Basada en la novela homónima de Rossella Postorino, «Las catadoras de Hitler» traslada a la gran pantalla una historia inspirada en hechos reales que durante años permaneció prácticamente desconocida. La película sigue a Rosa, una joven alemana que, junto a otras mujeres, es obligada a probar la comida destinada a Adolf Hitler para evitar posibles envenenamientos. A través de este punto de partida, el director italiano Silvio Soldini construye un relato que trasciende la reconstrucción histórica para adentrarse en cuestiones como la supervivencia, la amistad, el miedo, la adaptación al horror y la complejidad de la condición humana.
¿Ya conocías esta historia o llegaste a ella a través de la novela de Rossella Postorino?
No conocía ni la historia ni el libro. Cuando me propusieron el proyecto ya había comenzado parte de su desarrollo financiero y fue entonces cuando leí la novela. Me impresionó por dos motivos. Por un lado, porque abordaba un aspecto del nazismo que yo desconocía. Pero, sobre todo, me enamoré de los personajes femeninos, especialmente de Rosa y del grupo de mujeres que se ven obligadas a participar en este ritual tan terrible.
La película consigue transmitir una gran sensación de autenticidad. ¿Era una de tus principales preocupaciones?
Sí. Cuando trabajas con una época que no has vivido existe el riesgo de que todo parezca artificial. Como espectador, a mí me molestan mucho las películas de época que se sienten falsas. Por eso trabajé muy intensamente con todos los departamentos, desde vestuario y maquillaje hasta decoración y fotografía, para intentar que la película tuviera la sensación de haber sido filmada en aquel mismo momento histórico.
Ese temor desapareció bastante pronto cuando vi el compromiso de las actrices. Conseguimos crear una atmósfera muy especial y una enorme credibilidad emocional. Ellas formaron un grupo muy unido y se entregaron completamente a la historia.
Precisamente, la película es muy coral. Cada una de las mujeres representa una realidad diferente en una Alemania marcada por la guerra.
Era algo fundamental. Me interesaba especialmente contar las relaciones que se establecen entre ellas y cómo evolucionan a lo largo de un año. La película muestra el paso de las estaciones, el paso del tiempo y también el peso creciente de la Historia sobre sus vidas.
Lo fascinante es observar cómo, incluso en un contexto de violencia extrema, sigue existiendo la necesidad de vivir. Todos los seres humanos tenemos ese impulso. Estas mujeres viven aterrorizadas, pero poco a poco también se adaptan a esa situación. El miedo deja espacio a otras emociones, nacen amistades, conflictos, afectos e incluso sentimientos amorosos. Todo eso forma parte de la experiencia humana.
También parece una película sobre la capacidad de encontrar algo de humanidad en medio del horror.
Sí, aunque no solo de eso. Me interesaba mostrar cómo las personas siguen siendo personas incluso en circunstancias extremas. Rosa, por ejemplo, es un personaje complejo, lleno de contradicciones. Su marido desaparece en la guerra, no sabe si sigue vivo y, en medio de toda esa incertidumbre, surge en ella la necesidad de sentirse viva y querida.
La película acompaña a Rosa en ese recorrido emocional. No quería personajes simples o completamente definidos por el contexto histórico. Me interesaban sus contradicciones.
Hay una idea muy interesante en la película relacionada con la dualidad humana. Por ejemplo, cuando se menciona el vegetarianismo de Hitler o cuando algunos personajes muestran gestos de humanidad junto a actos terribles.
Porque la realidad es así. Tendemos a pensar en figuras como Hitler como monstruos completamente ajenos a nosotros. Sin embargo, los monstruos son seres humanos. Se levantan por la mañana, desayunan, se lavan los dientes y viven como cualquier otra persona.
Eso no disminuye en absoluto la gravedad de sus actos, pero sí nos obliga a reflexionar. Resulta inquietante pensar que alguien capaz de provocar tanto sufrimiento también pueda tener hábitos cotidianos aparentemente normales. Creo que es importante recordar que el mal no siempre tiene una apariencia extraordinaria. A veces se presenta con una apariencia perfectamente humana.

La película consigue transmitir constantemente el contexto histórico sin salir apenas de ese microcosmos formado por las catadoras. ¿Cómo trabajaste ese equilibrio?
Fue una de las cuestiones más complejas durante la adaptación. La novela contiene mucha más información, más personajes y más escenarios. Hay capítulos dedicados a la vida de Rosa en Berlín, a su familia y a otros acontecimientos paralelos.
Junto a los guionistas decidimos reducir el campo de acción para concentrarnos en ese pequeño universo. Pensamos que cuanto menos mostrásemos del exterior, más fuerza tendría la historia.
Por eso la guerra está presente de forma indirecta. Se percibe a través de los aviones, las explosiones, las noticias de la radio o las conversaciones de los personajes. Incluso utilizamos grabaciones originales de Hitler. Todo eso permite que el espectador sienta la presión de la Historia sin necesidad de mostrar grandes escenas bélicas.
¿Y qué papel juega la música en esa construcción?
Fundamental. Durante el montaje comprendí que la música podía reforzar enormemente esa sensación histórica. Por eso elegimos la composición de Mauro Pagani. Entre varias opciones era la que tenía un carácter más marcial y la que mejor transmitía el peso de aquellos acontecimientos. La música ayuda a que las imágenes tengan una resonancia emocional mayor.
Para terminar, ¿qué te gustaría que se llevara el espectador después de ver la película?
Creo que cada espectador debe encontrar sus propias respuestas. Las películas significan cosas distintas dependiendo del momento vital en el que las veamos.
Lo que sí he observado en los diferentes pases es que muchas personas establecen conexiones con el presente. Vivimos una época marcada nuevamente por conflictos, violencia y guerras. Poco a poco nos acostumbramos a cosas que nunca deberíamos aceptar como normales.
Tengo la sensación de que la película invita a reflexionar sobre el momento histórico que estamos viviendo hoy. Aunque la historia transcurra durante la Segunda Guerra Mundial, habla también de nuestro presente y de cómo reaccionamos ante la violencia, el miedo y la pérdida de humanidad.
