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Marc Ferrer: «No puede ser que tengas que esperar cuatro años para hacer una película»

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«Cinemanía», la nueva película de Marc Ferrer, se presentó en la sección Punto de Encuentro de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). Ambientada en Barcelona, la cinta combina elementos autobiográficos con una mirada crítica hacia la industria cinematográfica, las dificultades para acceder a una vivienda y la necesidad de perseguir las propias aspiraciones, incluso cuando las circunstancias económicas no acompañan.

El director, que también interpreta a Marcos, construye una comedia que funciona como una declaración de amor al cine y, al mismo tiempo, como una reflexión sobre las dificultades de quienes intentan abrirse camino en el sector audiovisual. En esta entrevista aborda sus referentes cinematográficos, el uso del blanco y negro, las relaciones personales y los obstáculos que encuentra el cine independiente para salir adelante.

Presentas Cinemanía en la sección Punto de Encuentro de la Seminci. ¿Qué sensaciones estás viviendo con el estreno de la película en Valladolid?

Para nosotros era muy especial porque era algo nuevo. Hasta la fecha, esta es la sexta película que he hecho y todas se habían estrenado mundialmente en el D’A, el Festival de Cine de Autor de Barcelona.

Es verdad que con la última ya fuimos a San Sebastián, pero a la sección Made in Spain. No era un estreno, sino una especie de retrospectiva de lo que se había hecho durante el año en el cine español. Hacer un estreno mundial en un festival tan importante como Valladolid, a nivel español, nos hacía mucha ilusión. Además, el festival ha sido algo muy bonito, muy acogedor.

La película tiene un importante componente autobiográfico y, además de dirigirla, interpretas a Marcos. ¿Desde el principio tenías claro que querías protagonizarla o fue una decisión posterior?

Yo ya venía actuando y haciendo de mí mismo en mis anteriores películas, porque mi cine es muy autobiográfico también. En las anteriores había un personaje que se llamaba Marcos y también era un poco yo.

En esta película pensé que igual era el momento de que alguien hiciera de mí y buscar otro actor. Pero al final todo el mundo me dijo: «Hazlo tú, Marc, que es la gracia». Y al final es verdad que también estoy contento con el resultado de la actuación.

Además de su componente autobiográfico, Cinemanía aborda cuestiones como la precariedad del sector audiovisual, la crisis de la vivienda en Barcelona y la dificultad de perseguir los propios sueños. ¿Cómo estructuraste todos estos temas en el guion para que funcionaran dentro de una misma historia?

Es un poco complicado porque lo hago de manera muy consciente. Es verdad que hay muchos temas, como lo que has apuntado tú de la crisis de la vivienda, que ahora está siempre en debate. Es un tema que está apuntado realmente, tampoco se desarrolla con muchísima profundidad.

A nivel de estructura, eran cuatro historias, porque son cuatro hermanos y tenían que estar entrelazadas. Es verdad que me costó encontrar el punto para entrelazar esas historias. Más allá de eso, cada historia trata temas diferentes y va muy ligada a la historia de Marcos. Para mí, un mensaje principal de la película es que hay que persistir y hay que tener esperanza para poder vivir. No se puede vivir sin esperanza.

Esa idea de perseguir los sueños contrasta con la vida de una de las hermanas de Marcos, que apuesta por la estabilidad laboral y familiar, aunque sus relaciones personales no funcionan como esperaba. ¿Buscabas contraponer dos maneras diferentes de entender la vida?

Totalmente. Has dado en el clavo, porque para mí el centro de la película es la contraposición de la vida de mi hermana, la manera en que mi hermana ve la vida, con la manera de verla de Marcos, que es completamente distinta. La de mi hermana es un trabajo funcional, ocho horas en una empresa, cuanto más horas, más éxito, una pareja, una casa, una niña…

Pero luego, en realidad, es una vida que, si la analizas, ves que tiene problemas con la niña, con su pareja y que acaba sola. Marcos, en cambio, tiene una vida completamente distinta. Lo que persigue es su pasión, más allá de la funcionalidad, más allá de una vida afortunada.

Woody Allen aparece como uno de los grandes referentes de Marcos. ¿Cuáles son tus principales influencias cinematográficas, tanto como director como actor?

A mí me obsesiona muchísimo Woody Allen, tanto como director como humorista. Al final, lo que hago actualmente son comedias y también lo considero un director humorista, como Almodóvar. Me parece un gran narrador y también un gran humorista.

Almodóvar también, evidentemente. En la película le hago muchos guiños porque es una carta de amor al cine, una carta de amor a Barcelona. También hay guiños que han surgido de manera natural y otros que seguramente no se han llegado a pillar.

La primera época de John Waters es algo que tengo siempre en la cabeza, porque hicieron un cine con pocos recursos, con muchos amigos y muchos favores. Actuaban los amigos y es como yo he visto que puedo hacer cine al margen de la industria. Porque es algo que hago: he conseguido hacer cine fuera de la industria.

©Seminci_Photogenic_Pablo-Requejo. Cinemanía, la última película de Marc Ferrer, ha resultado ganadora del premio Fundos en SEMINCI. Se trata del Premio Especial del Jurado de la sección Punto de Encuentro

Una de las decisiones visuales más llamativas es el uso del blanco y negro. Hace unos días entrevisté a otro director que me comentaba que utilizaba este recurso para que el espectador se centrase más en los personajes y evitar distracciones con otros elementos de la imagen. ¿Buscabas algo parecido en Cinemanía o tu elección responde a otros motivos?

No, no ha sido para nada mi caso. De hecho, nunca había escuchado eso que has dicho, que hay gente que lo usa para eso. No lo sabía, me parece interesante. En mi caso fue, primero, porque el personaje de Marcos está deprimido, está en un momento complicado de su vida.

Para mí también la película forma parte de esa temática de películas que van sobre gente que está deprimida. Me parecía bonito que ese sentimiento que tenía Marcos de tristeza hacia lo que le rodeaba, hacia la vida, se reflejase en la imagen. Que se filmara en blanco y negro para describir el sentimiento de Marcos, que al final es el protagonista de la película.

Y, a su vez, también porque, como ya te he dicho, la película es una carta de amor a Barcelona y tenemos a Woody Allen siempre presente. Teníamos también como referente Manhattan, que Woody Allen hizo en blanco y negro porque decía que así la ciudad se fotografiaba más bella. También me parece muy bonito hacer una película con ese formato, una película muy pequeñita, y fotografiar los bares y las calles de Barcelona.

Marcos parece incapaz de conectar con su entorno, tanto en el ámbito profesional como en sus relaciones personales. ¿Querías reflejar cómo la frustración y el malestar de uno mismo pueden terminar afectando a los demás?

Sí, es una buena reflexión que has hecho, pero igual es una reflexión que pueden hacer los demás y que yo nunca había visto así. Es verdad que puede ser. En realidad, lo que le pasa a Marcos es que no logra conectar con todo lo que le rodea, y la película va un poco de eso.

Como director de cine no acaba de conectar con la industria del cine, ni con su familia, ni con sus relaciones. Se siente muy incomprendido y le cuesta mucho conectar. También me gustaba mucho el final porque es una noche en la que logra esa conexión.

En la película también aparece el miedo a vivir en un mundo que avanza demasiado rápido. Como espectador, puede interpretarse como una invitación a disfrutar más de los pequeños momentos. ¿Qué te parece que surjan reflexiones que quizá no habías previsto durante la escritura?

Sí, me ha pasado varias veces. Por ejemplo, en La amante de primavera me pasó. No sé si la habrás visto. Alguien me dijo que había una persona que, intentando hacer el bien, hacía el mal. Es una cosa que yo no había pensado, pero que me parece superinteresante y que, además, encaja muy bien en la película.

Es algo que yo no había puesto en el guion, que no tenía en la cabeza, pero para mí ahora es verdad que esa cuestión es muy importante en esa película. Es normal que al final todo el mundo extraiga sus propias interpretaciones y que haya gente que encuentre cosas más allá de lo que tú piensas. También hay quien me pregunta por lo que sucede después con los personajes. Supongo que sí, pero no lo sé.

Desde fuera, Cinemanía puede interpretarse como una sátira sobre el funcionamiento de la industria audiovisual. Sin embargo, también es una declaración de amor al cine. ¿Cómo trabajaste esa contraposición entre la crítica al sector y tu pasión por hacer películas?

En realidad son temas distintos. Una cosa es el cine, las películas, esto del cine, y otra cosa es cómo se producen. Sí, es una crítica a la industria, aunque también está un poco apuntada. En mis diez años como cineasta underground he vivido muchas experiencias y cada vez tengo una visión más crítica sobre estos temas.

Pienso que está muy estructurada la industria del cine. No puede ser que para hacer una película tengas que estar cuatro años desde el momento en que tienes esa necesidad de hacer algo hasta que lo haces. Imagínate un pintor que quisiera pintar algo y tuviese que estar cuatro años esperando para hacerlo. A los cuatro años ya no tiene ganas de hacer eso.

Con esta película me pasó. Intenté entrar en el sistema, pedir ayudas, hacer guion, laboratorios… Al final no logré nada. Mis productores querían que estuviese un año más intentándolo y dije: «Mira, yo esta película llevo ya tres años, cuatro, con ganas de hacerla. No puedo mantenerme un año más con ganas de contar algo».

Al final quería contar un momento vital que sentía que dentro de un año igual ya no tenía la necesidad de contar. Y decidí hacerla a mi manera, como las anteriores. Sí que es verdad que con un poco más de infraestructura, porque los productores son un poco más profesionales.

Yo venía de rodar con una cámara, los actores y sin tener ni micro. Veníamos de una cosa muy pequeña. Creo que si se pudieran hacer las películas de una manera un poco más impulsiva, no todo tan acartonado, el cine español sería mejor. También sería más interesante. Porque creo que todo eso mata un poco la creatividad.

Después de tantos años haciendo cine independiente y conociendo las dificultades de financiación, ¿qué consejo darías a los jóvenes directores que quieren sacar adelante sus primeras películas?

En realidad no soy ningún ejemplo de nada porque, después de diez años o más haciendo cine, sigo sin poder vivir de esto. Tampoco soy un ejemplo para nadie que quiera dedicarse al cine, pero sí para la gente que quiere hacer películas, que es diferente.

Ahí está la primera diferencia, creo. Una cosa es dedicarse a ello como profesión y otra cosa es hacer películas. A quienes quieran hacer películas les diría que las hagan como sea. Les animo a hacerlas como sea. Es verdad que también pienso que igual está bien hacer una primera película de manera impulsiva, con amigos, como empecé yo y como han empezado muchos otros directores.

Pero también pienso que este tipo de cine que sale así, de manera impulsiva, si no se sostiene ni por las instituciones ni a nivel financiero, con ayudas, está condenado a desaparecer. Porque no puedes estar toda la vida haciendo películas sin presupuesto. Realmente cuesta mucho hacer una película sin presupuesto.

Con presupuesto, los actores levantan el teléfono, se organizan las cosas y no tienes que pedir favores. Al final, con presupuesto se pueden hacer las películas un poco desde un despacho. Hacerlas de esta manera es mucho más costoso y tienes que estar psicológicamente preparado para conducir un rodaje.

Todo el mundo te está haciendo favores gratis y todo el mundo está trabajando en la película. A veces no sale como uno quiere. Yo a veces no he podido ser tan director como quisiera porque realmente todo el mundo está aportando su granito de arena y tú no estás trabajando para mandar. Los técnicos también tienen que cobrar por su trabajo. Por eso, aunque animo a hacer películas de esta manera, tampoco creo que podamos estar toda la vida haciéndolas así.

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Pablo Arroyo
Pablo Arroyo
Apasionado del fútbol y del cine, me considero un periodista que combina su amor por el deporte con el arte de contar historias. Con un especial interés por las obras de Quentin Tarantino. Intento explorar la intersección entre el cine y el deporte, analizando cómo las narrativas del fútbol pueden ser tan cautivadoras como las mejores películas. Siempre en búsqueda de la próxima gran historia.

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