sin mostrarte la violencia literalmente, sin exponer el cuerpo de esta chica. Entonces, todo el trabajo de sonido, el diseño de sonido, tienes un sonido muy inmersivo que te lleva dentro de ese universo.
Empiezas a escuchar el sonido de la selva del río, de la madera, de una manera muy realista. Y a medida que las violencias suceden, ese sonido se vuelve más… por la perspectiva del personaje, se vuelve más subjetivo. El uso de las elipsis para no mostrar la escena de la violencia.
Es cierto que sin mostrar esa violencia, salvo un momento puntual, la puedes notar, sentir, y de hecho hay muchos momentos que muestras esa violencia pero de manera simbólica, como puede ser lo momentos en los que se esta bañando.
Si lo momentos en el agua, donde se ve solo la parte de la cabeza y emerge del agua. Entonces, construimos esos momento de representación simbólica y cinematográfica para contar esta historia de una manera sensible, delicada y sensorial. Quería mucho que el espectador tuviera la sensación de que estaba viendo la vida sucediendo delante suya.
Ese valor documental, esa sensación de que estás viendo un documental, para mí era muy importante, porque quería que se acreditara en todo lo que estuvieras viendo. Que la historia debía ser auténtica. Es tanta la violencia que sucede que es casi imperceptible. Se divide en algunos momentos. ¿Será que esto podría suceder? Entonces, era muy importante para mí que el filme pareciera verdadero todo el tiempo y que yo pudiera poner a quien estuviera viendo en el corazón de esta niña.
Que se pudiera sentir con ella. Cada pieza de la jornada, cada respiración de ella. Por eso, todo este tratamiento sensorial también, en el filme, este balance entre realidad y una sensorialidad.
Hay una frase que dice la madre de Marcielle durante la película que me ha quedado grabada: “No vale la pena cambiar las cosas”. No solo como directora de la película, sino también como mujer, ¿qué te provoca escuchar esas palabras? Porque, de algún modo, quienes ven esa violencia y no dicen nada también comparten cierta responsabilidad por no denunciar, aunque no lo hagan por miedo.
El filme es una investigación profunda que hice durante ocho años de la realidad que estas mujeres y niñas viven en aquella región. Y no solo allí, pero creo que en todo el mundo una de las razones por las que la violencia sigue sucediendo es el silencio. Es mantenernos las cosas como están. Entonces estamos hablando de una madre que es silenciada, que tiene miedo de decir lo que sucede con ella, que cree que esta es la única realidad posible, que ya fue violentada.
Y esta persona representa el ciclo del abuso. Una mujer que vive este ciclo del abuso por generaciones, que es lo que sucede con muchas mujeres en esa región, y que cree que esto debe ser mantenido. Esta frase de ella: “no vale la pena cambiar las cosas”, dejar todo como está, es una frase de una mujer que vive oprimida dentro de una sociedad machista y patriarcal, donde la última palabra es la del hombre.
Es mejor no mover las cosas. Ese hombre, esa figura dentro de esa casa, esa figura masculina, representa la orden, la ley, y va a dictar cómo las cosas suceden. Entonces mi deseo con este filme es que desafiemos todas estas cuestiones, que hablemos sobre esto, que traemos debate y consciencia, y lancemos luz en esta realidad, que es la realidad de mujeres en todo el mundo.