Hasta el canciller alemán, el socialdemócrata Gerhard Schröder, ha acabando saliendo a la palestra en defensa de las emisiones en castellano de la Deutsche Welle (DW), la televisión pública internacional alemana, enfrascada en una política de recortes presupuestarios que puede suponer la supresión de dos horas diarias de programación especialmente seguidas en América Latina
El cierre de la DW en español es un culebrón que se prolonga desde hace semanas y que probablemente seguirá algunas semanas más.
Oficialmente, la cosa está decidida. El miércoles de esta semana, el presidente de la DW, Erik Bettermann, anunció, a través de un portavoz, el cese de los programas en español y sus sustitución por cinco horas diarias de programación subtitulada. La dirección de la cadena -uno de los estandartes de la difusión de la cultura alemana en el mundo- esgrime motivos económicos. También la Deutsche Welle, como cualquier otra institución pública alemana, está obligada a apretarse el cinturón para cumplir el plan de ahorros que impone un Gobierno que ha perdido desde hace años el control del déficit público.
Los recortes en DW se elevan a nueve millones de euros en el ejercicio 2004-2005. El presupuesto actual de la redacción española -la única que verá desaparecer sus programas informativos y de debate- es de 1,3 millones, una parte ínfima del presupuesto total. La mayoría del medio centenar de redactores, todos ellos colaboradores menos dos fijos, ya han recibido cartas de la dirección en las que se les anuncia que a partir de otoño el volumen de trabajo disminuirá.
El otro argumento que ha utilizado la cadena ha ocasionado un rifirrafe diplomático. Latinoamérica, ha dicho Bettermann, «ha dejado de ser un espacio geopolítico de interés para Alemania». La prioridad es, ahora, el mundo árabe, Afganistán y China. Y esto indigna a los diplomáticos hispanófonos en Berlín. En una carta dirigida a 18 responsables políticos y culturales alemanes, entre ellos el ministro de Exteriores, Joschka Fischer, el embajador saliente de España, José Rodríguez-Spiteri, y su homólogo mexicano, Jorge Castro Valle, señalaron la importancia de la Deutsche Welle en español para las relaciones germano-latinoamericanas y advertían de que su supresión «sería una enorme pérdida».
En la cumbre América Latina-Unión Europea, que se ha celebrado estos días en Guadalajara (México), incluso el presidente mexicano Fox ha elevado la queja al socialdemócrata Schröder. Éste, muy aficionado a presentarse como salvador in extremis de empresas en peligro, dio un telefonazo al jefe de la DW, teóricamente independiente del poder político, para pedirle que explorase las posiblidades de mantener la programación en español. De momento ha conseguido aplazar la decisión definitiva.