La plataforma de streaming El Gourmet, producida por AMC Networks International Southern Europe, ofrece en exclusiva «El queso, una historia de amor», una serie documental en la que el maestro quesero Afrim Pristine viaja por el mundo para descubrir auténticas joyas secretas relacionadas con el mundo del queso. La producción, que ya está disponible al completo, viaja a través de seis episodios por lugares como Suiza, Francia, Grecia, Toronto, Quebec y la Columbia Británica para mostrar cómo la pasión de Afrim por este exquisito producto no hace más que crecer a medida que profundiza en la forma en que cada cultura lo ha hecho suyo.
Afrim Pristine es el maestro quesero más joven del mundo. Desde su infancia, el queso ha sido su vida. Nació en el seno de una empresa quesera familiar (la Cheese Boutique de Toronto), donde Afrim asumió su papel de hijo que continuaría el impresionante legado de su familia. En un sector que no deja de evolucionar con nuevos platos y nuevas formas de elaborar y curar el queso, el deseo de Afrim de experimentarlo todo también ha ido creciendo.
La pasión y el impulso que siente por empaparse de todos los conocimientos posibles le llevan ahora por todo el mundo para ampliar sus conocimientos y compartir su amor por uno de los mejores alimentos del mundo. En esta aventura se reunirá con ganaderos, queseros, propietarios de tiendas, afinadores y chefs que, como Afrim, sienten una gran pasión por el mundo del queso y están dispuestos a compartir sus propios secretos sobre este alimento emblemático.
El Gourmet es la primera y única plataforma de streaming en España dedicada a la alta gastronomía. Puede disfrutarse por tan solo 1,99 € al mes o 19,99 € al año y está disponible a través de su versión web (www.elgourmet.es), de la aplicación para dispositivos móviles iOS y Android, como canal en Prime Video y en Tizen (Samsung).
Sinopsis episódicas
Suiza
Afrim Pristine inicia su andadura en Suiza, un país en el que el queso forma parte de su identidad nacional. El maestro visita Grùyeres, donde descubre los orígenes y secretos del queso que lleva el nombre la localidad, donde también se deleita de una selección de fondues para todos los gustos. A continuación, se dirige a Verbier, hogar espiritual de la Raclette, para descubrir cómo se fabrica. La siguiente parada es Gstaad, una localidad que alberga algunos de los mejores restaurantes del mundo en los que se sirven platos muy especiales con los quesos regionales de Suiza como protagonistas. Para terminar su periplo, Afrim se adentra en Emmental, una región famosa mundialmente por su queso homónimo.
Francia
Camembert, brie, reblochon, comté… No son pocos los países que se autoproclaman «maestros» del queso, pero ninguno lo tiene tan presente en su identidad cultural como Francia. Afrim recorre París en busca de los mejores platos que incluyen queso de toda la capital francesa. Después, se sumerge en Le Fort des Rousses, cerca de Ginebra, para conocer una de las bodegas de maduración de quesos más grande del mundo y degustar las elaboraciones del único restaurante atravesado por una frontera. Dieppe, en el norte de Francia, es la siguiente estación del maestro quesero, que finaliza su viaje regresando a París para acudir al Salon du Fromage, una de las ferias de quesos más importantes a nivel mundial.
Quebec
La fabricación de quesos en Quebec es una práctica tradicional arraigada y parte de su patrimonio que encontramos en queserías familiares desde hace generaciones hasta los ingredientes clave de los platos clásicos locales. Quebec es conocida como una de las mejores regiones queseras del mundo y ha desarrollado toda una industria turística en torno a la gran calidad y variedad de sus quesos.
Toronto
Esta vez, Afrim hace un pequeño viaje alrededor del mundo en su propia ciudad, Toronto, una de las urbes más diversas y culturales del planeta. Afrim tiene la rara oportunidad de comprobar las enormes aportaciones que ha recibido el queso desde que empezó en el negocio. Desde los camiones de comida filipina a los restaurantes coreanos, pasando por los clásicos caribeños, Afrim descubre los secretos del queso en los barrios de inmigrantes de toda la ciudad. Resulta que no necesita viajar muy lejos para ver el efecto de una cultura mundial del queso en auge, que se expresa a través del crisol cultural de su propio país.
Grecia
Para no quedarse atrás en cuanto a antiguas tradiciones, Afrim viaja a Grecia, donde la historia del queso se remonta a miles de años atrás. Grecia es uno de los primeros países de los que se tiene constancia de que elaboraban queso desde los pastores con ovejas y cabras en las laderas de las montañas hasta los atletas de los primeros Juegos Olímpicos que se nutrían con la tarta de queso. El queso es una piedra angular nacional en todas las mesas griegas. Empezando por la capital, Atenas, Afrim se reúne con el maestro cocinero griego Akis Petretzikis para descubrir cómo se utilizan hoy en día los quesos tradicionales en los platos griegos más apreciados; desde la tarta de queso hortopita hasta la ensalada tradicional griega, horatiki. Dirigiéndose al norte, a la región de Tesalia, Afrim encuentra la capital histórica del feta griego puro, curado en barrica, el queso más emblemático de Grecia. La última parada es en Creta, donde los pastores locales aún emplean el arte de la antigua elaboración del queso de forma totalmente artesanal, con métodos transmitidos de generación en generación.
Columbia Británica
La última etapa del viaje de Afrim se sitúa en la hermosa Columbia Británica (Canadá). Es el mismo país donde vive Afrim, pero a miles de kilómetros de su casa y a mundos de distancia en cuanto a su cultura quesera. A diferencia de sus otras paradas queseras de tradiciones centenarias, la cultura quesera de la Columbia Británica no está condicionada por la tradición. Aquí, en el salvaje Oeste, existe una actitud libre para inventar que afecta a todos los aspectos del estilo de vida, incluido el queso, y la actitud colectiva es «apoya a los tuyos» y «compra local». Afrim se sorprenderá y deleitará con la calidad que encuentra en lugares poco reconocidos como Tofino, Comox, Salt Spring Island y, por supuesto, la capital culinaria de Vancouver. Con algunos de los paisajes más impresionantes del país como telón de fondo, Afrim disfruta de algunos de los quesos más premiados del mundo, que marcan la pauta en los platos y despiertan la imaginación de los chefs locales.
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Gareth Edwards se pone a los mandos de la nave y dirige esta espectacular obra de ciencia ficción que deja un poso que perdura durante días en la psiquis del espectador. Y es que si echas un vistazo al tráiler de The Creator puedes ver numerosas referencias cinematográficas: Terminator 2, Blade Runner, Apocalypse Now, Logan, Hijos de los hombres, Avatar o incluso la mismísima serie de The Mandalorian. El arquetipo de tipo duro teniendo que proteger/entregar a un niño/a con la capacidad de salvar/exterminar al ser humano lo hemos visto en incontables ocasiones, aunque pocas veces historias tan auténticas como esta; debido a un futuro nada halagüeño con las IA. Si James Cameron narra la Guerra de Vietnam en Avatar, aquí Edwards nos enseña el posible fin de la humanidad en los años 2060-70 (cuyo detonante para la guerra es debido al lanzamiento de una bomba nuclear), quizás una horquilla de tiempo muy alargada viendo lo que crece la inteligencia artificial por minutos. HAL 9000 nos preparó para la que se nos venía encima sin monolito mediante.
The Creator tiene una habilidad no siempre vista en filmes de más de dos horas de duración y es la sensación de peligro constante y abundantes giros que no hacen más que mantenernos enganchados a la pantalla. Está estructurada en cuatro partes: un prólogo y tres fragmentos referidos a los protagonistas del filme. Es un viaje orquestado a partir de personajes bien construidos y las localizaciones que les envuelven en un halo de peligro. Tailandia, Tokyo o Los Ángeles son tan solo unas de ellas, detalle que nos permite adentrarnos de lleno ante este viaje del héroe. Es de los únicos filmes futuristas que cuenta con grandes cantidades de ingredientes y consigue un resultado final con su toque justo de sal. Más Al filo del mañana y menos After Earth.
Este tipo de películas en manos de otro que no fuese Edwards reclamaría un mayor abanico de estrellas del celuloide, que tiene a John David Washington (Icono de la ciencia ficción desde Tenet) como máximo estandarte en su papel de Joshua. Washington se quita las costuras de «nepo-baby» – hijo de Denzel Washington, que como dice Dani Rovira en su monólogo: Esta encasillado porque siempre hace de negro- y actor monosilábico de acción, para demostrar que es capaz de emocionar al espectador con un papel lleno de aristas y con una construcción de personaje roto por dentro. Este nuevo Washington 2.0 es consciente de que todavía tiene que crecer actoralmente y de que su apellido le perseguirá de por vida, por lo que él y su representante buscan los proyectos más arriesgados.
Edwards sabe que tiene una prometedora carrera, más aún después de crear Rogue One: Una historia de Star Wars la que para muchos es la mejor de todas de la nueva franquicia. Tiene constancia que no se vive del pasado (brutal su anécdota con Peter Jackson en el set de Rogue One que contó durante el posterior coloquio en los Cines MK2 Paz de Madrid) y no quería ofrecer una fotocopia futurista al espectador, ya cultivado y educado en la ciencia ficción. The Creator se aleja de la típica -y trillada- premisa de ciencia ficción en la que nos preguntamos que sería de nosotros si la IA se revela contra el ser humano. Aquí el dilema moral va en torno al arma construida por el creador: Una niña-robot capaz de acabar con la humanidad y con la única nave que poseen los humanos para contrarrestar a los robots (Y con claras referencias al filme Naves Misteriosas). Encontramos la cuestión ética que revolotea alrededor del filme: ¿Matarías al arma creada para acabar con la humanidad, aunque tuviese la apariencia de una niña adorable?
El diseño de producción es de lo mejor visto en la última década, con escenarios que respiran autenticidad y que juegan a favor de la trama, ya que forma parte esencial de las «road movie». Los diseños de los robots con apariencia humana son excelentes y evocan humanidad y espíritu de los 80, con modelos que pueden recordar a Cortocircuito o la versión más humanoide de los robots de Star Wars: La amenaza fantasma. Si habéis visto The Mandalorian encontraréis muchas cosas en común, aparte de que tanto Baby Yoda como la niña-robot son igual de adorables…y esconden un poder inigualable a pesar de su estatura. Y como bien sabéis, el tamaño no importa.
Edwards no solo dirige, sino que también escribe. Esta historia se le ocurrió viajando por Asia al comprobar los avances tecnológicos y robóticos de esta zona del globo terráqueo. Chris Weitz le echa una mano en la escritura ya que en el guion podemos ver retazos del co-creador de American Pie, con secuencias de alivio cómico (Por ejemplo, uno de los robots viendo porno de droides al más puro estilo Bender de Futurama) que solo podrían salir de una mente como la suya. Los gags cómicos en una cinta de ciencia ficción puede ser «puerta grande o enfermería», como se dice en el argot taurino. ¿Y qué es lo que no puede faltar en una buena película de ciencia ficción? Efectivamente, Hans Zimmer. Zimmer cosecha un gran trabajo en el filme, con un diseño de BSO cercano a las películas de los 80 como Blade Runner. El compositor alemán es como aquel jugador de fútbol que siempre que sale al campo es el mejor del partido, pero tras tantos MVPS ya apenas nos quitamos el sombrero. Forma parte del trío de mejores compositores de la historia junto con Ennio Morricone y John Williams.




