Hace 4.500 millones de años, los planetas comenzaron a estabilizarse alrededor del Sol. La Tierra se encontró sola en el único lugar donde el agua podía permanecer en estado líquido. Las primeras bacterias, el origen de la vida, aprendieron a usar la luz solar para reproducirse. Miles de millones de años más tarde, el Sol influyó en nuestro color de la piel, el pelo, la transpiración, o el tamaño de la nariz. También lo hizo sobre el clima, contribuyendo a las migraciones masivas del hombre. Más recientemente, cuando empezamos a ser consciente de la existencia del Sol, lo incorporamos al origen de la mayoría de las religiones. «El Sol y el hombre» este sábado 1 y domingo 2 de agosto en Odisea.
Episodio 1: (Sábado 1 de agosto a las 18:45 horas)
Hace 4.500 millones de años, los planetas comenzaron a estabilizarse alrededor del Sol. La Tierra se encontró sola en el único lugar donde el agua podía permanecer en estado líquido. Las primeras bacterias, el origen de la vida, aprendieron a usar la luz solar para reproducirse. Miles de millones de años más tarde, el Sol influyó en nuestro color de la piel, el pelo, la transpiración, o el tamaño de la nariz. También lo hizo sobre el clima, contribuyendo a las migraciones masivas del hombre. Más recientemente, cuando empezamos a ser consciente de la existencia del Sol, lo incorporamos al origen de la mayoría de las religiones.
Episodio 2: (Domingo 2 de agosto a las 18:45 horas)
Los mayas utilizaron el sol como una deidad de culto, pero también desarrollaron un pensamiento científico que les permitiría orientarse, hacer mapas y medir el tiempo. En el siglo XVI, Copérnico formuló una teoría que situaba al Sol en el centro del universo y explicaba el movimiento de los planetas. Desde entonces, los descubrimientos en torno al Sol se sucedieron y hoy en día ya somos capaces de utilizar y transformar la energía solar. Nuestro siguiente reto, en una sociedad cada vez más dependiente de la electricidad y la electrónica, es conocerlo aún mejor, y los viajes espaciales de los próximos años podrían reforzar todavía más nuestra relación con el Sol.