Cuando uno se pone delante de la pantalla a disfrutar de una película con este título ya sabe lo que se va a encontrar. En este tipo de historias se suelen diferenciar en dos maneras de contar la catástrofe. Unas que van contando durante todo el metraje la vida de las futuras víctimas para terminar con un gran despliegue de efectos especiales, como «Pompeya». Otras empiezan con el suceso en cuestión y dedican la mayor parte de la trama a contar esas consecuencias, por ejemplo «Lo imposible». «El gran terremoto» es de esta última opción.
Uno de los aspectos más llamativos es que en su inicio parece que estamos viendo alguna de las telenovelas turcas que están arrasando actualmente en el prime time de nuestro país. La culpable es su nacionalidad armenia. A medio camino entre Rusia y Turquía, se ve clara las dos influencias. Por un lado parece un culebrón turco, con intrigas familiares, reencuentros y tragedias. Por otro nos recuerda a un folletín de propaganda alabando la capacidad del pueblo para ayudarse y plantar cara a los desalmados. Sobre todo predomina el culebrón, porque está claro que estamos ante una tragedia.

Opta por presentar a muchos personajes y contarnos su historia antes, durante y después del terremoto. Un hombre que quiere vengar la muerte de sus padres, un condenado que vuelve a casa tras salir de la cárcel, un padre que ha repudiado a su hija embarazada…. Historias ya dramáticas de por sí, sin necesidad de meter un cataclismo de por medio.
A los que hemos sido muy fans desde pequeños de las películas tipo El coloso en llamas, nos encantará, sobre todo, el despliegue de efectos especiales durante el terremoto. Está claro que no estamos ante San Andrés, de las últimas que tocaron este tema con un resultado positivo, pero sí que muestra muy bien la devastación que provoca un suceso de esta magnitud y como salen los mejores y peores sentimientos de los supervivientes.

El resto será contemplar el sufrimiento de los supervivientes, deseando el reencuentro con sus seres queridos. En mi opinión demasiado largo, y en ocasiones previsible. Los actores hacen lo que pueden ante tamaño despropósito que no perdurará en la memoria del espectador. Imagino que habrá sido una superproducción del país y ha sido un logro que haya traspasado sus fronteras. Está bien como curiosidad sociológica para descubrir un cine poco habitual por estos lares. Excepto para los aficionados a los dramas lacrimógenos, para el resto pasará sin pena ni gloria.