«El diablo viste de Prada 2» llega casi dos décadas después del original, enfrentándose a un reto: justificar su propia existencia. La película, vuelve a estar dirigida por David Frankel, vuelve a ese universo donde la moda lo es todo, donde algunas personas tienen mucho poder, influencia de otras, y donde las revistas, importan.
El diablo viste de Prada sin Meryl Streep, no es la misma peli, y vuelve ese personaje tan carismático de la actriz como es Miranda Priestly es, el gran motor del film. Su personaje es carisma pura, un icono, todo lo que dice, sigue siendo magnético tanto que te gusta, lo hace genial, cada línea de diálogo, cada gesto medido. Sin embargo, esta secuela cambia un poco de si, ya no es tan borde (lo sigue siendo), el mundo cambia, las tecnologías, las modas, y ella tiene que permanecer en el, o volverse a su anterior mundo, por ello le cuesta esa adaptación a lo moderno.
Anne Hathaway regresa como Andy Sachs, ya no es la misma que hace más de veinte años, aunque siga teniendo inseguridades en ella misma, ya viste mejor, ahora ya es una periodista consolidada. Como en la primera entrega, la química entre ambas es sensacional, maestra y aprendiz, amigas, enemigas, dos mundos distintos pero que conviven. Ante ese cambio generacional, no cambia, Miranda la trata como siempre, aunque hay en momentos que dudas si esta enferma o si la pasa algo para que la trate de otra forma.
Narrativa
El diablo viste de Prada 2 se mueve por lo mismo que la primera, comedia sofisticada y el drama ligero, intentando actualizar los conflictos del original a temas contemporáneos como la cultura de la inmediatez, como es el tema de los medios tradicionales y la construcción de la identidad profesional en la era digital, algo que es casi lo más imprescindible de este film, como aborda ese cambio de los medios, esa crisis que lleva años. No obstante, esta nueva aventura es como una montaña rusa, va de menos a más, de más a menos, y acaba bien, tiene altibajos y subidas, con esas ideas actuales, pero rara vez las desarrolla con profundidad.

Aunque el guion tiene sus fallos, sin duda a nivel producción y su diseño visual, es lo más fuerte de la película. Se mantiene el gusto por la moda como espectáculo, con esos vestuarios tan deslumbrantes que funcionan no solo como elemento estético, sino como extensión del carácter de los personajes, sin duda son una pasada, y te quedas hipnotizado con cada uno de ellos.
Otro fallo evidente de la entrega es muy evidente, como en la primera, subtramas que a nadie le importa ni aportan en la película, como son las relaciones de Andy Sachs. En la primera se justifica porque consigue lo que ella no puede, pero en esta simplemente una casa, y eso, no aporta nada. Al margen de eso, la película esta todo bien estructurado.
Conclusión: El diablo viste de Prada 2 es una secuela elegante y disfrutable, que encuentra su razón de ser en el carisma intacto de Miranda Priestly y en su intento de dialogar con el presente. Sin embargo, se queda a medio camino entre la actualización y la repetición.